Menos reglas, el programa del castillo teutón

La cumbre informal de la Unión Europea en el castillo belga de Alden Biesen y la Conferencia de Seguridad de Munich dibujan un nuevo tiempo en Europa. El programa alemán se despliega y exige desregularización.

Hace ahora un mes, el presidente del Gobierno de España abogaba en una entrevista con La Vanguardia por una Europa a dos velocidades, en la que un grupo de países avance hacia una mayor integración sin depender de la regla de la unanimidad. “Europa debe integrarse más sin necesidad de un acuerdo de todos los 27”, decía Pedro Sánchez. El presidente se refería de una manera muy específica a la integración militar. En aquel momento estaba abierta en canal la crisis de Groenlandia. Donald Trump aún no había dado marcha atrás en su amenaza de tomar por la fuerza la gran isla del Ártico. Dinamarca temblaba.

Dos semanas después, José Manuel Albares , ministro de Asuntos Exteriores, volvía a la carga, también en una entrevista con nuestro diario. “Comparto plenamente esa idea del presidente. Si somos capaces de establecer coaliciones de voluntarios para teatros externos de la Unión Europea, ¿cómo no hacerlo para objetivos vitales para nuestras sociedades?”. En la misma entrevista, Albares abogaba por estrechar relaciones con Alemania. “Tenemos en estos momentos una visión muy compartida sobre el proyecto europeo. Creemos en Europa y defendemos la democracia. Somos conscientes de que la democracia europea debe tener una línea roja absoluta respecto a la extrema derecha. Aunque pertenecen a familias políticas distintas, la CDU y el PSOE comparten los mismos valores europeos”, decía el ministro.

Quince días después, a España le han aplicado las dos velocidades en el castillo de Alden Biesen, levantado en 1220 por la Orden Teutónica, compañía militar que cristianizó Prusia, Polonia y Lituania, disputándole territorios a la legendaria República de Nóvgorod. De ese combate surgió uno de los grandes mitos nacionales rusos: el príncipe Aleksandr Nevski . La historia nunca se repite pero siempre rima.

Asistiremos a un adelgazamiento del Pacto Verde, sin la brutalidad carbónica de Trump

En el rehabilitado castillo de los caballeros teutones, hoy en territorio de Bélgica, España quedó excluida durante unas horas de la primera velocidad europea. No fue invitada a participar en una reunión preparatoria organizada por Italia. Incidente menor, si se quiere, con notoria significación política. Giorgia Meloni le clavó el codo a Sánchez, al que no soporta, dispuesta a exhibir el eje Alemania-Italia como nuevo núcleo dominante de la Unión Europea, mientras Francia y España aclaran su futuro político en el plazo de un año. Marginar a España. ¿Es ese también el plan de Alemania? Lo sabremos pronto.

Friedrich Merz (izquierda) y Giorgia Meloni, en la portada de su nuevo libro
Friedrich Merz (izquierda) y Giorgia Meloni, en la portada de su nuevo libroSimon Wohlfahrt / Bloomberg L.P. Limited Partnership

El canciller Friedrich Merz también ha trazado líneas estos días. En Alden Biesen dijo que la prioridad de la Unión Europa ha de ser la desregularización. Menos normas y reglamentos en todas direcciones. Revisión de las normas ambientales. Calma con Estados Unidos, sin aceptar las guerras culturales del movimiento MAGA. Dos velocidades europeas, si es necesario. Rearme de Alemania sin un choque frontal con Washington, que podría ser perjudicial para la industria germana.

No es esta la partitura de Emmanuel Macron . Lo recordaba Lluis Uría ayer en La Vanguardia . El presidente francés quiere deuda común europea, poco conflicto social y una confrontación más explícita con Washington para achicar el espacio de los lepenistas en las elecciones presidenciales previstas para la primavera del 2027. Sánchez ha convocado para el próximo mes de abril una conferencia internacional progresista en Barcelona para contestar las políticas trumpistas e intentar la reanimación del PSOE. Meloni publica en marzo un libro-entrevista en Estados Unidos, titulado Giorgia’s Vision, con prólogo del vicepresidente JD Vance. Merz, Macron, Meloni, Sánchez y el europeísta polaco Donald Tusk, muy pendiente de Rusia. Cinco marchas para dos velocidades.

Merz abrió el viernes la Conferencia de Seguridad de Munich con el claro propósito de rebajar la tensión con los norteamericanos sin renunciar a la Orden Teutónica. “Juntos con Estados Unidos seremos más fuertes, pero Alemania va a construir el mayor ejército de Europa”, vino a decir. Washington ha enviado a Munich al secretario de Estado Marco Rubio, que ha expresado en tonos más suaves lo que Vance dijo brutalmente el año pasado. “Queremos a Europa dentro de nuestro nuevo orden”. Hay un cierto relajamiento momentáneo de la tensión. Soulagement , dicen los franceses.

Sánchez habló ayer en Munich de los peligros del rearme nuclear y abogó por la rápida construcción de un ejército europeo. Hablar de los riesgos del rearme nuclear es compartir una preocupación mayoritaria. No topó con Rubio, se fotografió con el gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, y con la mención al ejército europeo en realidad ofreció contribución española, militar e industrial, al proyecto alemán. Es su respuesta al codazo de Meloni. No se dejará aislar por la amiga de Vox.

Meloni ha intentado aislar a Sánchez, que responde con un guiño al proyecto militar alemán

Competividad por encima de la sostenibilidad. Desregulación en todas direcciones. Menos burocracia. Modificación de los mercados de emisiones. Adelgazamiento del Pacto Verde Europeo, sin la brutalidad carbónica de Trump. Progresivo eclipse de Ursula von der Leyen . Esas son las coordenadas que surgen del castillo de la Orden Teutónica y de la conferencia de Munich. ¿Qué margen real de maniobra tiene Pedro’s Vision ?

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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