
La vicepresidenta filipina Sara Duterte se declaró el miércoles candidata a las elecciones presidenciales de 2028 en el archipiélago, pese a las amenazas de destitución que pesan sobre ella. “Ofrezco mi vida, mi fuerza y mi futuro al servicio de nuestra nación”, afirmó en rueda de prensa, al tiempo que criticaba el balance del actual jefe del Estado, Ferdinand Marcos Jr.
La política, hija del expresidente Rodrigo Duterte (2016-2022), hizo la declaración antes de que la Corte Penal Internacional celebre la próxima semana audiencias previas al juicio contra su padre, detenido desde marzo de 2025 por presuntos crímenes contra la humanidad en relación con la sangrienta guerra contra las drogas que él impulsó desde el poder.
Sin embargo, al haber sido objeto a principios de febrero de una tercera denuncia de destitución en poco más de una semana, no podría concurrir en caso de condena. El año pasado, otra denuncia había llevado a la acusación formal de la señora Duterte por la Cámara de Representantes, pero el Tribunal Supremo anuló la decisión por cuestiones de procedimiento.
Duterte está pendiente de la resolución de tres denuncias para su destitución, que le impedirían presentarse en caso de condena
Se la consideraba favorita para suceder a su padre Rodrigo Duterte en las presidenciales de 2022, pero entonces se retiró en favor de Ferdinand Marcos Jr., con quien se alió antes de ser elegida vicepresidenta. La unión entre las dos dinastías rivales, sin embargo, se desmoronó rápidamente y dio paso a enfrentamientos públicos recurrentes.
“En los primeros meses de nuestros mandatos ya constaté la falta de sinceridad de Bongbong Marcos Jr. respecto a las promesas hechas durante la campaña y hacia su deber con la nación”, afirmó la vicepresidenta, usando el apodo de Marcos Jr.
En noviembre de 2024, durante una rueda de prensa, Duterte dijo haber dado orden de matar al jefe del Estado si ella misma era asesinada. Posteriormente negó haber proferido una amenaza de muerte, describiendo sus palabras como la expresión de su “consternación” ante los fracasos del presidente filipino.
