Vivienda y tabú

El jueves de la semana pasada, PSC y Comuns pactaron una medida destinada a facilitar el acceso a la vivienda por parte de los particulares: la aprobación de una ley que limite drásticamente la compra de vivien­das para especular, es decir, revender. Concretamente, quien ya sea propietario de más de cuatro viviendas sólo podrá comprar edificios enteros para dedicarlos a alquiler estable. Esta medida se sumará a otras en vigor que responden al lema “Acabemos con el negocio de la vivienda”, del Sindicat de Llogateres.

La medida, que tardará unos meses en materializarse, parece ya innecesaria, dado que las personas jurídicas están vendiendo más viviendas en Cataluña que las que están comprando, según constataba el pasado miércoles el Colegio de Notarios. Para esta institución “se está generando el efecto contrario al que se busca”, y el principal problema del mercado inmobiliario no serían los especuladores –que ya se están marchando–, sino la poca oferta y un transporte público poco fiable.

El problema de fondo que se evita señalar es el crecimiento demográfico

¿Qué podemos decir al respecto desde los más elementales conocimientos de economía y desde el más elemental sentido común? Ante todo, que la especulación siempre es consecuencia de la escasez, y no lo contrario. No se especula con los áridos salvo en situaciones excepcionales, pero siempre se especula con el oro. No se especula con el trigo salvo cuando Rusia invade Ucrania o en circunstancias igualmente excepcionales. Perseguir la especulación y los especuladores puede tener algún efecto beneficioso, pero el producto seguirá siendo escaso. En el caso de Catalunya, una vez que haya abandonado el último especulador, seguirá habiendo el mismo número de personas que necesitan una vivienda y el mismo número de viviendas, y el primero seguirá siendo más alto que el segundo. Porque el problema no es jurídico, sino aritmético.

¿Tienen, pues, razón los notarios y el problema es de falta de oferta y de transporte público? Obviamente, la construcción mejora la situación y el transporte permite que esta tenga lugar en más espacio. Pero el problema de fondo tampoco es este. Tanto las izquierdas como los notarios evitan señalar el problema de fondo: el crecimiento demográfico. En el 2000, cuando éramos 6,2 millones de catalanes y la región metropolitana acogía 4,3 millones, hablábamos de los problemas de la vivienda, pero ahora sabemos que no era un problema real. Ahora sí que lo es porque somos 8,2 millones, de los cuales más de 5,2 en la metrópoli. ¿Por qué no hablan de ello? Porque la demografía está gobernada por la inmigración, y para muchos, cualquier cosa que la cuestione es todavía un tabú.

¿Construir? Si seguimos creciendo al ritmo actual (por encima de un increíble 1%), es impensable construir lo suficiente como para satisfacer la demanda. Si queremos afrontar el problema de la vivienda debemos dejarnos de tabúes, detener el crecimiento demográfico y dedicar los próximos 25 años a gestionar el enorme problema que hemos creado.

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