Después de ponerle una alfombra roja anoche y saludarlo al aterrizar su avión, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha recibido de nuevo hoy en la Casa Blanca con mucha pompa a su homólogo chino, Xi Jinping, en una bienvenida que no regala ni a sus mejores aliados.
“Es un honor recibirle en Washington, hoy se convierte en el primer líder chino en realizar una segunda visita de Estado a EE.UU.”, ha destacado Trump en las declaraciones previas a la reunión, llenas de elogios, recordando su primera visita en el 2015, durante el mandato de Barack Obama. “Trabajando juntos, el presidente Xi y yo hemos logrado avances extraordinarios”, ha destacado, citando una tregua comercial acordada tras su propia escalada arancelaria, y ha avanzado que ambos van a hablar sobre “cuestiones urgentes relacionadas con la seguridad, la tecnología y la super inteligencia”, la expresión que Trump usa para referirse a la inteligencia artificial, para “promover la paz y prosperidad durante décadas”.
Por su parte, Xi ha señalado que, con su visita, busca “fortalecer la amistad, ampliar la cooperación y promover el bienestar” de ambos pueblos, que tienen la “responsabilidad histórica de impulsar el desarrollo y el progreso de la humanidad”. En este sentido, ha destacado la importancia de mantener una “relación constructiva”, con la que China y EE.UU. “fortalezcan la comunicación” y “dejen de lado las diferencias”.
“Debemos coexistir en paz”, ha añadido Xi, reiterando un mensaje habitual en él: “No debemos evitar la competencia, pero esta debe ser saludable y mantenerse dentro de unos límites”. En este sentido, ha llamado a una mayor cooperación entre los ejércitos de ambos países, que deben “mantener un diálogo regular” para poder “superar la trampa de Tucídides”. En su última reunión, el 14 de mayo en Pekín, Xi lanzó la misma advertencia, en alusión a la trampa según la cual una potencia hegemónica tiende al conflicto cuando se siente amenazada por otra emergente.
Para su primera visita de Estado en una década, Trump ha intentado igualar la fastuosa y pomposa ceremonia que le ofreció Xi en Pekín, pero el recluido espacio de la Casa Blanca no ha permitido que luciera tanto el espectáculo. Para esta ceremonia, que todavía dura, la Administración ha distribuido a 479 miembros de las Fuerzas Armadas y ha preparado una exhibición de banderas chinas y estadounidenses, el concierto de cuatro bandas militares y el sobrevuelo del bombardero más avanzado de EE.UU., el furtivo B-2.

Ambos líderes se encerrarán en el despacho oval y después en la sala de gabinete para hablar durante más de una hora sobre asuntos tan delicados como la relación comercial, la gobernanza de la inteligencia artificial o la guerra de Irán. Pero antes, el espectáculo debe continuar: tras un paseo por las instalaciones de la Casa Blanca, los presidentes y las primeras damas tienen previsto intercambiarse una serie de regalos en el jardín rosado, que era un bonito espacio vegetal hasta que Trump ordenó pavimentarlo.
“Se le ve fuerte, vibrante y en forma: mejor que nunca”, ha elogiado Trump esta mañana a Xi a través de una publicación en su plataforma, Truth Social. El mensaje ilustra una intención de ambas delegaciones con esta visita de Estado: mantener al margen sus fricciones y exhibir su débil détente, tanto comercial como geopolítica. Se espera en estos dos días mucho simbolismo y pocos anuncios concretos.
Cuatro meses después del viaje a Pekín, Trump llega a la reunión más debilitado, con las peores cifras de aprobación de su carrera política, incapaz de poner fin a la guerra de Irán y de poner un cerco a la inflación, con el precio del diésel en máximos históricos y a un mes y medio de las elecciones de mitad de mandato. Xi, que no se ha desgastado tanto por el camino, vuelve a la Casa Blanca once años después de su última visita a Obama con un papel más preponderante en el mundo, una gran inversión militar y tecnológica, y tras haber expandido su red de alianzas, llenando el vacío dejado por la Administración Trump.
Xi afirma que los dos países deben trabajar para garantizar que la IA esté “siempre bajo control humano yu al servicio del bienestar de la población”
El asunto de la guerra comercial entre ambos países estará en el centro de las reuniones de este jueves. Antes del encuentro, el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, anunció ayer que EE.UU. y China habían acordado prorrogar hasta el 10 de enero la tregua firmada hace un año, que iba a expirar en noviembre. Sin embargo, una tregua no es la paz y, según dijo Bessent, tan solo servirá para “ganar más tiempo”.
Después de una subida astronómica de aranceles, hasta más del 145% para las importaciones chinas de EE.UU., y la respuesta china con tipos del 125%, ambos países firmaron este alto el fuego tras la reunión de ambos mandatarios en Busan (Corea del Sur). La desescalada dejó los tipos generales alrededor del 30%, y el pacto llevó a Pekín a comprometerse a frenar el flujo de sustancias químicas utilizadas para fabricar fentanilo, a reanudar las compras de soja estadounidense y a levantar sus restricciones a las exportaciones de tierras raras hacia EE.UU., aunque en la práctica estas han seguido en descenso en el último año.
La ampliación de la tregua será, con toda probabilidad, el mayor avance de esta visita de estado. También estará en el menú la inteligencia artificial. Antes de la reunión, el presidente ha dicho que este va a ser “un gran tema de debate”, pero ha insistido en su posición después de que los líderes de empresas punteras de IA pidieran un frenazo de su desarrollo: “Quiero dejarla exactamente donde está, y esa es también la posición de China”. Por su parte, Xi ha dicho que ambos países deben trabajar para “garantizar que su desarrollo esté siempre bajo control humano y al servicio del bienestar de la población”.
Por la noche, Trump deleitará a la delegación china con una cena de Estado, a la que, según lamentó la semana pasada, “muchos muy buenos amigos” del mandatario finalmente no asistirán porque “no pueden venir” a este codiciado evento. En él figuran como invitados los principales magnates de empresas tecnológicas estadounidenses: Jensen Huang (Nvidia), Sam Altman (OpenAI), Jeff Bezos (Amazon), Elon Musk (Tesla y SpaceX), Sundar Pichai (Alphabet), Tim Cook (Apple), Satya Nadella (Microsoft) o Michael Dell (Dell Technologies), entre otros. Del lado chino, no hay todavía una confirmación de que vayan a acudir altos ejecutivos, que sí estuvieron presentes en la cena de Estado celebrada en Pekín.

