El acoso que no cesa. El presidente Donald Trump aseguró este viernes que castigará con aranceles a los países que no apoyen que Estados Unidos controle Groenlandia. Así lo dijo en una reunión sobre su política destinada al mundo rural si bien no especificó nada sobre ese elemento de presión
Trump insistió que EE.UU. necesita ese territorio por razones de seguridad nacional, cosa que ha dicho durante meses para mayor enfado de sus socios europeos y con los que comparte la OTAN.
Los europeos no entienden esa perseverancia por poseer el ese territorio autónomo perteneciente a Dinamarca, mientras que a nivel nacional empiezan a hablar del gran regalo sería para el presidente ruso, su admirado Vladimir Putin.
El Kremlin podría ver así cumplido su sueño de crujir a la Alianza Atlántica, una de las razones que Putin alega como razón para justificar la invasión de Ucrania.
El presidente estadounidense había dicho que no cesará y que conseguirá esa isla “por las buenas o por las malas”, dejado claro que está dispuesto a hacer un despliegue militar. Hasta ahora, sin embargo, no había puesto sobre la mesa el recurso de los aranceles, su herramienta de chantaje global a la que atribuye su logro de “acabar con ocho guerras. Todo apunta a una alternativa por el enorme rechazo que una acción militar tiene entre los legisladores, incluidos los republicanos.
Los líderes europeos replican que EE.UU. no puede controlar la isla más grande del mundo. Por si acaso, varios países se han comprometido a enviar tropas para garantízala soberanía del territorio.
Esta semana se reunieron el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio con los ministros Exteriores de Groenlandia, Vivian Motzfeldt, y de Dinamarca, Lars Loekke. La reunión no fue bien. Los europeos dijeron al salir que eran “totalmente inaceptables” la amenazas imperialistas de Trump.
La Casa Blanca también ha comentado que EE.UU. se plantea hacer una oferta para comprar esa isla del Ártico. Groenlandia y Dinarma replicaron que el territorio no está en venta. Una amplia mayoría de residentes se niega a ser estadounidenses.
