El anuncio de un acuerdo preliminar para la paz entre Estados Unidos e Irán, que permitirá reabrir el estrecho de Ormuz para dar paso a una nueva fase de diálogo, tomó por sorpresa al Capitolio. Congresistas demócratas y algunos republicanos han denunciado la opacidad sobre el contenido de un “memorando de entendimiento” que el vicepresidente J.D. Vance afirmó que ya había sido firmado electrónicamente el domingo. Para un acuerdo tan relevante, que cimentaría el fin a una impopular guerra de cuatro meses en la que se han gastado, al menos, 29.000 millones de dólares de los contribuyentes, el Congreso ha sido relegado al papel de mero observador.
“Si quieres que un acuerdo sea duradero, no puede ser un acuerdo ejecutivo”, afirmó el senador republicano James Lankford, de Oklahoma, en una entrevista con Politico. “Tenemos que tener un voto del Congreso para poder consolidarlo a largo plazo”. El republicano Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur, ha subrayado que el acuerdo “tal como nos lo describen a nosotros suena bien”, pero “suena horrible” tal como lo describe Irán.
Una de las cuestiones que más preocupa a los senadores, especialmente los republicanos de línea dura, es la posibilidad de que EE.UU. haya aceptado pagar 300.000 millones de dólares para la reconstrucción de Irán, así como liberar 24.000 millones en activos congelados y levantar sanciones sobre sus exportaciones de petróleo.
Ayer, el vicepresidente Vance pareció reconocer que este dinero estaba sobre la mesa siempre y cuando Teherán cumpliera con su parte y se comprometiera a limitar o desmantelar su programa nuclear, aunque respondió con cierta ambigüedad. El presidente, Donald Trump, ha rechazado esas informaciones desde la cumbre del G7 en Francia: “No vamos a invertir ningún dinero en Irán, y ese rumor que circuló ayer fue ridículo”.
La opacidad sobre el acuerdo alcanzado, cuyo texto será público el viernes, el mismo día de la firma cerca de Lucerna (Suiza), ha disparado la especulación sobre su contenido. Cuando el presidente Barack Obama firmó en el 2015 su acuerdo nuclear, con el que permitió pero limitó el programa nuclear iraní para fines civiles a cambio del levantamiento de sanciones y la descongelación de fondos, el Congreso también se revolvió por haber sido marginado.
La mayoría republicana aprobó entonces una ley que permite la revisión del legislativo de cualquier acuerdo relacionado con el programa nuclear iraní. Sin embargo, esa ley no exige que el Congreso apruebe el acuerdo, tan solo le otorga la posibilidad de bloquearlo mediante una resolución que, a su vez, puede ser vetada por el presidente.
Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado
“En estas negociaciones de alto riesgo, el diablo está en los detalles, ni siquiera han publicado el texto de su ‘entendimiento’ con Irán”
Cuando alcanzó el poder en el 2017, Trump se salió de ese acuerdo precisamente denunciando que el levantamiento de sanciones estaba permitiendo a Irán avanzar en su programa nuclear en secreto. Pero su nuevo acuerdo, después de cuatro meses de guerra, podría terminar pareciéndose al que tanto criticó.
“Si pueden enriquecer uranio en cualquier lugar, entonces es lo mismo que el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC, el acuerdo del 2015). Si no pueden enriquecer, entonces sería un buen acuerdo”, ha señalado el senador Graham, añadiendo que se considera “escéptico” con la posibilidad de que Irán cese su enriquecimiento de uranio. El senador Mike Rounds, republicano de Dakota del Sur, ha señalado que la Administración debería enviar el acuerdo al Congreso “si quieren que sea algo más que un acuerdo político, como lo fue el PAIC”.
Por su parte, las críticas de la bancada demócrata se enfocan, no solo en la opacidad y el desprecio por el Congreso, también en el resultado de la guerra en Irán, donde no se ha logrado ninguno de los objetivos estratégicos declarados. El régimen de los ayatolás sigue en pie y fortalecido por su capacidad de resistencia y de presión en el estrecho de Ormuz; sus milicias aliadas, como Hizbulah, mantienen su capacidad de amenaza contra Israel y los aliados de EE.UU. en el Golfo Pérsico, y Teherán sigue negándose a desmantelar su programa nuclear, que asegura que siempre ha sido destinado a fines civiles.
“Ha habido declaraciones divergentes de diversas personas en la Administración. En estas negociaciones de alto riesgo, el diablo está en los detalles, pero Trump ni siquiera ha publicado el texto de su ‘entendimiento’ con Irán”, denunció ayer desde el pleno del Senado Chuck Schumer el líder de la minoría demócrata. “El pueblo estadounidense necesita saber exactamente qué hay en el acuerdo. Esto lo sabemos con certeza: estamos peor que antes de que Trump iniciara su insensata guerra de su elección”.
