
Pedro Sánchez vive atrapado en su particular triángulo de las Bermudas. Accidentes en la travesía, tormentas judiciales y abordajes entre socios incompatibles. Una combinación política digna de las denominaciones históricas de esa área maldita: triángulo del diablo, mar de mala suerte; y, sin embargo, hay supervivientes. No obstante, aquí no hay misterio. Una gestión ferroviaria cuestionable; malas artes y exceso de ambición en las causas de corrupción que rodean al PSOE; y la construcción de una falacia para sustentar al Gobierno. No existe una mayoría progresista que apoye al Ejecutivo. La heterogeneidad de los socios obliga al presidente y a sus ministros a protagonizar ejercicios acrobáticos de riesgo con resultados desconocidos.
Félix Bolaños ha negociado con la secretaria general de Podemos una regularización extraordinaria de inmigrantes que puede beneficiar a más de 500.000 personas en España. El ministro cede a Ione Belarra el protagonismo, y Podemos abre la puerta al traspaso de las competencias en inmigración a Catalunya, una de las cuentas pendientes de Sánchez con Junts. Las acusaciones de racismo lanzadas sobre el partido de Carles Puigdemont son ahora de ida y vuelta. Del no rotundo porque “es una ley abiertamente racista” al “nunca nos hemos negado a sentarnos a negociar y hacer un traspaso de competencias que no tenga racismo”.

La dirección de Junts sostiene que no existe ninguna negociación con el Gobierno sobre el tema, por lo que se impone el escepticismo. Cuando los podemitas lanzaron su campaña contra el traspaso y pusieron la etiqueta xenófoba a Junts, Jordi Turull contactó con Belarra, sin que hubiera entendimiento alguno. Los reproches de Podemos se concentraban en el preámbulo de la proposición de ley firmada por PSOE y Junts, aunque las descalificaciones solo miraran hacia los independentistas.
El texto explicita que la llegada de inmigrantes puede ser “un riesgo para la convivencia y la cohesión social” y la lengua catalana. El texto no entusiasmaba en exceso a muchos juristas del entorno posconvergente, que echaban mano de la máxima unamuniana: “A los catalanes les pierde la estética”. “Batallar por un preámbulo es un debate de pobres”, sostiene con vehemencia un ex alto cargo convergente, y en la dirección reiteran ahora que “lo que nos interesa es el articulado”.
El autogobierno catalán lleva décadas siendo rehén de los preámbulos. Carecen de valor normativo, no crean derechos ni obligaciones, pero se usan como moneda de cambio política. Se presume del logro y caen en el olvido. En el 2004, Pasqual Maragall quería que los niños se aprendieran el preámbulo del futuro Estatut en las escuelas. Una pretensión de patriótica imposible. Maragall soñaba con un estatuto corto: tiene 223 artículos y 22 disposiciones; quería un preámbulo solemne: es una definición de Catalunya como nación descafeinada por el Tribunal Constitucional.
La regularización de migrantes permite a Sánchez volver al debate izquierda-derecha
Que el lehendakari Imanol Pradales reclamara esta semana a Sánchez más competencias en inmigración para el Gobierno vasco normaliza la reivindicación de Junts sin que nadie haya recurrido al calificativo de racista . Pradales quiere un acuerdo en un par de meses que incluya el reconocimiento de Euskadi con el estatus de “frontera del norte” y capacidades políticas para gestionar el tránsito de migrantes hacia Francia. El País Vasco tiene 2,3 millones de habitantes, y la inmigración representa el 14%, unas 330.000 personas. En la Catalunya de los 8 millones, hay 1,4 millones de extranjeros, un 18% del total y un crecimiento en el último año que supera los 129.000 inmigrantes más.
El nuevo debate sobre el traspaso de competencias es más mediático que real, pero Sánchez aprovecha las bondades de la polémica política en torno al real decreto del proceso de regularización de migrantes. El foco sobre la crisis ferroviaria vira hacia un tema polarizante como la gestión de la inmigración, la ultraderecha alza la voz y el PP se ve arrastrado por el tsunami populista. Por el flanco izquierdo, el socialista emprenyat por el caos ferroviario vuelve al redil para plantar cara a Vox; y en Junts esperan aumentar la cosecha: “Nos han dado mucho más desde que rompimos”. De nuevo el triángulo.

