
Empeñado en consolidar las relaciones políticas, comerciales y económicas de España con los gigantes de todo el mundo, para ayudar a mitigar el incierto escenario que abre la agenda proteccionista y geopolítica de Donald Trump, Pedro Sánchez está convencido –como en su día lo estuvo la canciller Angela Merkel– de que es imperioso visitar China todos los años, y así prevé volverlo a hacer este curso, pero también India. El presidente del Gobierno emprendió ayer su segundo viaje al coloso del subcontinente asiático, tras la primera visita que cursó en octubre del 2024, en una gira que le llevó a Vadodara y Bombay. Esta vez, su destino es Nueva Delhi, donde hoy se volverá a encontrar con el primer ministro indio, Narendra Modi.
En aquel primer viaje, Sánchez rompió 18 años de vacío de presidentes españoles de visita en India, tras un lejano periplo de José Luis Rodríguez Zapatero y otro aún anterior de Felipe González. Y la prueba del renovado interés del actual jefe del Ejecutivo, según resaltan en la Moncloa, es que este es ya su segundo viaje en apenas un año y medio. El país más poblado del mundo –con más de 1.450 millones de habitantes, ya superó a China–, mantiene un acelerado crecimiento, con la perspectiva de ser la tercera economía del mundo en el 2030, solo por detrás de Estados Unidos y China.
Tras su cruzada contra los magnates de las grandes plataformas digitales, el presidente pone el foco en la IA
India también es uno de los cabezas de cartel del denominado Sur Global, clave en el nuevo orden político internacional, y además acaba de sellar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, que se extenderá a los ámbitos de la seguridad y la movilidad laboral.
Cualquier excusa sería buena por tanto para la visita, pero es que, además, Sánchez y Modi ya acordaron en su último encuentro celebrar este 2026 el año dual España-India, con motivo del 70.º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países, para reforzar los lazos políticos, económicos y tecnológicos, con especial atención a los ámbitos de la cultura y el turismo –de los 60.000 ciudadanos indios que visitaron España en el 2012 se pasó a casi 230.000 en el 2024– o la inteligencia artificial.
En la Moncloa señalan que hay un margen de crecimiento muy amplio de la inversión india en España, así como de unas relaciones comerciales para las que hasta ahora existían muchas trabas arancelarias.
En el último viaje de Sánchez estaba pendiente de resolverse un jugoso contrato para la construcción de seis submarinos para la armada india, por el que competía la empresa pública española Navantia. No se consiguió, pero en el Gobierno aseguran, en todo caso, que India está realizando grandes esfuerzos inversores en el ámbito de la defensa y la seguridad, por lo que vislumbran nuevas oportunidades de negocio.
En esta ocasión, al contrario que en la anterior, no acompaña a Sánchez su mujer, Begoña Gómez. Pero sí lo hacen el ministro de Agricultura, Luis Planas –para promocionar el mercado español, y singularmente el sector vinícola y del aceite de oliva–, y el titular de Transformación Digital, Óscar López, ya que una de las claves de este viaje es la participación de Sánchez mañana en la cumbre mundial sobre la inteligencia artificial, en la que también intervendrán el francés Emmanuel Macron, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva o el secretario general de la ONU, António Guterres.
En este foro, y tras la cruzada contra los magnates de las grandes plataformas digitales desplegada en otras citas internaciones, el mandatario español defenderá un modelo de inteligencia artificial regulado, basado en derechos y al servicio de los ciudadanos. España, según señalan en la Moncloa, quiere despuntar en el desarrollo tecnológico vinculado con la inteligencia artificial, donde India también compite ahora con Estados Unidos y China.

