Meloni dice que “no siempre está de acuerdo con Trump” y se abre a hablar con Rusia

Giorgia Meloni no es amante de las ruedas de prensa. Celebra prácticamente una al año, pero larguísima: este viernes, tres horas, con más de cuarenta preguntas. “Esperamos volver a verla pronto”, le dijeron algunos periodistas. “Eso mismo decíais el año pasado”, respondió ella. Así, dada la excepcionalidad del evento, el tradicional encuentro de fin de año -convertido ya en cita de comienzos de año- de la presidenta del Consejo con la prensa italiana va mucho más allá de un trámite rutinario y se convierte en una ocasión para marcar el rumbo, sobre todo en clave interna.

El balance es claro: Meloni quiere llegar al final de la legislatura, en el 2027, y superar el récord de duración de su Gobierno, apostando sobre todo por la seguridad y el crecimiento económico, dos puntos débiles de su mandato, hasta ahora marcado por una estabilidad innegable, pero también por la ausencia de reformas, algo que incluso el Financial Times subrayó en los últimos días. La comparación con España, “que crece mucho más que nosotros”, surge de forma recurrente, pero la jefa del Ejecutivo la esquiva, reivindica unas cuentas públicas ordenadas y promete un plan para la vivienda.

Inevitablemente, al menos una hora de la comparecencia se dedicó a la política exterior. Y sobre las crisis internacionales el tono se volvió menos seguro. Al fin y al cabo, el papel de socia privilegiada de Donald Trump en Europa no es siempre una posición cómoda en estos tiempos. Así, la primera ministra intentó bajar el perfil: “No creo en la hipótesis de que Estados Unidos emprenda una acción militar en Groenlandia, algo que no compartiría” y que “no convendría a nadie”.

Después tuvo que precisar: “Hay muchas cosas en las que no estoy de acuerdo con Trump; por ejemplo, creo que el derecho internacional debe ser firmemente defendido. Cuando no estoy de acuerdo, se lo digo a él, no tengo ninguna dificultad”. Y cuando las preguntas se volvieron más insistentes, respondió: “¿Qué significa que tengamos que distanciarnos de América? ¿Salir quizá de la OTAN? ¿Retirar las bases militares estadounidenses? ¿Asaltar los McDonald’s? Hablemos de geopolítica”.

Sobre Venezuela se mostró más prudente. No repitió la tesis de que Estados Unidos haya actuado de manera “legítima y con fines defensivos”, como se afirmaba en un comunicado difundido poco después de la captura de Nicolás Maduro, y se limitó a declararse “confiada”, augurando “una nueva etapa de relaciones constructivas entre Roma y Caracas” con la nueva administración liderada por Delcy Rodríguez, como parece sugerir la liberación de dos presos italianos en cárceles venezolanas.

En el caso de Ucrania, reiteró su oposición al envío de tropas: “No cuestiono a los países que quieren hacerlo, pero no lo considero necesario por parte de Italia, porque el principal instrumento identificado hoy para construir garantías de seguridad sólidas para Ucrania es un sistema inspirado en el artículo 5 de la OTAN”. Por una vez, Meloni se mostró de acuerdo con el presidente francés, Emmanuel Macron: “Ha llegado el momento de que Europa hable con Rusia; si se sigue hablando solo con uno de los dos actores, la contribución se vuelve limitada”.

Precisó a continuación: “La cuestión es quién debería hacerlo. Porque si cometiéramos el error de decidir, por un lado, restablecer la comunicación con Rusia y, por otro, hacerlo de forma descoordinada, prestaríamos un servicio a (Vladimir) Putin, que es lo último que deseo”. ¿Cómo salir del atolladero? La líder del Gobierno volvió a proponer el nombramiento de “un enviado especial que hable en nombre de todos, tras haber sintetizado nuestras posiciones”. En cualquier caso, la idea de readmitir a Rusia en el actual G7 es “absolutamente prematura”.

Después de tres horas, la rueda de prensa terminó. “Nos vemos el año que viene”, se despidieron los periodistas.

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