

Giorgia Meloni ha pisado el acelerador para reformar el sistema electoral italiano con la introducción de un premio de mayoría para la coalición vencedora, una iniciativa con la que pretende garantizar gobiernos más estables tras las próximas elecciones. Las leyes electorales en Italia tienen dos características casi invariables: suelen modificarse poco antes de los comicios y acaban bautizadas con un curioso nombre en falso latín. Esta legislatura no es una excepción.
En Italia las reglas del voto rara vez permanecen intactas: en los últimos veinte años la ley electoral se ha reformado en tres ocasiones. El sistema electoral no está regulado por la Constitución, sino por una ley ordinaria, por lo que puede modificarse con una mayoría parlamentaria simple.
Meloni quiere sustituir el actual Rosatellum —llamado así por el diputado que lo impulsó, Ettore Rosato— por una nueva ley denominada Stabilicum, que podría recibir el visto bueno de la Cámara de Diputados la próxima semana antes de pasar al Senado, entre las protestas de la oposición de centroizquierda, que denuncia un cambio de las reglas del juego a pocos meses de las elecciones para favorecer a la mayoría.
El nombre, en un latín macarrónico, resume el objetivo declarado por el centroderecha: garantizar la estabilidad y permitir que los italianos conozcan la misma noche electoral quién gobernará el país.
El modelo mantendría una base proporcional, pero introduciría un premio de mayoría para el partido o la alianza que supere el 42% de los votos: 70 escaños adicionales en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado. Si ninguna candidatura alcanza ese umbral, el reparto de escaños seguiría siendo íntegramente proporcional.
Los pronósticos
Los sondeos indican que, con la ley actual, la derecha difícilmente conservaría la mayoría absoluta obtenida en el 2022
Para obtener representación parlamentaria será necesario superar el umbral nacional del 3% de los votos. Existe, sin embargo, una excepción: dentro de las alianzas que alcancen al menos el 10% de los sufragios también obtendrá representación la lista más votada que se haya quedado por debajo del 3%. El mecanismo está diseñado para incentivar los pactos preelectorales y favorecer la formación de grandes bloques capaces de aspirar al premio de mayoría.
La decisión de Meloni responde también a un cálculo político. Con la actual ley electoral, basada en un sistema mixto con una importante componente mayoritaria en los distritos uninominales, resultaría muy difícil que el centroderecha pudiera conservar la amplia mayoría parlamentaria lograda en el 2022. Aquella victoria fue posible, en gran medida, porque el centroizquierda concurrió dividido en tres bloques —el Partido Democrático, el Movimiento 5 Estrellas y las formaciones centristas—, mientras que hoy esos partidos trabajan para presentarse unidos en las próximas elecciones.
Las últimas encuestas reflejan un escenario mucho más equilibrado que en el 2022. Según el sondeo de YouTrend, el bloque progresista reúne el 45,8% de la intención de voto, frente al 44% del centroderecha, aunque la diferencia entra dentro del margen de error de los sondeos. De confirmarse esa tendencia en las urnas, el premio de mayoría beneficiaría a la oposición, un escenario que explica por qué en el centroizquierda empiezan a surgir voces menos beligerantes con la reforma.
La paradoja
Las encuestas apuntan a que el nuevo sistema podría beneficiar más a la oposición que a la propia Meloni
La reforma también tiene importantes consecuencias políticas. Meloni se enfrenta al auge del nuevo partido ultra Fúturo Nacional, liderado por el general retirado Roberto Vannacci, que supera ya el 5% en algunos sondeos y ha adelantado incluso a la Liga de Matteo Salvini. Si quiere aspirar al premio de mayoría, la primera ministra difícilmente podrá permitirse dejar fuera de su bloque a la nueva formación ultranacionalista.
En el bloque progresista, el efecto sería el contrario: la necesidad de definir cuanto antes un liderazgo común. Elly Schlein, líder del Partido Demócrata, que ronda el 23% en las encuestas, todavía no cuenta con el respaldo explícito del segundo socio potencial de la coalición, el Movimiento 5 Estrellas del ex primer ministro Giuseppe Conte, que en los últimos años ha desplazado la formación fundada por Beppe Grillo hacia posiciones progresistas.
