Sonambulismo europeo

Trump vuelve a la carga. Tras las cesiones de la UE, ahora amenaza a los que regulen las empresas tecnológicas con nuevos aranceles y sanciones. Quizás se trate de un globo sonda, aunque no parece que sea este su objetivo: esta semana hemos visto cómo pasa de las amenazas a los actos al despedir a una gobernadora de la Fed, algo que ni los más osados imaginaban. Un nuevo aviso a navegantes que creían que la Administración estadounidense ladraba mucho, pero iba a morder menos.

En todo caso, Von der Leyen tiene una ocasión de oro para reivindicarse e intentar lavar las afrentas que ha sufrido la Unión Europea. Porque lo visto supera lo imaginable, incluso para el más pesimista: firma del acuerdo comercial UE-EE.UU. en un campo de golf y absurda reunión en el despacho oval, en el que Trump se dirige a los representantes europeos como maestro de primaria impartiendo la lección del día. Y la humillación no terminó ahí: los siete regalos idénticos para los siete asistentes, y la visita a la habitación de sus gorras acabaron de configurar una insólita visita.

La defensa de Bruselas de su soberanía ante las tecnológicas de EE.UU. parece un brindis al sol

A la luz de estos precedentes, se me antoja que la respuesta de la Comisión Europea, defendiendo su soberanía para regular las tecnológicas norteamericanas, no es más que un brindis al sol. Ojalá no sea así y, por una vez, ponga pie en pared y se cuadre. Pero lo sucedido últimamente no es para animar a nadie: nada bueno anticipa la incapacidad europea de poner fin al hambre en Gaza, el aumento hasta el 5% del PIB en gasto militar, los injustos compromisos comerciales y sus adendas (compra de energía e inversión en EE.UU.) o el que sean los europeos los paganos de la ayuda militar americana a Ucrania (todo apunta a que aumentada en un 10%).

Hace ya tiempo que, desde ámbitos diversos, se alerta de la pérdida de empuje económico y del deterioro de la gobernanza europea, expresión de unos nacionalismos rampantes que vienen de muy lejos. Un problema que no es nuevo, aunque ha habido intentos de superarlo. Fue así, en el 2014, con los amagos de mejora del dictamen Completing Europe’s Economic and Monetary Union de los Cinco Presidentes (Juncker, Tusk, Dijksselbloem, Draghi y Schultz), que señalaba el trabajo pendiente y las medidas a adoptar, algunas de ellas parcialmente exitosas (como la unión bancaria). Y también en 2017/18, tras el Brexit y el primer Trump, con el intento de Merkel de generar un nuevo impulso de la Unión, aunque el tono de refundación que emergió entonces se ha ido deshilachando y desvaneciendo. Hoy, Bruselas, más que en crisis, recuerda aquellas distendidas capitales europeas de julio de 1914, pocas semanas antes del estallido del conflicto mundial, que magistralmente describe Christopher Clark en su Sleepwalkers: How Europe Went to War in 1914 (2013). Hoy, el sonambulismo europeo no anticipa una nueva guerra. Pero sí un paso más en el lento ocaso de nuestra Unión.

También te puede interesar