La historia nunca se repite, pero la pulsión dictatorial, sí, y el humor por desnudarla, también. El checo Josef Čapek caricaturizó la Europa convulsa de los treinta. Su redescubrimiento no dibuja el mundo de ayer. Dibuja el de hoy

No es un chiste. El 72% de la población mundial vive hoy en países autocráticos (en el 2004 era el 49%), y sólo el 28% vive en democracias (en el 2004 era el 51%). Así lo certifica el informe 2025 del V-Dem Institute, que depende de la Universidad de Göteborg.
En este contexto tan esperanzador , la editorial El Nadir acaba de rescatar una joya antitotalitaria: el humor gráfico del dibujante, escritor, escenógrafo y pintor checo Josef Čapek [que en 1922 había ilustrado el primer cuento de hadas del futbol europeo].
Publicado en 1937 y olvidado durante ocho décadas, el libro de caricaturas Las botas del dictador es una concisa y exacta alegoría sobre la tentación del poder absoluto protagonizada por dos botas. ¿Quién las calza?
“Nadie –escribe el editor, René Parra–, ellas hacen en realidad al dictador, solo la ignorancia de unos, la complicidad de otros, prestos a sacarles brillo, dan cuerpo a un gran vacío, simple muerte enmascarada”.
La reedición de Las botas del dictador incluye otras caricaturas antinazis de Čapek dibujadas entre 1933 y 1938, año en que el Tercer Reich devoró Checoslovaquia y hundió la patera vanguardista: el ascenso de Hitler había convertido Praga en una balsa donde se agarraban muchos náufragos de Weimar. Una patera de modernidad. Fue Josef Čapek quien bautizó al humanoide mecánico: su hermano Karel no sabía cómo llamar a los obreros artificiales en su obra de teatro distópica R.U.R. y Josef se lo dijo: “Llámalos robots” [de la palabra robota , trabajo forzado].
La historia nunca se repite, pero las botas del dictador, siempre, con todas sus distopías y pactos contra natura, como el Ribbentrop-Mólotov: nazis y soviets repartiéndose el este de Europa al inicio de la guerra. Hoy la distopía es la fascinación del presidente de EE.UU. por Putin y Kim Jong Un.
“Es probable que la Historia avance con botas altas”, afirma Čapek en una caricatura ilustrada con las dos botas pisoteando a la masa de súbditos: cuadra perfectamente con el decepcionante resultado de las últimas elecciones locales en Corea del Norte, hace tres años, donde el partido de Kim Jong Un obtuvo su peor resultado desde 1956: ganó con solo el 99,91% de los votos.

No es un chiste: en diciembre del 2021 -en el décimo aniversario de la muerte de su padre– el dictador prohibió contar chistes y reír durante once días en toda la República Popular.
“Nacieron -como tantas otras cosas- del caos”, escribe el caricaturista bajo dos botas que desatan la locura, dibujo que podría ilustrar hoy los volantazos y caos de Trump por el mundo.

“¡Eh! Que ya fui despedazado una vez… ¡en vida!”, se queja, en pleno bombardeo, el cadáver de una víctima mortal de una guerra anterior. Son estratos de un fracaso: cavando trincheras para contener la invasión rusa, los ucranianos se han topado hoy con fosas comunes de las dos Guerras Mundiales.

“¿Quién ganará?”, se pregunta Čapek dibujando un escuadrón de aviones que persiguen a la paloma de la paz como Trump persigue obsesivamente hoy el premio Nobel de la Paz.

“La tarea de pacificación avanza…”, comenta un general observando el bombardeo aéreo de una ciudad . El título desprende un aire a render inmobiliario en Mariupol o en Gaza: “Mercancías por puerto franco”.
Desprende un aire a la fiesta con la que los rusos inauguraron en Fin de Año la reconstrucción del Teatro Dramático de Mariupol, la tumba de un millar de civiles ucranianos: lo celebraron con un baile discotequero. Un aire a spas y casinos sobre las ruinas de Gaza: “Vamos a poder demoler todas las áreas allí y prepararlas para un renacimiento”, reiteró hace unos días Steve Witkoff, enviado especial de Trump para Oriente Medio.

En otro cartoon , el caricaturista checo dispara contra la pureza racial y biológica que se enseña en las escuelas del Tercer Reich: una manada de escolares arrojan piedras contra un judío.

¿La paradoja de esta caricatura contra el racismo? El antinazi Josef Čapek, que murió en el campo de exterminio de Bergen-Belsen con la guerra prácticamente terminada, dibuja al judío con los rasgos despectivos que los nazis –y no sólo ellos– atribuían a los judíos.
Todo, incluso el antifascismo, tiene ángulos muertos.
[PD. Dos joyas más de la editorial El Nadir: Bluff. La muerte de un dibujante, de René Parra,y El manga de los cuatro inmigrantes, de Henry Kiyama, una novela gráfica pionera -1930- de un inmigrante japonés en California]

