Hay coincidencias que las carga el diablo.
Justo cuando se desata una crisis sin precedentes en Ceuta, EE.UU. decide intensificar su presión sobre uno de los enemigos acérrimos de Marruecos: el Frente Polisario.
El pasado viernes, horas después de que miles de personas desbordaran la frontera ceutí, dos congresistas estadounidenses presentaron en Washington una propuesta de ley para que el grupo independentista saharaui sea designado como organización terrorista.
Los impulsores de la iniciativa –el demócrata Josh Gotteheimer y el republicano Ronny Jackson, dos rivales ideológicos unidos por su apoyo incondicional a Israel– creen que el Polisario es un peón del régimen iraní y, por tanto, una amenaza directa para la seguridad de EE.UU.
“Durante demasiado tiempo, Irán y sus grupos terroristas afines, como Hizbulah, han explotado al Frente Polisario para desestabilizar África Occidental”, aseguró Jackson al presentar la propuesta. “Cuando un grupo se apropia de drones y armas de la Guardia Revolucionaria Islámica y se coordina con terroristas respaldados por Irán, debemos llamarlo por su nombre: una organización terrorista”, afirmó por su parte Gotteheimer.
El proyecto legislativo insta a investigar a fondo las actividades del grupo saharaui y a actuar en consecuencia si se demuestran las conexiones con Teherán.

De llevarse a cabo, la designación de organización terrorista tendría serias implicaciones políticas, diplomáticas y legales para el Polisario. Por ejemplo, abriría la puerta a que EE.UU. emprendiera acciones militares y judiciales contra el grupo, o a la imposición de sanciones financieras y la congelación de los fondos saharauis en el extranjero.
Pero para que eso suceda queda un largo camino.
La propuesta tiene que recabar suficientes apoyos en el Congreso, cuya composición puede variar sustancialmente tras las elecciones legislativas del próximo noviembre. Y en caso de ser aprobada, todavía tendría que someterse a revisiones exhaustivas por parte del Departamento de Estado y las agencias de seguridad estadounidenses.
Sin embargo, la mera tramitación del texto ya es significativa. Sobre todo, si se tiene en cuenta que en los últimos meses ya se han presentado otras dos propuestas muy similares.
En junio del año pasado, el demócrata Jimmy Panetta y el republicano Joe Wilson plantearon también en el Congreso una iniciativa legal en la que se exigía declarar al Polisario como grupo terrorista por sus supuestos vínculos con “Irán, Hizbulah y Rusia”. Poco después, el pasado abril, un trío de republicanos encabezado por Ted Cruz tramitó en el Senado la llamada Ley de Designación Terrorista del Frente Polisario.
Ninguna de esas dos propuestas ha registrado avances significativos, pero la nueva iniciativa puede servir para dar impulso a la idea.
El contexto geopolítico, además, es favorable. La relación entre EE.UU. y Marruecos siempre ha sido buena. No en vano, el país norteafricano fue uno de los primeros en reconocer la independencia estadounidense, en 1777. Pero ahora parece que esa amistad atraviesa su momento más dulce, como se ha evidenciado en la crisis ceutí, en la que Washington ha cerrado filas con Rabat.
El origen de este acercamiento hay que buscarlo, precisamente, en el conflicto del Sáhara Occidental.
En el 2020, cuando estaba a punto de finalizar su primer mandato, Donald Trump sorprendió a todos al reconocer la soberanía marroquí sobre la antigua colonia española. Aquel giro no fue gratuito: a cambio, Marruecos aceptó establecer relaciones diplomáticas con Israel en el marco de los acuerdos de Abraham.
Desde entonces, EE.UU. y Marruecos han intensificado sus vínculos, sobre todo en los ámbitos de defensa y seguridad, y la posición de Rabat sobre el Sáhara ha ido sumando adeptos: de España a Francia, pasando por la ONU, en los últimos años se han ido sucediendo las adhesiones al plan de autonomía marroquí.
La designación del Polisario como organización terrorista orillaría todavía más la causa saharaui. Y también supondría el enésimo desafío de EE.UU. al orden internacional: desde 1979, la ONU reconoce al grupo como “representante legítimo del pueblo del Sáhara Occidental”, y lo trata como parte esencial de las negociaciones para resolver un conflicto que sigue muy activo.
Basta recordar lo sucedido en junio, cuando un ataque marroquí se cobró la vida de una de las figuras más prominentes del Polisario, Lahbib Mohamed Abdelaziz. Según los analistas, este militar era el principal candidato a suceder a Brahim Ghali al frente de la lucha independentista.

