Un terremoto de magnitud 7 sacudió el norte del Tíbet, en Nagqu, pasadas las 10.30 de la noche del jueves, hora local. Al menos 16 personas han muerto y otras 76 han resultado heridas -once de gravedad- a consecuencia del derrumbe de 339 casas. Afortunadamente, el epicentro del seísmo, en una zona poco habitada a 4.800 metros de altitud, limitó las consecuencias de la tremenda sacudida, con más de 400 réplicas registradas poco después de la salida del sol.
Aun así, unas 12.500 personas han tenido que ser desplazadas a zonas seguras, mientras prosiguen las labores de rescate y desescombro, con el refuerzo de trescientos policías y un número indeterminado de bomberos y equipos de emergencia.

Antes de su llegada, circularon vídeos en los que se veía a la gente de madrugada, con miedo a volver a sus casas y metida en coches o montando tiendas de campaña, debido a las bajas temperaturas a la intemperie, de 6 grados bajo cero.
“Nos acabábamos de acostar cuando de golpe la casa empezó a temblar, con objetos cayendo por todas partes”, explicaba una vecina en un vídeo difundido por Sina News. “Hemos salido corriendo sin tiempo siquiera de vestirnos. Me temblaban las piernas y cuando he llegado abajo estaba tan aterrorizada que he roto a llorar”. No todo el mundo estaba ya durmiendo, por lo también hay imágenes de gente saliendo a toda prisa de restaurantes. Así como de alacenas de supermercados barridas por el temblor.

El epicentro del temblor está concretamente a 190 kilómetros de Nagqu y a 390 de Lhasa, al norte de la región autónoma del Tíbet. En 2010, un terremoto de magnitud similar (7,1 grados) tuvo consecuencias mucho más dramáticas en la vecina provincia de Qinghai, también con abundante población tibetana, con un balance de 2.698 muertos y 300 desaparecidos. Este nuevo seísmo es el de mayor intensidad en China en casi tres años. En enero del año pasado, por otra parte, 126 personas murieron en otro terremoto, en el cantón tibetano de Tingri, cercano a Nepal.
El presidente Xi Jinping ya ha llamado a desplegar todos los esfuerzos posibles, tras reconocer “un número de víctimas importante”, sin dar cifras. El ejército, con trescientos soldados movilizados, cuenta con perros y drones de reconocimiento para intentar sortear el desafío que plantean los desperfectos en la red viaria y eléctrica.

Rejuvenecimiento
Xi Jinping llama a “una segunda Larga Marcha”, en el 90 aniversario de esta
El terremoto golpeó el Tíbet cuando habían pasado pocos minutos desde el final de la gran gala televisiva -emitida en siete canales nacionales- de conmemoración del 90 aniversario del final de la Larga Marcha, con un espectacular elenco de actores, bailarines y narradores. Horas antes, el presidente Xi Jinping había pronunciado un importante discurso en Pekín sobre aquel episodio histórico, en que las fuerzas del Partido Comunista de China (PCCh) evadieron el cerco de las tropas nacionalistas del Kuomintang de Chang Kai Chek, en un periplo de dos años y doce mil kilómetros, “en que cruzaron cien ríos y libraron seiscientas batallas”.
El 22 de octubre se celebra el reagrupamiento de las tres columnas del Ejército Rojo, en 1936, en el noroeste de China, con Mao Zedong y Zhou Enlai como figuras emergentes. De forma novedosa, Xi se refirió ayer al mérito de estos en eludir “el dogmatismo marxista” para llevar a buen puerto la Larga Marcha. En este sentido, en un guiño a Deng Xiaoping, Xi llamó a “buscar la verdad a partir de los hechos, partiendo siempre de la realidad”.
En aquel entonces todavía faltaban 13 años para la victoria final y la proclamación de la República Popular de China, en 1949, pero los sacrificios de la Larga Marcha son parte fundamental del mito fundador y de la legitimidad reclamada por el PCCh. Lejos de dormirse en los laureles, Xi Jinping llamó a emprender “una segunda Larga Marcha” con el objetivo de “rejuvenecer” a la nación y convertirla “en una potencia socialista moderna”, una vez logrado el objetivo de transformarla en “una sociedad relativamente próspera”.
Xi Jinping también se refirió al presente. “Estamos ante una situación internacional y nacional compleja y cambiante, debemos atrevernos a luchar y saber hacerlo. Debemos fortalecer la determinación, la fortaleza moral y la confianza de todo el Partido, las fuerzas armadas y los pueblos de todas las etnias; coordinar mejor el desarrollo y la seguridad; y estar preparados en todo momento para afrontar pruebas de gran envergadura, con vientos huracanados”.
En este sentido, el presidente chino llamó a acelerar “la transformación del Ejército Popular en unas fuerzas armadas de primer orden mundial”. Tampoco le vale cualquier “desarrollo”: “Debe realizarse en aras del pueblo, apoyarse en el pueblo y compartir sus frutos”. Xi, por último, llamó a reforzar “el Estado de derecho”. Aunque no hizo referencia alguna a su cruzada contra la corrupción, su rodillo no se detiene. Ayer mismo se divulgó que el primer teniente de alcalde de Pekín, Xia Linmao, ha sido suspendido y está siendo investigado “por infracciones graves”.

