Por qué la IA no acabará con los empleos de cuello blanco

Desde la llegada de ChatGPT en noviembre de 2022, la inteligencia artificial capaz de transformar, de manera económica y casi instantánea, una breve consulta en inglés sencillo en una aplicación de software funcional o en una presentación repleta de datos ha generado tanto entusiasmo como temor a partes iguales. A los directivos que buscan reducir costes les encanta. En cambio, sus programadores, los encargados de preparar presentaciones y otros empleados de oficina lo ven con inquietud.

Ahora, voces destacadas de la economía mundial están tomando la palabra. En la última semana aproximadamente, Kristalina Georgieva, directora del FMI, ha advertido de que la inteligencia artificial “está sacudiendo el mercado laboral como un tsunami”. Dimon, director ejecutivo de JPMorgan Chase, ha pronosticado que el mayor banco de Estados Unidos pronto necesitará menos empleados. Por su parte, Dario Amodei, responsable de Anthropic, ha anticipado que la tecnología que su empresa está desarrollando podría acabar con “la mitad de todos los empleos administrativos de nivel inicial”.

La inteligencia artificial podría, en efecto, causar estragos entre los trabajadores de cuello blanco. Sin embargo, en lugar de hacer que muchos de estos empleos sean menos lucrativos —o incluso prescindibles—, es más probable que los transforme. La oficina impulsada por la inteligencia artificial se parecerá menos a un robot y más a un cíborg, una combinación de lo mejor de las capacidades humanas y las informáticas: el Hombre de los Seis Millones de Dólares antes que Terminator. Para entenderlo, conviene analizar qué ha ocurrido con el trabajo de oficina en los últimos tres años, comparar esa transformación con anteriores revoluciones tecnológicas y qué nos indican esos patrones sobre lo que está por venir.

A pesar de todas las alarmas, los trabajadores de oficina siguen estando en buena posición. Desde finales de 2022, Estados Unidos ha sumado aproximadamente tres millones de empleos de cuello blanco —que incluyen puestos directivos, profesionales, comerciales y administrativos—, mientras que el empleo obrero se ha mantenido estable. Algunas profesiones que suelen señalarse como las primeras víctimas de la inteligencia artificial están creciendo con fuerza. En Estados Unidos hay un 7 % más de desarrolladores de software, un 10 % más de radiólogos y un 21 % más de ayudantes jurídicos que hace tres años. La reciente desaceleración en la contratación de algunos trabajos de oficina para principiantes, detectada por estudios académicos, parece ser anterior a ChatGPT y, por lo tanto, podría estar más relacionada con la subida de los tipos de interés y un entorno empresarial global cada vez más impredecible.

Los primeros años de la era informática también estuvieron marcados por sombrías predicciones que no se cumplieron

La remuneración de los profesionales también se ha mantenido firme. Desde finales de 2022, los salarios reales (ajustados a la inflación) en los sectores de servicios profesionales y empresariales (como vendedores, contables y similares) han aumentado un 5%. Los empleados de oficina y administrativos ganan un 9% más. Si se tienen en cuenta factores como la educación, la edad, el género, la raza y otras características, calculamos que los trabajadores de cuello blanco ganan ahora una tercera parte más que los de cuello azul. Esto supone casi el triple de la prima registrada a principios de los años ochenta y ha seguido aumentando en los últimos tres años. En otras palabras, la inteligencia artificial no ha arrebatado, por ahora, la histórica ventaja salarial a quienes trabajan en oficinas.

Estos resultados no sorprenderían a los historiadores de los cambios tecnológicos. Los primeros años de la era informática también estuvieron marcados por sombrías predicciones de desplazamientos masivos. En 1982, Wassily Leontief, un economista galardonado con el Nobel, advirtió de que “la relación entre el hombre y la máquina está experimentando una transformación radical”, a medida que los ordenadores empezaban a asumir “primero tareas mentales sencillas y luego cada vez más complejas”. En la práctica, la automatización digital resultó ser una bendición para el trabajo de oficina. Desde principios de los años ochenta, el empleo en puestos directivos, profesionales, comerciales y administrativos se ha más que duplicado y sus salarios han aumentado en torno a un tercio, una vez ajustados a la inflación.

Una de las razones por las que el trabajo de oficina prosperó en las primeras eras digitales es que los ordenadores rara vez sustituían empleos enteros de golpe. Automatizaban tareas rutinarias y repetitivas, aquellas que podían codificarse en reglas explícitas y ejecutarse por máquinas. Cuando un trabajo era completamente rutinario y repetitivo, podía desaparecer (como ocurrió con los mecanógrafos). Pero la mayoría de los puestos profesionales son conjuntos de tareas, solo algunas de las cuales podían automatizarse. El resultado no fue la sustitución, sino la mejora: los ordenadores aumentaron la productividad y permitieron que los esfuerzos humanos se orientaran hacia actividades de mayor valor, como el análisis y el juicio. Los controladores aéreos ilustran este patrón: el software ayudó a procesar los datos de vuelo, mientras que las personas conservaron la autoridad sobre las decisiones críticas y los salarios aumentaron.

Más importante aún, al aumentar la productividad y reducir los costes, los ordenadores ampliaron también el abanico de actividades que las empresas podían llevar a cabo de forma rentable. El comercio electrónico ha generado empleo en campos como la logística, la planificación de cadenas de suministro y los pagos digitales. Los teléfonos inteligentes dieron lugar a los diseñadores de aplicaciones. Las redes sociales abrieron paso a los especialistas en marketing digital y a los influencers. El resultado fue un crecimiento sostenido del empleo en el sector de los trabajos de oficina. Según Daron Acemoglu, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, y Pascual Restrepo, de la Universidad de Boston, aproximadamente la mitad del crecimiento del empleo en Estados Unidos entre 1980 y 2010 se debió a la aparición de ocupaciones completamente nuevas.

