Ha sido una noche “ruidosa” y de poco dormir en Kyiv. El primer ataque llegó poco después de la medianoche; drones y misiles de diferentes tipos alcanzaron la ciudad mientras la defensa área intentaba derribarlos, algunas veces sin éxito. Retumbaban los cimientos de los edificios. Horas más tarde, cuando ya ha amanecido, se han vuelto a oír las explosiones y los drones zumbaban de nuevo en el cielo. Los canales de noticias de Telegram decían que eran de reconocimiento, pero volaban bajo. Con el pasar de los minutos ha aparecido más información: 6 muertos y 14 heridos, según las autoridades. La luz del día permitía ver el alcance de los daños y las fotos de edificios quemados y destruidos empezaban a circular.
“Llevamos así hace casi cuatro años”, cuenta Olga que barre frente a uno de los edificios del sector de Podil a las ocho y media de la mañana, minutos antes de que se diera la señal de que el cielo estaba “limpio”. “Ya nos hemos acostumbrado a los ataques, al hambre, a vivir sin luz y calefacción. Ya hemos pasado por todo esto, pero eso no significa que no queramos que esto se acabe rápido”, cuenta esta mujer de 69 años que cubre sus canas con la capucha de la sudadera.

Hace mucho frío, pero poco a poco todos retoman sus actividades. Unos van al trabajo, otros vuelven a casa después de pasar la noche en los refugios, los cafés abren. Olga es conserje de un edificio. Su historia no es diferente a la de miles de mujeres ucranianas. Su hijo está en el ejército; destinado en la región del Donbás.
Su hija vive en Holanda desde 2022. “Están muy bien, tienen un apartamento, ella trabaja y los niños van al colegio. Aquí no podrían vivir así”, dice la mujer, que esta mañana tiene ganas de hablar. Cuenta que no emigró con su hija porque no quiere estar lejos de su hijo militar, por si la necesita.
“Nada quisiera más que esto acabara, que Ucrania se mantuviera intacta, pero no depende de nosotros. Ni siquiera de los soldados que están combatiendo. Es otra gente la que decide”, cuenta la mujer que repite varias veces que hay muchos valientes que han muerto en este tiempo. “ Yo quiero que todo se resuelva pero cuando le llamas a mi hijo en el frente, dice que todo va ir bien, pero que no entregarán el Donbás”, dice Olga.
La población recela del precio que pueda tener la paz en las negociaciones con EE.UU. y Rusia
La entrega de lo que Ucrania retiene en el Donbás es uno de los 28 puntos que contiene el plan presentado por Estados Unidos la semana pasada y que ha sido estructurado en torno a las exigencias de Rusia. Allí se decía que Ucrania dejaría de tener el control del territorio del Donbás que todavía controla, incluido las ciudades de Sloviansk y Kramatorsk. Esto representa entre un 10 y un 15% de ese territorio.
Ese punto ya habría sido eliminado en el nuevo borrador acordado por las delegaciones de Estados Unidos y Ucrania en el encuentro del domingo en Ginebra. Sin embargo la idea de ceder territorio que no han perdido por la vía militar sigue siendo una línea roja muy presente para la mayoría de los ucranianos, que coinciden que hacerlo sería capitular y traicionar la memoria de los que han muerto por la defensa del país desde 2014.
“Nada más quisiera que esto termine y mi esposo regrese a casa”, dice Irina, de 45 años, que trabaja en una firma de abogados. Está contenta por las conversaciones, pero también es consciente de que el presidente ruso Vladimir Putin no aceptará la nueva propuesta esbozada por Estados Unidos, Ucrania y Europa. “Posiblemente vamos a volver al mismo punto en que ya estuvimos; Trump se pondrá bravo con Putin, amenazará con sanciones, luego lo perdonará y volverá con una propuesta que recoja sus exigencias”, dice la mujer, que recuerda que Rusia incluyó en su constitución las cuatro provincias Ucranianas de Luhansk, Donetsk, Zaporizha y Kherson. “El seguirá insistiendo que son suyas”, dice.
En un café-librería de Kyiv, Olia, de 18 años, sirve las infusiones a tres mujeres que han llegado temprano por la mañana. Se han sentado en el salón, cada una por su lado, como si estuvieran buscando refugio de las turbulencias que vive el país. El local parece más una biblioteca que un café ubicado en una de las calles más concurridas del centro. Cada una lee su libro y nadie parece querer hablar. “Yo tengo mucho miedo estos días porque siento que nos estamos jugando nuestro destino”, dice la joven, que asegura que padece ansiedad desde hace días.
“Los ataques son horribles, lo que pasó en Ternopil la semana pasada fue horrible -33 muertos en un ataque contra edificio residencial-, lo que ha pasado esta noche daba mucho miedo, pero ya estamos acostumbrados”, explica Olia, que apunta que Rusia es tan predecible que todos en Kyiv saben que la ciudad iba a ser fuertemente atacada esta semana. “Pero me preocupa más que si esto no acaba pronto, Rusia pueda acumular más armas y muchos más civiles y militares mueran. Esto sería uno de los peores resultados”, explica la joven, que resalta que la mayoría de la gente no quiere someterse a Rusia. Pero también hay mucha gente dispuesta a hacer cualquier cosa, o de cualquier modo, para detener ya la lucha, agrega. “Y me preocupa que en ese camino olviden que mucha gente ha dado la vida por Ucrania”, cuenta frente a la máquina de expreso. “Por eso tengo mucho más miedo que expectativas”.
Un ataque con drones ucraniano en el sur de Rusia habría dejado tres fallecidos en zonas residenciales
Rusia informó, por su parte, informó de tres fallecidos por un ataque de drones ucranianos contra la ciudad de Taganrog, en el sur del país, según informa Gonzalo Aragonés.
