La historia de una mujer de 70 años en Argentina que recuperó sus bitcoin perdidos

  • La recuperación a su bóveda de bitcoin sucedió tras una sesión por Zoom.

  • La restauración se logró sin visualizar información sensible, aplicando acompañamiento.

Este artículo fue escrito por Matías Mathey. El autor posee un diplomado en criptoeconomía, es experto universitario en blockchain, DeFi, NFT y auto custodia. Además, es speaker en {(₿)} Bitcoin.ar, educador en Librería de Satoshi (B4OS) y partner oficial de Liana Wallet (billetera para herencias).
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Hace unos días, Gabi (Gabriela Battiato parte del equipo de la ONG {(₿)} Bitcoin.ar) me pidió sumarme a una reunión con una mujer de 70 años que estaba convencida de haber perdido el acceso a los satoshis que custodiaba en su Trezor T.

Para ella, la situación era definitiva. Para su familia, un golpe emocional difícil de procesar. Y para quienes la acompañaban, una incertidumbre total sobre qué había ocurrido y cómo revertirlo. 

Mi manera de abordar este tipo de situaciones parte de un principio fundamental: cada persona, familia o institución tiene un mapa propio.

Ese mapa incluye su estructura patrimonial, su nivel técnico, su historia previa con herramientas digitales, sus riesgos particulares, su forma de pensar, su relación con la tecnología, sus dinámicas personales y, en algunos casos, la presencia de posibles herederos. La auto custodia no es solo un procedimiento, sino un reflejo de cómo cada persona entiende y administra su patrimonio. 

Por eso, en este ámbito no existe una única receta. Cada caso requiere una lectura profunda del contexto para poder diseñar una solución que realmente funcione. Y esto demanda habilidades que van mucho más allá del conocimiento técnico.

Hablamos de experiencia operativa, criterios patrimoniales, análisis de riesgos, escucha activa, comunicación efectiva, visión modular, dominio de hardware wallets y, sobre todo, ética profesional y neutralidad absoluta. El objetivo no es impresionar, sino acompañar y resolver. 

Un rompecabezas armado en medio del caos emocional

La sesión ocurrió por Zoom. No hubo pantallas compartidas, ni capturas, ni exposición de información sensible. Solo diálogo, método y paciencia.

La cliente estaba emocionalmente desbordada: cada intento fallido de restauración había aumentado su angustia y la de su entorno. Lo primero era contener, entender y calmar. Lo segundo, reconstruir. 

Mi estrategia fue recorrer con ella cada rincón del entorno de Trezor Suite, casi como si estuviéramos realizando arqueología digital. El objetivo era doble: detectar cualquier pista que pudiera estar escondida a simple vista y ayudarla a rememorar su proceso inicial de configuración, porque la memoria, especialmente en momentos de estrés, suele fragmentarse y bloquearse. 

En ese recorrido apareció un patrón que se repite con más frecuencia de la que se reconoce públicamente: la famosa passphrase o “palabra 13”. Le pregunté muchas veces —y de diferentes maneras— si había utilizado alguna passphrase adicional al crear su bóveda. Su respuesta siempre fue “no”. Para ella, estaba segura de que no la había usado. 

Sin embargo, cuando llegamos al apartado “Frase de contraseña” dentro de Trezor Suite, noté un desajuste conceptual: para ella, “passphrase” y “frase de contraseña” no eran lo mismo. El lenguaje técnico había creado una barrera mental. La semántica había jugado en contra de la memoria. 

Revisando su material, encontramos una frase anotada con otro nombre. No estaba marcada como clave, ni como parte de su seguridad, ni como algo importante. Era simplemente una anotación aislada según su propia percepción. Pero a nivel técnico, todo indicaba que podía ser la pieza perdida. 

La hipótesis empezaba a tomar forma: esa frase no era un apunte casual, era la passphrase

Decidimos probar. Restauramos la bóveda combinando sus 12 palabras iniciales con esa frase escrita “sin etiqueta técnica”. 

Funcionó. 

La bóveda correcta apareció. Los fondos estaban intactos. El alivio fue inmediato y la tensión acumulada durante días se desvaneció en segundos. 

Bitcoin no es solo tecnología: es mucho más

Este caso terminó bien, pero podría haber tenido un desenlace trágico por un simple matiz semántico. La passphrase estaba allí, escrita, pero no identificada como tal. Un detalle mínimo capaz de marcar la diferencia entre recuperar o perderlo todo. 

Esa delgada línea es exactamente el motivo por el que debemos hablar más de educación, de herencias, de procedimientos claros, de auditorías de auto custodia y de acompañamiento profesional. Bitcoin te da soberanía, pero la soberanía sin guía puede transformarse en fragilidad. 

Estas experiencias, estos “rompecabezas a ciegas” y estas historias reales nos recuerdan que detrás de cada hardware wallet hay seres humanos. Y que la confianza —la que se construye en comunidad y con profesionales preparados— sigue siendo una de las mejores capas de seguridad que existen.


Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias. La opinión del autor es a título informativo y en ninguna circunstancia constituye una recomendación de inversión ni asesoría financiera.

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