El primer ministro de Hungría, el ultranacionalista Viktor Orbán, debilitado en los sondeos ante las elecciones del 12 de abril, recibió el lunes un espaldarazo público de Donald Trump por persona interpuesta, su secretario de Estado, Marco Rubio. Esta nación centroeuropea y la vecina Eslovaquia, ambas con gobernantes adeptos a Trump, son un reducto europeo a proteger por Estados Unidos, visto que el resto de países del Viejo Continente se resisten a comulgar con la “restauración del orden mundial” basado exclusivamente en intereses nacionales y poderío unilateral que propugna el republicano.
Así, de visita en Budapest tras pasar por la Conferencia de Seguridad de Munich y por Bratislava, Marco Rubio dijo en rueda de prensa junto a Orbán que las relaciones entre Estados Unidos y Hungría están entrando en una “época dorada”, siempre y cuando el país centroeuropeo continúe siendo gobernado por Orbán.
La cita con las urnas dentro de dos meses se anuncia peligrosa para el líder ultranacionalista. La mayoría de sondeos independientes apuntan al triunfo de su contrincante, Péter Magyar, cuyo partido de centroderecha, Tisza, obtendría el 48% de los votos frente al 38% que irían a Fidesz, la formación de Orbán.
Actual relación de Estados Unidos y Hungría
Marco Rubio dijo que Trump y Orbán “tienen una relación personal y política muy estrecha, que ha sido increíblemente beneficiosa para los lazos bilaterales”
“El presidente Trump está profundamente comprometido con su éxito, porque su éxito es nuestro éxito”, dijo Rubio a Orbán ante la prensa. “Queremos que a Hungría le vaya bien; es en nuestro interés nacional, especialmente mientras usted sea el primer ministro y dirija este país”, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense, dejando en el aire qué ocurrirá si las urnas desalojan a Orbán del puesto que ocupa desde hace dieciséis años. A sus 62 años, Orbán lleva cuatro mandatos consecutivos, a sumar a un primer mandato entre 1998 y el 2002.
Rubio prometió ayuda financiera, si fuera necesaria, y afirmó más de una vez que Trump y Orbán “tienen una relación personal y política muy estrecha, que ha sido increíblemente beneficiosa para los lazos bilaterales”. En efecto, Orbán fue el único gobernante de la UE que apoyó a Trump ya en la campaña electoral del 2016, la que llevó al magnate inmobiliario a la Casa Blanca por primera vez, y festejó su nueva victoria del 2024. Ambos se han reunido varias veces en Mar-a-Lago, la mansión de Trump en Florida.
Muchos en la extrema derecha estadounidense MAGA ( Make America great again ) ven en Orbán un modelo por su dura política antiinmigración, y por su respaldo al conservadurismo cristiano y a la familia tradicional. Budapest ha acogido varias veces la Conferencia de Acción Política Conservadora (CAPC), que reúne a activistas y líderes ultraconservadores de distintos países, y que se celebrará por quinta vez en la capital húngara el 21 de marzo.
Más méritos: Orbán anunció que este jueves estará en Washington para la reunión inaugural de la Junta de Paz para Gaza, el artefacto ideado por Trump para gobernar la Franja de Gaza y disputar a la ONU su papel internacional. “Hungría sigue apoyando los esfuerzos de Estados Unidos por la paz en Ucrania”, añadió Orbán en la rueda de prensa, en la que acusó al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de injerencia en las elecciones húngaras.
Viktor Orbán y el trumpismo
El ultranacionalista húngaro ya apoyó a Donald Trump en la campaña presidencial del 2016, celebró su segunda victoria en el 2024, y es muy valorado por el movimiento MAGA estadounidense
Está también el asunto de la energía. El pasado noviembre, tras un encuentro de Trump y Orbán en Washington, el húngaro notificó que Hungría había recibido una exención sin límite temporal a las sanciones impuestas por Estados Unidos a las petroleras rusas Rosneft y Lukoil. El Gobierno de Orbán, que mantiene cordiales relaciones con Vladímir Putin, compra a Rusia el 85% del gas y el 65% del crudo que utiliza el país.
Mientras oficialmente los países de la UE han ido buscando fuentes de energía alternativas al gas ruso desde la invasión a gran escala rusa de Ucrania en el 2022, incluso comprando gas estadounidense, tanto Hungría con Eslovaquia –gobernada por el trumpista y prorruso Robert Fico– han seguido comprando gas y petróleo rusos, lo cual no agrada a Estados Unidos. Orbán y Fico están enfrascados en un pulso con la UE contra la decisión de eliminar gradualmente las importaciones de gas ruso.
Minigira del secretario de Estado
Marco Rubio visitó también Eslovaquia para verse con su primer ministro, Robert Fico, otro gobernante trumpista de la UE
Orbán sostiene que la exención otorgada por Trump es indefinida, pero la versión estadounidense es que dura un año. A la petición de aclaraciones por la prensa el lunes en Budapest, tanto Rubio como Orbán se escabulleron. Rubio respondió que “la estrecha relación personal entre los dos sustenta las decisiones del presidente”.
La Hungría de Orbán tiene buenos tratos con China, pero eso no parece ser obstáculo para la relación con la Administración Trump. “Budapest y Washington pueden hablar de cualquier cosa, incluidas las relaciones con China”, aseguró Orbán, mientras Rubio argumentaba que también Estados Unidos habla con China, y que Trump visitará el país en abril.

Las elecciones en Hungría pueden considerarse las más trascendentales del 2026 para Europa. Viktor Orbán se ha convertido en estos años en fuente de conflictos para la UE, con choques frecuentes con Bruselas y otras capitales por su nulo respaldo a Ucrania y su rechazo a las sanciones a Rusia, por la restricción de derechos de las personas LGBTQ+, y por el silenciamiento de voces críticas en el poder judicial, el mundo académico, los medios de comunicación y la sociedad civil. En muchas ocasiones esto ha paralizado o retrasado decisiones urgentes en Bruselas.
El domingo en Bratislava, Marco Rubio dijo al primer ministro eslovaco, Robert Fico: “Con el presidente Trump, esta administración convertirá no solo a Eslovaquia, sino también a Europa Central, en un componente clave de nuestra relación con el continente y el mundo”. Donald Trump quiere cuidar su baluarte europeo.