Trabajadores de cuello blanco en una oficina 
Trabajadores de cuello blanco en una oficina Morsa Images / Getty

La inteligencia artificial es más lista que las tecnologías digitales del pasado. Pero parece probable que, esta vez, se aplique la misma lógica asociada al cambio tecnológico. Para empezar, los sistemas actuales de inteligencia artificial presentan lo que los expertos denominan “inteligencia irregular”, mostrando un rendimiento desigual e inconsistente. No basta con hacer bien el 95% de una tarea si el 5% restante incluye casos límite importantes y exige criterio propio.

Las pruebas de Anthropic, basadas en millones de interacciones anónimas con sus modelos, lo confirman. Solo alrededor del 4% de los empleos utilizan la IA en tres cuartas partes o más de sus tareas; casi ningún puesto puede automatizarse por completo. Al igual que ocurrió con los ordenadores, la IA está reduciendo el coste de ciertas actividades cognitivas concretas —como redactar textos, programar, recopilar información o realizar análisis estándar— en lugar de sustituir funciones enteras.

Datos recientes del mercado laboral respaldan esta visión. Hemos analizado las tendencias de empleo y salarios en más de 100 grandes ocupaciones de cuello blanco en Estados Unidos desde la segunda mitad de 2022. El empleo en la muestra ha aumentado un 4% y los salarios reales un 3%. Para entender el impacto de la inteligencia artificial en distintos puestos, utilizamos descripciones ocupacionales para clasificar los empleos de cuello blanco en cuatro grupos, según el conjunto de tareas que incluyen: especialistas técnicos, directivos y coordinadores, trabajadores de atención y empleados de administración. Después, seguimos la evolución del empleo en cada grupo desde finales de 2022, empleando medias móviles de seis meses.

Los puestos que combinan conocimientos técnicos con supervisión y coordinación son los que más han crecido. El empleo entre los jefes de proyecto y los expertos en seguridad informática ha aumentado en torno al 30%. Otras profesiones que aúnan amplios conocimientos en disciplinas relacionadas con las matemáticas y capacidad para resolver problemas también están prosperando. Lo mismo ocurre con los empleos relacionados con el cuidado personal y aquellos que exigen juicio y coordinación. Solo los trabajos rutinarios de oficina han disminuido. En los últimos tres años aproximadamente, el número de empleados de aseguradoras que tramitan siniestros se ha reducido un 13 % y el de secretarias y asistentes administrativos, un 20 %.

La inteligencia artificial ya está generando nuevas profesiones. Las empresas contratan “anotadores de datos” para etiquetar información digital y que la IA pueda interpretarla, “ingenieros especializados in situ” para guiar a los clientes en la implantación de la inteligencia artificial y, en los puestos directivos, “responsables jefe de IA”. De hecho, los empleos de cuello blanco que más rápido han crecido en los últimos años son aquellas cuyo nombre aún no está del todo definido. Los puestos clasificados como “otras ocupaciones de ciencias matemáticas” han aumentado sus efectivos en torno a un 40 % desde finales de 2022 y sus salarios reales en aproximadamente una quinta parte. “Otras ocupaciones informáticas”, como arquitectos de sistemas y jefes de proyectos de TI, también han crecido a buen ritmo. El empleo entre “especialistas en operaciones empresariales, resto”—una categoría heterogénea que abarca desde el diseño de procesos hasta la coordinación y el análisis—ha aumentado casi un 60 %, con un crecimiento salarial a la altura.

Eso no significa que todos los trabajadores de oficina puedan estar tranquilos. En el subconjunto de tareas que contienen pocos casos excepcionales y requieren escasa discrecionalidad, es posible que la inteligencia artificial pueda automatizarlas por completo muy pronto. Los modelos más recientes ya son capaces de realizar varias horas de trabajo autónomo, combinando programación, análisis y uso de herramientas con una intervención humana mínima.

Los indicadores elaborados por METR, un grupo de investigación, sugieren que la inteligencia artificial puede escribir software de forma autónoma durante cinco horas seguidas, y que esta cifra se ha duplicado aproximadamente cada siete meses. Amodei, de Anthropic, ha reflexionado sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial pueda realizar gran parte del trabajo de un ingeniero de software tan pronto como este mismo año.

Los empleos de nivel inicial parecen vulnerables por motivos similares. También lo están aquellos que ya se vieron afectados por anteriores revoluciones tecnológicas. La proporción de estadounidenses que trabajan en tareas administrativas y de oficina, que ya ha pasado del 18% en los años ochenta al 10% actual, parece destinada a seguir disminuyendo. Una nueva investigación de Sam Manning y Tomás Aguirre, ambos del Centre for the Governance of AI, un grupo de expertos, sugiere que estos trabajadores tienen la menor capacidad de adaptación, ya que cuentan con menos habilidades transferibles y menos opciones para pasar a empleos de mayor valor.

Esta disrupción será dolorosa para quienes la sufran. Sin embargo, está muy lejos del caos en el mercado laboral que algunos han vaticinado. Combinar el criterio humano con la inteligencia de las máquinas probablemente genere más valor que la propia IA, al menos durante un tiempo. La responsabilidad y la implicación humanas seguirán teniendo un valor añadido en el mercado. Además, los trabajadores de cuello blanco han demostrado ser muy adaptables. La IA volverá a transformar sus empleos, pero no los hará desaparecer.

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