El agente del caos Donald Trump ha vuelto a sacudir el orden comercial global. Antes de la sentencia del Tribunal Supremo, EE.UU. aplicaba aranceles que variaban en función del acuerdo que el magnate conseguía con cada país. Después de su enésima vuelta de tuerca, con la introducción de un derecho de aduana indiscriminado del 15% a todos los bienes que llegan al mercado estadounidense, hay estados que salen ganando y otros perdiendo, si se compara con el statu quo anterior.
La situación es compleja porque la controvertida decisión judicial afecta al 70% de los aranceles pero no a su totalidad. Además había exenciones a ciertos productos: EE.UU. dejaba entrar sin agravios ciertos bienes esenciales para su seguridad, como fármacos, minerales o materias primas. Por ejemplo, aunque la UE firmó un acuerdo para exportar con aranceles del 15%, en la práctica la tarifa era un 11,74%. Con la nueva tarifa urbi et orbi de Donald Trump, pasará a pagar en promedio un 0,77% más.
También Alemania sale perdiendo con el nuevo esquema. De ahí se entiende el enfado en el conjunto de países europeos, a los que les interesa paradójicamente aplicar el anterior acuerdo, que era desequilibrado pero mejor que la actual incertidumbre. De hecho, ningún país europeo mejora su situación tras la nueva tasa genérica del 15%, según un estudio de la consultora Global Trade Alert.
Al mismo tiempo, hay que ver la situación en cada país miembro, si se tienen en cuenta aranceles específicos para ciertas industrias. Irlanda soportaba un arancel medio de tan solo el 4,9% (exporta a EE.UU. productos farmacéuticos con exenciones), mientras que España, que vende aceite y vino, un 14,38%. Con la nueva situación y la nueva recarga, los productos españoles serán gravados, teniendo en cuenta tasas anteriores, en promedio con un 15,68%. Tal como recordaba Eric Dor, de la escuela de negocios francesa Ieseg, “esto significa que ahora los intereses de los socios europeos divergen significativamente”.
Si se mira a escala global, el recién estrenado derecho de aduana del 15% a todo y a todos, aunque sea solo por 150 días (tal como prevé ahora la nueva base legal escogida por Trump) al final supone en el conjunto una reducción de las barreras comerciales (si se compara con la situación anterior) de un 2,17%.
No hay ningún país europeo que salga ganando con la nueva tasa anunciada por Donald Trump
En este sentido, los mayores ganadores son Brasil y China. Los bienes procedentes de Pekín, el gran enemigo de Washington, estaban gravados en su conjunto con un arancel promedio del 36%. El cambio normativo de Donald Trump supondrá para los chinos una reducción de más del 7% en su tarifa: un regalo inesperado. India, supuesta amenaza a EE.UU. por inundar el país con sus bienes de la industria textil de bajo coste, también se ahorra ahora cerca de un 5%.
En cuanto al país que preside Lula da Silva, que según el modelo anterior en promedio estaba penalizado con unos derechos de aduana de casi el 26%, verá bajar las tarifas hasta casi una tasa efectiva del 13%.
Entre los grandes perdedores hay que destacar el Reino Unido. Antes de que la UE firmara el controvertido acuerdo del pasado mes de julio, obtuvo un ventajoso arancel del 10%. Pues bien, entre exenciones y excepciones, su tarifa, que antes era del 8,26%, subirá hasta el 10,31%, más de lo que firmó en su momento. “Los países que gozaban de acuerdos más favorables (con tasas inferiores al 15%) son ahora los más perjudicados, al perder su previa ventaja competitiva frente al resto”, subrayan desde Ibercaja gestión.
El estudio de Global Trade Alert hace un extenso cálculo del impacto de la nueva política comercial de Donald Trump sobre un total de 236 territorios. Los países que salen más perjudicados de este nuevo curso comercial son sobre todo estados pequeños (Islas Faroe, Guinea Bissau, Reunion), o muy pobres (Sudán, Haití), o muy aislados (Corea del Norte, ahora un supuesto aliado de la Casa Blanca). Sus bienes serán castigados en la frontera con cerca de un 5% más a pagar. Como curiosidad, el impacto es nulo para Israel (EE.UU. le sigue aplicando un 11,4% en promedio), mientras que Groenlandia (el sueño de anexión territorial del magnate) saldrá perdiendo, al pasar de unas tarifas de casi del 10% al 14,66%.
Los bienes más penalizados tras los nuevos coeficientes son, excluyendo el acero y el aluminio, la ropa de punto, los muebles, juguetes y maquinaria. Un abanico de productos que, al llegar a EE.UU. deberán cumplir con Hacienda. La factura, a cargo del importador estadounidense (y del consumidor).
