¿Quién gritará ‘Sánchez, aguanta’ desde un tren?

Las comparaciones son odiosas, y Pedro Sánchez hace todo lo posible para que se note. Las actas del Congreso están plagadas de intervenciones del presidente del Gobierno en las que insiste en que el PSOE y el PP no son lo mismo cuando afrontan casos de corrupción o acusaciones de acoso sexual. ¿Y ante el caos de Rodalies en Catalunya?

El Ministerio de Transportes inunda el debate de cifras millonarias de inversión para reafirmar el compromiso del Gobierno con Catalunya; y Óscar Puente se despliega para intentar explicar lo inexplicable: dos semanas sin servicio de Rodalies regular, con la AP-7 cortada y las incidencias que no paran. Eso sí, sin pisar Catalunya desde que participó en la firma de la constitución de la nueva empresa mixta de Rodalies en el Palau de la Generalitat.

Sánchez y el ministro Puente, en el Congreso
Sánchez y el ministro Puente, en el CongresoDani Duch

Exhibir el aumento en la ejecución de la inversión no convierte las vías en seguras ni el servicio en satisfactorio cuando el pan de cada día de los usuarios es la incerteza de la ida, el desconcierto ante la vuelta y las dudas sobre la viabilidad de la infraestructura. Que Adif haya marcado ahora 648 puntos vulnerables en la red catalana y 31 tramos en los que actuar con urgencia deja a las administraciones desnudas y desmonta sus argumentarios.

Las recurrentes incidencias en el servicio de Rodalies han sido rebatidas por el ministro desde la arrogancia de quien paga hasta que el accidente mortal de Gelida se cruzó sobre las vías. En los últimos meses, Puente ha achacado los problemas ferroviarios en Catalunya a una cantidad inusual de actos vandálicos y la falta de vigilancia de los Mossos, al cambio climático, al exceso de obras y al abandono de la inversión por parte del gobierno del PP.

Puente se aferra a los números y deriva las responsabilidades: “Se exigen responsabilidades al que está, pero el que está no es responsable de lo que se hizo en tiempos pretéritos”, respondió esta semana en el Congreso. Seis meses llevaba en el cargo el responsable de Rodalies cesado, Josep Enric García Alemany, con el que se aligeró el malestar de la Generalitat.

Las protestas de hoy no son como las del 2007; la procesión del viajero ‘emprenyat’ va por dentro

Las manifestaciones de este sábado en Barcelona no pueden equipararse con la movilización del 2007 ni se repetirán sus consecuencias. No hay alternativa política por apuntalar, sino malestar. Una procesión que va por dentro. Si fallan los trenes, las vías y hasta la megafonía de las estaciones, el usuario de Rodalies ha dejado de preguntar cuándo funcionará el servicio, solo pide un trato digno y se centra en buscar alternativas. Rodalies ha perdido entre el 25% y el 30% de pasajeros en esta crisis, pero sus números caen desde el 2020 mientras la población y el pasaje de Ferrocarrils de la Generalitat aumenta.

No hace falta una crisis para que los catalanes suspendan a Renfe, según el último barómetro del CEO. El caos es normalidad, y la repercusión sobre el votante socialista depende más de la respuesta política que del calendario de las obras de rehabilitación. La petición de disculpas por las incidencias en Rodalies está en el manual del ministro de Transportes, pero se echan en falta actos de contrición. Las recetas aplicadas son antiguas; y fallaron en su momento.

Gratuidad mientras dure la crisis y el secretario de Estado de Transportes instalado en Catalunya como garantía administrativa. La operación José Antonio Santano es un remake de la que protagonizó Víctor Morlán en el 2007. Aquella estancia de seis meses instalado junto a la estación de França se convirtió en el peor momento de sus 30 años de carrera política. “Viví momentos muy angustiosos”, confesaba en el Heraldo en el 2015. Reincidió. En el 2011 fue el encargado de supervisar la ejecución imposible del Plan de Rodalies 2008-2015. Fracasó.

Sánchez viajó ayer a Andalucía para comprobar los efectos del temporal, pero no se ha acercado a las vías catalanas. En octubre del 2007, José Luis Rodríguez Zapatero se plantó un domingo en Bellvitge, acompañado del president Montilla y el alcalde de l’Hospitalet –a Maleni Alvarez la escondieron– y entonó un mea culpa: “El Gobierno es el único responsable”. Exhibió talante, exoneró a la Generalitat ante la ciudadanía y apaciguó el malestar de los usuarios. Entre los vecinos se oyeron gritos de “Zapatero, aguanta”. ¿Quién gritará ‘Sánchez, aguanta’ desde un tren?

Isabel Garcia Pagan

Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.

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