Se atribuye al gran filósofo Immanuel Kant la siguiente frase: “Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar”. Pues el académico estadounidense Charles Manski no sólo la ha soportado, sino que la ha estudiado y hasta ha intentado medirla.
De ahí que no debe sorprender que haya ganado, según se informó este miércoles, el Premio de la Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas, en su XVIII edición, por sus contribuciones pioneras a la medición de la incertidumbre en la investigación económica y su aplicación al análisis de las políticas públicas.
Este galardón se considera la antesala de un futuro premio Nobel de Economía
Este catedrático de la Universidad Northwestern (Chicago) “ha influido profundamente en la investigación empírica en los ámbitos de la educación, las políticas sanitarias, los mercados de trabajo, las políticas industriales y los programas sociales al alentar a los economistas a basarse en suposiciones fiables y transparentes respecto a los supuestos”, argumenta el jurado.
El académico español de econometría Manuel Arellano (cuyo nombre ha sonado para el Nobel), secretario del jurado, considera que Manski es un gran innovador al medir efectos causales, interacciones sociales y expectativas de los agentes económicos y de la elección de políticas en condiciones de incertidumbre.
Primero, la causalidad. Por ejemplo, investigó la importancia de la educación sobre los ingresos y la distribución de la renta. Pues bien, Manski demostró que había una relación causal positiva.
Otro objeto de sus trabajos es el peso que tienen el contexto y las interacciones sociales, es decir, los efectos de las personas que están a nuestro alrededor sobre nuestro propio comportamiento. Por ejemplo, examinó qué efecto tiene sobre un estudiante el hecho de que los estudiantes alrededor suyo estén muy motivados o no o sean buenos estudiantes o no.
Y tercero, ayudó a entender las expectativas de empresas y hogares. Las personas tomamos decisiones o dejamos de tomarlas en función de la seguridad que tenemos acerca de nuestras circunstancias futuras. Si estoy muy seguro de cuál va a ser mi sueldo, mi renta el año que viene, me embarcaré en un tipo de decisiones de ahorro o de consumo que tomaré de forma diferente si tengo una gran incertidumbre, si voy a contar con unos ingresos u otros.
En todos los casos mencionados, Manski consiguió dar una base teórica y una metodología a aspectos sociales, para incorporarlos en análisis económicos. Sus modelos se usan hoy en los bancos centrales de varios países del mundo.
“Los economistas intentan extraer conclusiones muy contundentes que quizá no sean realmente creíbles. No se puede simplemente decir que algo es muy incierto o poco incierto. Lo que se necesita es cuantificarlo. Mi investigación implica que, en lugar de proporcionar una estimación puntual de alguna cantidad, como la recaudación fiscal bajo ciertas políticas de impuestos sobre la renta, se podría establecer un límite, un intervalo, para decir: ‘estará entre esto y esto’, explicaba Manski tras recibir el galardón. Del mismo modo, él cree que sus trabajos no sólo son aplicables a políticas públicas, sino también a la toma de decisiones médicas.
“A los economistas no nos gusta medir las expectativas, ya que en los sondeos algunas respuestas de los sujetos interpelados no son del todo fiables, pero los trabajos de Manski ayudan a dar credibilidad a los resultados al destacar, por ejemplo, con qué supuestos hay que interpretar los datos”, explica el catedrático de la UPF José García Montalvo, que acostumbra a citarlo en sus clases.
Se considera este premio de la Fundación BBVA como la antesala del Nobel. La agencia Reuters incluyó a Manski entre los candidatos hace una década. En catorce ocasiones (de 18 ediciones), los ganadores del Fronteras del Conocimiento obtuvieron sucesivamente el galardón de la academia sueca. Aunque, como diría el propio Manski, siempre queda un margen de incertidumbre.
