Respuesta contundente de Pekín a la mayoría de dos tercios que los electores japoneses le dieron hace quince días al Partido Liberal Demócratico (PLD). China prohíbe con efectos inmediatos la exportación de materiales y productos de doble uso a veinte multinacionales niponas con el objetivo explícito de “frenar los planes de rearme y ambiciones nucleares” de la primera ministra Sanae Takaichi. Otras veinte firmas eluden de momento el veto, pero estarán sujetas desde ahora a un mayor control.
Las nuevas directrices, publicadas en la web del ministerio de comercio de China, afectan a la exportación de tierras raras, minerales críticos, sensores, baterías, imanes y otros productos vitales para la industria de defensa o aeroespacial. Las consecuencias no se han hecho esperar en la cotización de las empresas en cuestión, como la filiales de industria pesada de Mitsubishi (-3,1%) y Kawasaki (-4%), así como Subaru (-3,5%), TDK o Fuji (aeronáutica). Estas dos últimas se encuentran, de hecho, en la listas de firmas sujetas a mayores controles pero todavía no vetadas por Pekín.
La normativa prohíbe igualmente que empresas o individuos de terceros países reexporten los materiales y tecnologías citadas, de origen chino, a dichas entidades. Junto a una mayoría de multinacionales, hay también algunos organismos oficiales, como la Agencia Espacial Japonesa. Aunque en enero Pekín ya emitió una prohibición genérica a las exportaciones a Japón de materiales y tecnologías de doble uso civil y militar, este lunes le ha puesto nombre y apellidos a varios de los posibles destinatarios, para no dejar margen de dudas. Si las relaciones políticas siguen deteriorándose, dicha lista podría ir creciendo, a la luz de lo sucedido el año pasado con firmas de EE.UU., al hilo del pulso arancelario de Donald Trump.

El ministerio de Comercio chino considera que las medidas son “completamente legítimas, razonables y legales” y en línea “con los compromisos de no proliferación nuclear”. Por otro lado, asegura que los intercambios ordinarios no se verán afectados: “Las firmas japonesas respetuosas con la ley y que actúen de buena fe no tienen nada que temer”. Sin embargo, Noriyuki Kawamura, economista de la Universidad de Nagoya, señala que varias empresas japonesas se enfrentan ya a retrasos en la obtención de permisos para sus suministros procedentes de China, “cosa que podría agravarse y convertirse en un duro golpe”.
Aunque gran parte de Asia fue víctima del militarismo japonés desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, en ningún lugar dejó este tantos millones de muertos como en China. En 1895, el Imperio Japonés le arrebató Taiwán (luego Manchuria). Tras la capitulación de 1945, la isla citada fue cedida por EE.UU. al Kuomintang, que terminó perdiendo la guerra civil china frente a los comunistas.
El pasado otoño, la primera ministra Sanae Takaichi amagó con una intervención militar japonesa, en caso de conflicto entre las dos Chinas. Una “injerencia” que desencadenó la ira de Pekín e hizo caer en barrena las relaciones entre las dos potencias asiáticas. Sin embargo, Takaichi no se desdijo sino que anunció un aumento del gasto militar y convocó elecciones anticipadas, en las que fue premiada este mes con el mejor resultado en escaños de la historia del PLD.
Descenso en bolsa
Mitsubishi, Subaru, Kawasaki, Fuji o TDK, entre las firmas afectadas
Su fortaleza frente a Xi Jinping va aparejada a su debilidad frente a Donald Trump. A pesar del estancamiento de la economía japonesa, el presidente de EE.UU. arrancó de Takaichi un compromiso de inversiones japonesas de 550.000 millones de dólares en proyectos estratégicos en territorio estadounidense. A cambio, Trump reducía graciosamente del 25% al 15% los aranceles a los productos japoneses.
Aunque hace cuatro días el Tribunal Supremo de EE.UU. borró de un plumazo el cesarismo arancelario del presidente Trump, el ministerio de Comercio de Japón se ha apresurado a asegurar que nada cambia en su trato con Washington, con tres macroinversiones ya en la línea de salida: una megacentral de gas para alimentar centrales de datos; una terminal petrolera y una fábrica de diamantes falsos.
Cabe decir, por último, que el gobierno chino va a la zaga de los sentimientos de sus propios ciudadanos. Miles de vuelos entre China y Japón han sido cancelados en los últimos meses por retraimiento de la demanda y Corea del Sur ha sustituido a Japón como destino favorito de los turistas chinos, que también están regresando con fuerza a Tailandia.
Mientras el eje Washington-Tokio se mantiene imperturbable, tras más de ochenta años, la relación de EE.UU. con sus socios atlánticos se resiente tras un año de órdagos. De ahí que el canciller de Alemania, Friedrich Merz, empieza este miércoles una visita oficial de dos días a China, en la senda de Pedro Sánchez, Emmanuel Macron o Mark Carney. Este último, primer ministro de Canadá, con la dificultad añadida de resetear una relación que la politización de su predecesor, Justin Trudeau, había dejado por los suelos. Lo mismo sucedió en India, donde el mismo Carney aterriza este miércoles.

