Trenes y aviones vuelven a conectar Pekín y Pyongyang, seis años después

Air China confirmó el sábado la reanudación de los vuelos a Corea del Norte a partir del 30 de marzo, tras una interrupción de más seis años. El anuncio llega apenas dos días después del restablecimiento del servicio ferroviario entre Pekín y Pyongyang, igualmente suspendido desde la aparición de la covid-19. La República Popular de China le echa un cable a la República Democrática Popular de Corea, en un momento convulso. Modula también una apertura de Pyongyang muy decantada hacia Moscú en los últimos años. 

El vuelo de Air China (no confundir con la taiwanesa China Airlines) entre Pekín y Pyongyang tendrá una frecuencia semanal y durará dos horas. Air Koryo, la aerolínea de bandera norcoreana, reactivó este trayecto en 2023. 

El viaje en tren, que dura unas 24 horas, cuenta con cuatro frecuencias semanales. El convoy tiene paradas en Tianjin, Shenyang y Dandong, en el lado chino, y en Sinuiju, en el lado coreano. En estas dos últimas localidades se lleva a cabo el cambio de locomotora y de vagones, excepto los dos reservados a pasajeros internacionales, que se mantienen. 

Un portavoz del ministerio chino de Exteriores declaró que “China y Corea del Norte son dos países amigos y vecinos” y destacó la importancia del tren para desarrollar “los contactos entre ambos pueblos”. Pyongyang, por su parte, espera un relanzamiento del turismo chino -el más importante antes de la covid- en los próximos meses. En los últimos dos años, tras el levantamiento de las restricciones, son los turistas rusos los que se llevan la palma. Aunque en número todavía muy insuficiente para llenar Wonsan Kalma, la ciudad playera inaugurada el año pasado en la costa oriental, con multitud de hoteles, restaurantes, centros de convenciones, cines y hasta un parque acuático.

Kim Jong Un, junto a su hija Kim Ju Ae, presentó el verano pasado el complejo turístico de Wonsan Kalma, inspirado en Benidorm, que necesita multiplicar su ocupación 
Kim Jong Un, junto a su hija Kim Ju Ae, presentó el verano pasado el complejo turístico de Wonsan Kalma, inspirado en Benidorm, que necesita multiplicar su ocupación STR / AFP

Una lengua de tierra que podría recordar a la Manga del Mar Menor, pero que tiene más de Benidorm, en temporada baja. No en vano fue allí, en 2016, donde Kim Jong Un mandó a los suyos en busca de inspiración: arquitectos, gerentes y agentes no identificados. Aunque los inviernos norcoreanos son inmisericordes, la temperatura del agua en verano es más alta que en el Cantábrico. 

Años después, Vladimir Putin prometería a Kim turismo ruso para llenar Wonsan Kalma, pero el número de grupos organizados y con guía (única forma de obtener visado) no ha colmado sus expectativas, tras una enorme inversión. 

Como es sabido, la participación de soldados norcoreanos en la guerra ruso-ucraniana -dentro de las fronteras de Rusia- soldó la relación entre Moscú y Pyongyang, decaída tras el colapso de la Unión Soviética. También estimuló la manufactura (de munición) y la minería norcoreanas, y habría permitido dar un salto tecnológico al programa de rearme de Pyongyang, en satélites y misiles. 

Un 1% de privilegiados

A su regreso, los raros noreoreanos con pasaporte deben entregarlo al gobierno para su custodia

El abrazo ruso a Corea del Norte no hizo particularmente feliz a China, pero la visita de Kim Jong Un a Xi Jinping en septiembre pasado -la primera en seis años y medio- empieza a dar frutos. Antes de que termine el año podría inaugurarse el “nuevo” puente sobre el río Yalu -uno de los seis pasos oficiales entre China y Corea del Sur- que permanece cerrado doce años después de su conclusión. 

En lo que podría parecer un recado para Washington, la inauguración del trayecto aéreo Pekín-Pyongyang-Pekín de Air China tendrá lugar la víspera del inicio de la visita a Xi Jinping del presidente estadounidense Donald Trump. Aunque este último no ha descartado aplazarla, en las última horas, si China no colabora en el estrecho de Ormuz. Del mismo modo que no ha descartado volver a encontrarse con Kim Jong Un, con un calendario todavía más borroso. 

El encuentro de septiembre entre Kim Jong Un y Xi Jinping, en Pekín, reanimó las relaciones entre China y Corea del Sur 
El encuentro de septiembre entre Kim Jong Un y Xi Jinping, en Pekín, reanimó las relaciones entre China y Corea del Sur KCNA / Reuters

El dictador Kim Jong Un señaló en el reciente congreso quinquenal de su partido que  el país “va adelante”, tras haber atravesado hace cinco años “una crisis existencial”. Sin embargo, Air Koryo no remonta el vuelo y sigue sujeta a vetos y sanciones, que la excluyen de los sistemas internacionales de reservas o seguimiento de equipajes. Apenas opera dos o tres vuelos nacionales, junto a unas pocas frecuencias a Pekín, Shenyang y Vladivostok (Rusia).

Air Koryo no ha recuperados sus vuelos regulares a Shanghai o Macao y, no digamos, los de su época dorada, a mediados de los setenta, cuando conectaba Pyongyang con Moscú, Praga o Berlín Oriental. Claro que entonces la renta per cápita en las dos Coreas era prácticamente la misma, mientras que hoy en día los surcoreanos son 25 veces más ricos.

Aunque ahora es el Banco de Corea, con sede en Seúl, el que aleja la perspectiva de un desmoronamiento del régimen represivo del norte. Según la banca central surcoreana, Corea del Norte acumula un crecimiento del 10% en los últimos tres años (Corea del Sur, un 4,5%) y volverá a crecer más que ellos en 2026. Sigue siendo un enano económico, en comparación, aunque armado con ojivas nucleares y misiles intercontinentales

Cosa que llevó, no hace tantos años, a que Rusia y China aportaran sus votos en el Consejo de Seguridad para convertirlo en paria internacional. Ahora, sin embargo, vuelven a extenderle pasarelas diplomáticas, aéreas y ferroviarias. Todo ello mientras Donald Trump reparte su tarjeta de presentación por países que Moscú y Pekín daban por descontados. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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