El riesgo de electrificar

Me llama poderosamente la atención que, en el fragor de la crisis en Oriente Medio, haya pasado casi desapercibido que el Gobierno incluyó en su decreto anticrisis nuevas medidas para impulsar el coche eléctrico, las energías renovables y el autoconsumo. Es otro ejemplo más de su apuesta por electrificar la economía, que se presenta como la única alternativa posible para reducir la huella de carbono y reforzar la autonomía estratégica del país.

Pensar que las renovables van a producir toda la energía que necesitamos me parece –y lo digo con preocupación– un planteamiento ingenuo y arriesgado. Primero, porque el petróleo y el gas seguirán siendo imprescindibles para el transporte, la industria y la fabricación de multitud de productos. Y segundo, porque nos dejaría en manos de China, que controla casi por completo la fabricación de componentes para este sector.

Pensar que las renovables producirán toda la energía que necesitamos es ingenuo

Si seguimos centrándonos únicamente en electrificar la economía, simplemente lograremos cambiar una dependencia por otra. Con el petróleo y el gas, España cuenta al menos con una cartera diversificada de proveedores, con países como Estados Unidos, Argelia, Brasil o México. Pero en la industria renovable la situación es diferente: China tiene el monopolio sobre el refinado de las tierras raras y otros muchos minerales críticos que se utilizan para fabricar placas solares, aerogeneradores y baterías eléctricas.

Las cifras son incontestables: China refina el 90% de las tierras raras, el 65% del cobalto y el 60% del litio, una posición de dominio muy superior a la de la OPEP, que controla el 40% de la producción de petróleo. Y la ambición del Gobierno chino no se detiene aquí: su objetivo es producir el 70% de los recursos necesarios para manufacturar baterías avanzadas, productos de alta tecnología y semiconductores, lo que le permitiría lograr una hegemonía industrial incontestable.

El riesgo es que Pekín utilice esta posición de dominio como herramienta de presión, restringiendo las exportaciones según convenga a sus intereses. Esto supone que, en una crisis arancelaria con la UE, China podría limitar o prohibir la exportación de tecnología, minerales críticos y los componentes que nuestra industria necesita. Algunos ya empiezan a tener claro el peligro que China supone. Ese es el caso del Gobierno británico, que acaba de prohibir la construcción de una planta de aerogeneradores en Escocia por parte de un fabricante chino, al considerar que su tecnología y productos suponen una amenaza para la seguridad nacional.

Creo sinceramente que España no puede seguir diseñando su política energética sin tener en cuenta la realidad geopolítica, basándose solo en criterios ideológicos. La alternativa más sensata es diversificar: combinar diferentes fuentes de energía para garantizar el suministro seguro a la sociedad. Apostar exclusivamente por las renovables, mientras se margina al resto de energías, puede suponer poner en peligro el futuro de la economía española.

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