Trump se da un plazo de diez días para un posible ataque a Irán

Donald Trump se da un plazo de diez días para tomar una decisión sobre si atacar a Irán o  no. El presidente convocó este jueves la primera reunión de Junta de Paz con sonido de tambores de guerra de fondo y el mayor despliegue militar en Oriente Medio desde la invasión de Irak, en el 2003.

Como es habitual, Donald Trump aprovechó este acto de repercusión internacional para hacer un auto elogio de si mismo 
Como es habitual, Donald Trump aprovechó este acto de repercusión internacional para hacer un auto elogio de si mismo SAUL LOEB / AFP

La dualidad del pensamiento de Trump quedó claramente expresada en este encuentro inaugural que celebró en el Instituto de la Paz, ahora rebautizado con el nombre del líder estadounidense. Su mensaje más llamativo, más allá de las muestras de auto elogio y culto al líder, fue belicista.

Trump utilizó su discurso inaugural para insistir en su mensaje a Irán para que llegue a un acuerdo. El acuerdo que él quiere y no el que busca Teherán, respecto a su programa nuclear. En caso contrario, recalcó,  “sucederán cosas terribles”. La condición es que “no puede haber armas nucleares en Oriente Medio”. El presidente de EE.UU. habló de una acción militar a corto plazo. “Probablemente lo descubrirán en los próximos diez días”. 

Trump explicó que la Junta de Paz ha recaudado 7.000 millones de dólares procedentes de nueve de países y avanzó que EE.UU. aportará otros 10.000 millones, sin especificar su procedencia.

Muchos analistas consideran esa junta un desafío para la Organización de Naciones Unidas (ONU) y, en concreto, su órgano ejecutivo, el Consejo de Seguridad. En el nuevo organismo por él diseñado, Trump es el dueño y señor, el presidente que decide y el único con derecho a veto.

Trump elogió su propia iniciativa e insistió en que la ONU no ha podido acabar con ocho guerra como ha hecho él y, sin embargo, se ofreció a colaborar con la institución multilateral porque “tiene mucho potencial”. Apostilló que “el Consejo de Paz va a estar prácticamente supervisando a Naciones Unidas y asegurándose de que funcione correctamente”.

Los millones comprometidos hasta ahora son solo una pequeña fracción de lo que se necesita para la reconstrucción la franja de Gaza. Las naciones que quieran asegurarse un sitio durante tres años en la junta deberán desprenderse de 1.000 millones.

La lista de participantes publicada por la Casa Blanca incluye 48 países, si bien muchos de ellos lo hacen a titulo de observadores, como la Unión Europea (que ha enviado una comisaria, decisión criticada por Francia) o Italia, que ha enviado al ministro de Exteriores, Antonio Tajani. De entre los europeos están Hungría y Bulgaria. Los que han firmado el compromiso suman más de veinte, pero esto no significa que todos hayan pagado la cuota. Según Trump, y en alusión a los aliados de la OTAN que no se han unido, “algunos están jugando a hacerse los listos”.

La junta incorpora a pocos aliados tradicionales de Washington, pero a muchas autocracias, dictaduras y países acusados de abusos contra los derechos humanos. Las invitaciones al presidente ruso, Vladimir Putin, o al chino Xi Jinping siguen sobre la mesa. 

La última baja la protagonizó el Vaticano, que se puso al lado de la ONU, y esto le costó el rapapolvo de la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. “Creo que es profundamente lamentable. No creo que la paz deba ser partidista, ni política, ni controvertida”, afeó a la Santa Sede. Pero fue el propio Trump que convirtió el acto en político y partidista al felicitarse que dio su total apoyo al argentino Javier Milei y al húngaro Viktor Orban y eso le llevó a ganarla presidencia por goleada. Milei y Orban estaban en primera fila.

Las conversaciones sobre Gaza eran el foco de este acto. El alto el fuego continúa siendo un auténtico logro diplomático para Trump, aunque los últimos meses han sido turbulentos y el Ejército de Israel ha castigado numerosos días la población del enclave.

Está lejos de estar claro hasta qué punto es realista la visión de Trump para la Gaza de posguerra. La presentación realizada por Jared Kushner en Davos el mes pasado puso mucho énfasis en relucientes bloques de torres y en un llamativo turismo de rascacielos, pero ofreció pocos detalles sobre los complejos problemas políticos y socioeconómicos que enfrenta la franja y la población que allí vive

La junta, en su espíritu suplantador de la ONU, apunta muy alto. Quiere “asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por el conflicto”, según la carta fundacional. Eso abarca  lugares más allá de Gaza. También promete ser un organismo de mantenimiento de la paz ágil, presumiblemente a diferencia de las Naciones Unidas.

Como subrayan algunos analistas, todo parece sacado de una presentación para inversores, una start-up destinada a revolucionar la diplomacia internacional. Trump ha propuesto muchas ideas poco convencionales, y algunas han tenido éxito. Falta por saber si ésta lo tendrá.

Desde la clave interna, el evento también resulta complicado para Trump. Ha recibido críticas por parecer demasiado centrado en los asuntos exteriores. La Casa Blanca intentó discretamente cambiar la imagen desde el comienzo del año, manteniendo todas las visitas de políticos extranjeros a puerta cerrada, hasta hoy. Una vez acabe el acto, el presidente tiene previsto marchar deprisa y corriendo para protagonizar un acto estilo campaña electoral en Rome (Georgia), supuestamente centrado en los logros económicos de su gestión.

El otro problema fue el de la contraprogramación. Su odiado fantasma del viejo amigo y depredador sexual, Jeffrey Epstein, quitó brillo y protagonismo a su iniciativa. La detención del ex príncipe Andrés del Reino Unid le robó la atención mediática.

Francesc Peiron Arques

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