Pedro Sánchez vuelve a China, por cuarto año consecutivo, en un viaje de marcado carácter económico que difiere en esta ocasión de los tres anteriores en un aspecto. Al recurrente objetivo de reequilibrar la balanza comercial, ya que las importaciones del gigante asiático siguen siendo muy superiores a las exportaciones de empresas españolas –el déficit comercial creció hasta 42.000 millones el año pasado-, se suma ahora la misión de intentar abrir negocio a empresas de alto valor añadido.
La inversión española en China se concentra en este momento en ámbitos como la automoción, los servicios financieros o la maquinaria. Empresas como Santander, BBVA o Inditex tienen presencia en el país, donde también operan grupos de perfil más industrial, como el de ingeniería Técnicas Reunidas o los proveedores de automoción Antolin, CIE y Gestamp. Son, en realidad, inversiones modestas si se compara con las que abordan las compañías chinas en España.
El Gobierno intenta reequilibrar una relación en la que el déficit comercial crece con fuerza
El Gobierno entiende que existe un gran potencial para seguir ampliando y diversificando la presencia empresarial en el mercado chino, donde el año pasado apenas hubo inversión directa española, según los datos de la Secretaría de Estado de Comercio. En el 2025, los inversores chinos destinaron en cambio 643 millones de euros a España.
El Gobierno es consciente de este desequilibrio y busca facilidades en el mercado chino, donde las empresas españolas de alto valor añadido se han encontrado tradicionalmente con la exigencia de formar sociedades conjuntas y el riesgo de que les copien la tecnología.
Al margen de las inversiones, la delegación española que viaja a China desde mañana confía en recibir señales de que las exportaciones al país no solo pueden mejorar en cantidad, sino también en calidad. Pekín aún pone demasiadas trabas a las inversiones extranjeras, de ahí que España considere esencial que la administración local mejore el acceso al mercado.
España también ha fijado como prioridad en este viaje impulsar una mayor cooperación tecnológica y en innovación. Para el Gobierno este aspecto es estratégico, más si cabe tras las decisiones políticas y económicas desplegadas desde el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. Sánchez visitará las instalaciones del gigante Xiaomi, así como la Academia de Ciencias de China (CASS), con el objetivo de fomentar alianzas y consorcios con España.
China vendió a España en el 2025 bienes por 50.000 millones. En cambio, las exportaciones de España a China se quedaron en 8.000 millones. Para reequilibrar esa relación comercial, el Gobierno planteará revisar y mejorar el acceso a mercados chinos de los sectores agrícola e industrial, que cuentan con una amplia tradición en la relación económica entre ambos países. Hay cerca de 9.000 empresas españolas que exportan al país.
El año pasado, el Gobierno ya logró que Pekín diese un trato ligeramente mejor a sus exportadores de porcino al afrontar los aranceles impuestos por China en represalia a los de Bruselas sobre los coches eléctricos.
Cuatro grandes proyectos de Pekín
Las empresas chinas han logrado abrirse paso, en territorio español, en cuatro grandes proyectos estratégicos con los que el Gobierno intenta impulsar la industria. Tienen que ver con las renovables y, sobre todo, con la automoción. A través de Chery y de la mano de Ebro, el capital chino participa en la producción de coches en la Zona Franca, en la antigua planta de Nissan. Además, el grupo chino CATL desarrolla la futura planta de baterías para coches eléctricos de Figueruelas, en el entorno de la planta de Stellantis. Es, junto al proyecto de Volkswagen en Sagunto, el más ambicioso en este ámbito en España. Hay otro proyecto chino de baterías, el de Envisión en la localidad extremeña de Navalmoral de la Mata. La cuarta gran iniciativa china es el desarrollo de una gran planta solar en Murcia por parte del gigante China Three Gorges.
