
Diseñar el futuro sin que Carles Puigdemont forme parte de la ecuación ya no es tabú en Junts. Aunque el expresident sigue a merced de los jueces, la inminencia del retorno a Catalunya–previsto para antes de verano si la justicia allana el camino, como todo parece indicar– ha acelerado los movimientos internos ante la posibilidad de que el líder de la formación dé un paso atrás cuando vuelva.
Diversas personas vinculadas a ese espacio político se han movido en estos últimos meses entre bambalinas y han tratado de tomar el pulso a la organización posconvergente para preparar el día después y tratar de garantizar un relevo… y que el proyecto de JxCat se asemeje más a la antigua Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y que, como el partido de Jordi Pujol, ocupe la centralidad política. “La Convergència del siglo XXI”, resume una persona al corriente de estas iniciativas, en las que también toma partido el mundo empresarial. No obstante, cualquier movimiento, por ahora sin un cabecilla, queda supeditado a que regrese el líder de Junts.
El mensaje oficial es que él tiene que poder decidir lo que quiere hacer cuando vuelva. Pero en el seno de la organización hay dos visiones casi opuestas. Mientras unos creen que supondrá un revulsivo, otros opinan que –tras diez años como cabeza visible– es preciso dar paso a otra generación y que él mismo tomará la decisión y ejercerá de expresident tras recorrer Catalunya y constatar cuál es la fotografía actual. Muy distinta a la que dejó en el 2017. Sin embargo, alguien próximo al líder de JxCat vaticina que “seguramente no pasará ni una cosa ni la otra”.
Ante el posible retorno del expresident hay quien propugna un relevo en la formación, que se divide entre aquellos que creen que dará un paso atrás y los que opinan que habrá un revulsivo y seguirá de líder
En cualquier caso, sobre el relevo no hay nada escrito. En las quinielas figuran hoy personas como el portavoz en el Parlament, Salvador Vergés, o la portavoz en el Congreso, Miriam Nogueras. Vergés, bien conectado tanto con Puidemont como con el expresident Artur Mas, cuenta también con el beneplácito del mundo local de JxCat. Nogueras, a su vez, goza de cuota mediática, es de la confianza de Puigdemont y hay quien la ve como una dirigente ideal para el cuerpo a cuerpo con el PSC… y con Aliança. Pero eso es avanzar muchas pantallas.
Aquellos que quieren preparar un relevo consideran también que en Barcelona debe darse la batalla para que el ungido por la cúpula no se imponga como candidato. Quien lleva esa vitola es el portavoz del partido, Josep Rius, que además es diputado y concejal en la capital catalana. Jordi Martí, presidente del grupo municipal, también se postula, pero ha sido sondeado –sin éxito– para que deje paso a Rius si no aparece una tercera vía que evite las primarias.
Sea como fuere, los movimientos, siempre fuera de radar, dependen de que Puigdemont vuelva a Catalunya y decida dar un paso atrás. Mientras eso no suceda, todo salvo la guerra de Barcelona queda en el aire.
La voz más preeminente que ha puesto sobre la mesa un futuro de Junts más convergente es la de Mas, que no es militante, pero tiene ascendencia en la formación. Con el paso del tiempo, reconoce que fue un error bajar la persiana de CDC hace diez años. “Convergència hoy no existe, pero eso no quiere decir que no haya mucha gente que se identifique, puesto al día, con un proyecto de país que durante muchos años representó Convergència”, afirmó en una entrevista reciente en Regió 7. “Los que sean capaces de volver a impulsarlo creo que tendrán mucho recorrido”, augura Mas, que opina que el reto que tiene JxCat es que lo que representaba el partido de Pujol, “puesto al día y sin llamarse igual, vuelva a coger toda la fuerza” que tenía.
Propone unir a sectores que no se enrolaron a JxCat. “Desagregar tiene un precio muy alto y agrupar tiene un mérito muy grande y unas potencialidades muy importantes”, concluye Mas. Jordi Turull ya ató en el 2023 a una parte del espacio posconvergente que no tenía carnet y con la vista puesta en el 2027 el objetivo es retenerlos y ampliar el perímetro.
En línea con lo que dice Mas, un dirigente de peso remarca que aunque la formación trate de aglutinar muchas sensibilidades nunca ha dejado de tener un “latido convergente”. Expresa también, igual que otras voces consultadas, que el cambio que ha habido en estos últimos tres años, en lo referente a rehabilitar y recuperar el legado convergente, no era imaginable al escindirse del PDECat en el 2020.
Mas, en estas últimas semanas, ha tenido más presencia pública y una conferencia suya en enero marcó la agenda de Junts. Tanto es así, que un diputado que no cree que Puigdemont vuelva a optar a la presidencia y que también descarta que Mas lo haga, hablaba hace unos días de la “operación Mas” y del retorno convergente que hace poco más de un año, en uno de sus últimos actos públicos, pidió el expresident Jordi Pujol.
En la mentada conferencia, diez años después de renunciar a la presidencia de la Generalitat, Mas pidió a JxCat que se emplee a fondo para mejorar el modelo de financiación autonómica en el trámite parlamentario y “un gran acuerdo de país” con agentes económicos y la sociedad civil como el que concitó en los albores del procés el pacto fiscal que él defendía. La terminología que empleó Mas, al remarcar que era una cuestión “generacional”, también fue empleada por los posconvergentes unos días después en su argumentario y su propuesta en materia de vivienda –que la administración compre un 25% de los pisos cuando los jóvenes no pueden aportar la entrada y que sea copropietaria hasta que los propietarios recompren a la Generalitat su parte – se plasmó en una iniciativa del grupo municipal de JxCat en Barcelona unos días después. Aunque no tiene el carnet, sus dirigentes toman nota cuando habla.
Otro exdirigente que también se ha referido a todo este asunto es el exconseller Felip Puig, que señaló hace unas semanas en una entrevista en Nació Digital que los herederos de Pujol “no han estado a la altura”.
Una voz consensuada en la Unesco
El Govern nombrará en los próximos días o semanas a un representante catalán con rango diplomático para integrarse en la delegación española ante la Unesco. Es lo que se acordó mientras no se pueda llevar a votación en noviembre del 2027 que Catalunya sea un “miembro asociado” del organismo internacional. El nombramiento estará consensuado con JxCat, según fuentes consultadas. Desde el Gobierno de España apuntan que este asunto –previsto en el Estatut– es fruto del pacto sellado con Junts en el 2023. El Ejecutivo catalán, que tiene que hacer equilibrios con ERC, se limita a recordar que en el acuerdo con los republicanos en el 2024 también figuraba y que la persona que se nombre será consultada, más que consensuada, con los de Carles Puigdemont. De todos modos, que Catalunya sea miembro asociado –un estatus que da voz pero no voto– depende que dentro de dos años quien esté al frente de la delegación española –ahora el exministro Miquel Iceta– respete el pacto que se firmó hace dos semanas. Antes de esa fecha habrá elecciones generales con toda seguridad. Lo que .

