Mercosur encallado entre el no francés y las dudas italianas

Francia dice no y Alemania empuja, mientras Italia se limita al ya veremos.

Giorgia Meloni y Emmanuel Macron no se llevan especialmente bien, pero coinciden en un punto: Ursula von der Leyen y Antonio Costa deberán aplazar su viaje a Brasil para la firma del Mercosur, el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y varios países de América Latina —Uruguay, Paraguay, Argentina, Brasil y Bolivia—. Sin consenso político entre los Estados miembros, la rúbrica del acuerdo vuelve a posponerse.

La Comisión Europea considera que aún hay margen para negociar y tratar de convencer a ambos países. Las próximas 24 horas serán decisivas para superar las reticencias, en particular las de Italia, después de que Meloni optara este martes por aplazar la decisión sin cerrar la puerta. Sin ese visto bueno, la presidenta de la Comisión no subirá el viernes al avión con destino a Foz do Iguaçu, en Brasil, donde el sábado está prevista una cumbre de los países del Mercosur a la que ha sido invitada la Unión Europea. Desde Brasil se ha hecho llegar a Bruselas que esta cita es considerada la última oportunidad para cerrar el acuerdo.

La presión desde Sudamérica, además, ha sido explícita. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva apeló directamente a los líderes europeos: “Espero que mi amigo Emmanuel Macron y la primera ministra italiana Giorgia Meloni asuman sus responsabilidades y no tengan miedo de perder competitividad”, dijo, reclamando una señal clara por parte de la Unión Europea. 

Desde Alemania también llega una fuerte presión. El canciller Friedrich Merz defendió este miércoles la necesidad de rubricar el acuerdo y advirtió de que quienes ponen reparos en el actual contexto aún no han comprendido cuáles son las prioridades ante los retos estratégicos a los que se enfrenta Europa.

El veto más firme sigue siendo el de París. Macron reiteró ante su Gobierno que Francia sería “firmemente contraria” si las autoridades europeas intentaran forzar la firma del acuerdo. Según explicó una portavoz del Elíseo, para el presidente francés aún no existe suficiente claridad sobre las tres condiciones exigidas por Francia: reciprocidad, cláusula de salvaguardia y controles. Una línea roja política, más que una simple discusión técnica.

El canciller alemán

Merz advierte de que bloquear el acuerdo significa no haber entendido aún las prioridades estratégicas de Europa

También en Roma persisten las dudas. Meloni lo admitió en su discurso ante el Parlamento, en vísperas del Consejo Europeo: “Firmar el acuerdo en los próximos días, como se ha planteado, sigue siendo prematuro”. La primera ministra añadió que “es necesario esperar a que el paquete de medidas adicionales para proteger al sector agrícola esté plenamente definido y, al mismo tiempo, explicarlo y debatirlo con nuestros agricultores”.

La cautela italiana responde a un delicado equilibrio interno. El Ejecutivo y, en particular, Hermanos de Italia mantienen un vínculo estrecho con las asociaciones agrarias, que se han opuesto con dureza al tratado. Al mismo tiempo, el mundo industrial presiona en sentido contrario y reclama el visto bueno al acuerdo. De ahí la ambigüedad calculada de Meloni: “Esto no significa que Italia pretenda bloquearlo u oponerse, sino que quiere aprobar el acuerdo solo cuando incluya garantías adecuadas de reciprocidad para nuestro sector agrícola”.

La jefa del Gobierno italiano reconoce “avances significativos”, como la introducción de un mecanismo específico de salvaguardia, la creación de un fondo de compensación y el refuerzo de los controles fitosanitarios en las importaciones. Medidas que, subraya, “aunque ya presentadas, aún no están completamente finalizadas”.

La puerta, en definitiva, no está abierta, pero tampoco cerrada.

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