Un alumno de 14 años disparó este lunes con un fusil de caza en el interior de una escuela de Aubagne, al este de Marsella, hiriendo en las piernas al director del centro y a una profesora.
Aunque a priori el incidente no parece tener relación alguna con las protestas estudiantiles de las últimas semanas, el ataque causó un fuerte impacto político porque se acumulan los casos de violencia en las aulas. El presidente Emmanuel Macron felicitó al personal de la escuela por su sangre fría -uno de sus miembros logró reducir al agresor hasta que llegó la policía- y dos ministros, los de Interior y de Educación, se desplazaron de inmediato a Aubagne.
El atacante camufló el arma dentro de un estuche de guitarra para entrar en el edificio del college (escuela intermedia) Joseph-Lakanal. El muchacho efectuó disparos en los espacios comunes de la primera planta, alcanzando al director y a la profesora heridos, aunque su vida no corre peligro. Luego se dirigió al segundo piso, entró en un aula en plena clase y disparó contra la pizarra. Las dos maestras y los alumnos vivieron momentos de pánico.
La fiscalía de Marsella abrió una investigación por intentos de asesinato, mientras que la policía procedió a un registro del domicilio de los padres del chico, que no tenía antecedentes.
Lo sucedido en Aubagne muestra de nuevo que la profesión de maestro entraña hoy serios riesgos en Francia, dado el aumento de las agresiones, en algunos casos mortales, como los varios atentados de carácter yihadista en los últimos años.
Toda la clase política reaccionó a los hechos. El candidato presidencial de La Francia Insumisa (LFI, izquierda radical), Jean-Luc Mélenchon, estimó que la edad del atacante “es una alarma sobre la circulación de armas” y “una alerta máxima sobre el abandono de medios a favor de la salud mental de los más jóvenes”. El presidente del ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN), Jordan Bardella, que se halla de visita en Ceuta, sí relacionó el caso de Aubagne con la revuelta estudiantil de las últimas semanas. Según él, “el envilecimiento de la sociedad no conoce ningún límite”, lo que hace necesario “un choque de autoridad”.
