La Unión Europea aplicará provisionalmente el pacto comercial de Mercosur después de que Argentina y Uruguay se hayan convertido en los primeros países suramericanos en ratificar el acuerdo de asociación. Pese al enfado público del mandatario francés, Emmanuel Macron, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo ha anunciado este viernes, destacando que se trata de una aplicación temporal hasta que el Parlamento Europeo dé su pleno consentimiento.
La conservadora alemana desafía así tanto a Francia como a la Eurocámara, que había paralizado la tramitación del acuerdo al impugnarlo ante la justicia europea a finales de enero, lo que podía retrasar hasta dos años su aplicación justo cuando Europa necesita desesperadamente nuevos socios comerciales para combatir el efecto de los aranceles estadounidenses y la dependencia de las materias críticas chinas.
Los Veintisiete ya dieron su visto bueno a la aplicación provisional al aceptar el acuerdo
“Durante las últimas semanas, he debatido este tema en profundidad con los Estados miembros y con los diputados al Parlamento Europeo. Sobre esta base, la Comisión procederá ahora a la aplicación provisional”, ha defendido Von der Leyen en una declaración en el Ejecutivo comunitario. Lo ha hecho tras comunicarlo a los líderes de los grupos parlamentarios. Como tanto el Partido Popular Europeo (PPE) como los socialdemócratas están a favor de que la Comisión lo aplique provisionalmente, la ruptura con la Eurocámara no es tan drástica.
La decisión ha sido madurada en las últimas semanas, tras escuchar a varios países que, como España o Alemania, pedían a Bruselas que siguiese adelante sin esperar a que el Tribunal de Justicia de la UE se pronuncie. “En un mundo más incierto, Europa no puede permitirse quedarse atrás. El acuerdo con Mercosur es un gran paso en la hoja de ruta de la UE para ser más autónoma y resiliente”, ha celebrado el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo.
En cambio, Francia, el principal opositor del pacto, está furiosa: una portavoz gubernamental había advertido que, de seguir adelante con esta idea, Bruselas incurriría en una “violación democrática”. “Para Francia, es una sorpresa, una mala sorpresa, y para el Parlamento Europeo, es una falta de respeto”, ha criticado el presidente francés, Emmanuel Macron.
Ante este previsible descontento, la presidenta del Ejecutivo comunitario quería ser cuidadosa y esperar a que lo hiciesen antes los países suramericanos. De momento, el acuerdo solo entrará en su aplicación provisional con los países que lo han ratificado, Argentina y Uruguay, a la espera de que el resto —Brasil y Paraguay— lo hagan pronto. La aplicación comenzará el primer día del segundo mes tras la fecha en que la UE y Uruguay (el primer país en ratificarlo) intercambien comunicados verbales.
Los partidarios de llevar el acuerdo ante la justicia lo argumentaron diciendo que lo hacían porque, tal y como está formulado el acuerdo, no cumple los tratados comunitarios. En concreto, querían que se pronunciase sobre si el pacto puede aplicarse antes de su ratificación plena por todos los Estados miembros y si sus disposiciones afectan a la capacidad de la UE para establecer políticas medioambientales y de salud para los consumidores. Pero en la práctica, buscaban retrasar la aplicación del acuerdo, que podría terminar certificando su final.
Von der Leyen se mueve gracias a que, cuando los Veintisiete aprobaron por mayoría cualificada el acuerdo, también aprobaron su aplicación provisional. La paradoja es que el recurso ante el Tribunal permite aplicarlo provisionalmente sin este consentimiento y sin que los Estados miembros realicen sus ratificaciones parlamentarias, tal y como sucede con el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) entre la UE y Canadá, en vigor provisionalmente desde septiembre de 2017.
La Comisión defiende el movimiento por una cuestión de “urgencia geostratégica”
Preguntado por el choque con el Parlamento, el portavoz comunitario de Comercio, Olof Gill, ha considerado que este paso es necesario por una cuestión de “urgencia geostratégica”. “Si esperamos, otros pueden adelantarnos. No podemos permitir que eso suceda en el contexto geopolítico actual, además de que se trata de una importante señal política de que la UE cumple los compromisos que adquiere en sus asociaciones —ha puntualizado—. Cualquier retraso adicional supondría un riesgo de debilitar tanto nuestra posición económica como nuestra influencia política”.
Europa se está moviendo rápidamente para encontrar alianzas. Ya ha cerrado un pacto similar con la India, y ahora está ultimando otro con Australia. El pacto con Mercosur fue firmado en enero, tras más de 26 años de negociaciones, para crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo. Supone el mayor en términos de reducción arancelaria, al eliminar 4.000 millones de euros de gravámenes sobre sus exportaciones y crear un mercado conjunto de más de 700 millones de consumidores y cerca del 25% del PIB global. Según las cifras de Bruselas, impulsará en un 39% las exportaciones anuales a Mercosur (por un valor de 49.000 millones de euros).
