El pequeño archipiélago de las Orcadas, que corona las islas británicas, cuenta con apenas 22.000 habitantes. De sus alrededor de 70 islas, solo 20 están habitadas. Su capital, Kirkwall, en la isla principal, concentra el mayor grueso de población, con 9.000 habitantes. Acostumbrada a vivir en la lejanía y en la escasez (hasta hace no mucho, una urgencia médica realmente grave tenía que ser atendida en Aberdeen, a más de una hora de avión o helicóptero), sus habitantes son muy cuidadosos a la hora de almacenar bienes, enseres y alimentos.
Aunque de vez en cuando se cometan errores. Es lo que sucedió en el Tesco (una cadena de supermercados) de la capital. Paula Clarke, la responsable del control de producto del comercio, pensó que había hecho un pedido de 380 kilos de plátanos para cubrir las necesidades locales.
Una tormenta impidió devolver el producto, y las Orcadas se plantearon qué hace con cuatro toneladas de plátanos maduros
En realidad, marcó mal en la casilla y pidió 380 cajas, no kilos, de plátanos. Cada caja transporta unas 100 unidades de plátanos y tiene un peso de unos 15 kilos. A Clarke no le llegaba la camisa al cuerpo cuando vio llegar, una tras otra, 380 cajas de plátanos con un peso total superior a las cuatro toneladas.

Clarke pensó en devolverlas a tierra firme, pero vivir en las Orcadas tiene sus particularidades. Por ejemplo, el capricho del clima. Una terrible tormenta azotó la isla para la entrega y ningún barco se movió del puerto. En consecuencia, cuatro toneladas de plátanos iniciaron su particular cuenta atrás en Kirkwall. Como saben todos los que conozcan la canción de Juanita Banana, a los plátanos les gusta el clima ecuatorial, por lo que nunca hay que meterlos en la nevera. Así que solo quedaba consumirlos o verles madurar en exceso.
Clarke prefirió lo primero a lo segundo. Así que anunció en las redes sociales de la tienda que todos los colegios, grupos comunitarios y colectivos sociales que lo desearan podían pasar por el establecimiento a recoger, completamente gratis, una caja de plátanos. Les citó este sábado por la mañana, y el anuncio fue un éxito. Incluso el club de fútbol local acudió en busca de su ración.
Clarke explicó a The Orcadian que la reunión se convirtió además en una intercambio de recetas, con múltiples y exitosas variaciones de cómo hacer el popular, en Gran Bretaña, banana bread. La biblioteca pública de las Orcadas —a cinco minutos andando del Tesco en cuestión— también puso a disposición del público sus libros de recetas para hacer bizcocho de plátano.
El martes ya quedaban pocas existencias de las casi cuatro toneladas de plátanos recibidas por error. Gracias a la mejoría del tiempo, se decidió acercar los restos al aeropuerto de Kirkwall, para que una avioneta trasladara los últimos plátanos a North Ronaldsay, la isla más al norte del archipiélago.
Para sus 60 habitantes censados, la llegada de dos o tres cajas de plátanos —200 o 300 unidades— supone un regalo absolutamente inesperado en un territorio tan recóndito que sus ovejas son famosas por no comer hierba, sino algas marinas. Y quizá, ahora, algún plátano que otro.

