Crear belleza contra la tiranía

Ece Temelkuran lleva casi toda su vida tratando de entender el mundo. Era periodista a los 19 años y a los 29 escribía una de las columnas políticas más importantes de Turquía. En 2016, después del fallido golpe de Estado contra el presidente Erdogan, tuvo que exiliarse. De aquella experiencia salió el ensayo Cómo perder un país , al que siguió Juntos , libros publicados en Anagrama y a los que ahora se une Nación de extraños, donde nos habla de cómo reconstruir nuestro hogar en el siglo XXI.

“La mayoría de nosotros no tenemos un hogar”, me aseguraba hace unos días en una sala del CCCB, durante una pausa en una larga jornada de diálogos que impulsa la Universidad de Georgetown. “No me refiero solo a un hogar físico –añadió–, sino a ese lugar donde las personas te sostienen aunque tengan las manos ocupadas”. “La verdad –admite– es que estamos exhaustos. No tenemos a dónde ir y sentirnos acogidos”.

Ece Temelkuran, en el CCCB, institución a la que volverá el 20 de abril 
Ece Temelkuran, en el CCCB, institución a la que volverá el 20 de abril CCCB, 2025 /CC BY-NC-SA Glòria Solsona

A ella no le gusta la palabra exilio. Prefiere definir su situación como la de alguien a quien le falta un hogar porque no siente que las instituciones políticas y económicas la representen. “La mayoría de nosotros nos sentimos así, sin representación, sin hogar”, asegura.

Han pasado 15 años desde los movimientos sociales que ocuparon el centro de muchas ciudades occidentales bajo el lema “Somos el 99%”, es decir, todo el mundo salvo el 1% más rico. De aquellas protestas surgieron varios proyectos políticos para una nueva izquierda, que hoy son poco relevantes ante el auge del populismo.

“No hay movimientos sociales en la alta política –afirma Temelkuran–. El hombre no interesa a los que diseñan el futuro porque saben que la tecnología nos trae un mañana menos humano”.

Las guerras y las crisis de todo tipo transmiten la convicción de que el mundo se nos escapa de las manos. “Estamos tan agotados y desconcertados, que no queremos entender ni sentir nada”, dice Temelkuran. “Y esto es, precisamente, lo que hacen las personas desplazadas, no sentir nada y no tratar de entender la crueldad que encuentran a su paso”.

Los migrantes que cruzan mares y desiertos camino del norte no se permiten el lujo de la política y los sentimientos. Viven en la acción permanente y exclusiva de sobrevivir.

Es esta acción la que Temelkuran echa de menos en las sociedades democráticas. ¿Cómo podemos pasar del agotamiento y el miedo que nos paraliza al movimiento que debemos iniciar para frenar el declive de la democracia y el auge de las tiranías?

Temelkuran critica que el ser humano no tenga espacio en la alta política, donde sí lo tiene la tecnología

Esta es la pregunta que da pie a Nación de extraños. Para Temelkuran la respuesta es urgente porque “todo el mundo, más pronto que tarde, deberá enfrentarse al duro reto que plantea la moral de la supervivencia”.

¿Qué estaremos dispuestos a hacer y aceptar para sobrevivir? Las autocracias ofrecen confort a cambio de libertades y más y más jóvenes en las democracias liberales aceptan el intercambio.

“La amistad, la solidaridad entre extraños, es una gran fuerza política” asegura Temelkuran

La tentación del autoritarismo es tan grande que Temelkuran cree que solo podrá evitarse con una revolución moral que se apoye en la amistad y la belleza. “La amistad, esa solidaridad entre extraños que vimos en las calles de Mineápolis y de otras ciudades durante las redadas contra los inmigrantes, es una gran fuerza política. Allí estaba claro que nadie tenía un hogar hasta que todos estuvieran en el suyo.”

Temelkuran aprecia la belleza de las acciones solidarias. Asegura que “no sabemos lo bellos que somos porque no se nos permite serlo”. Sin embargo, “la belleza está en nosotros, en la empatía que sentimos hacia los extraños.”

Hablamos de belleza y de fe en la persona y, sin saber muy bien porqué, menciono Mardin, una ciudad preciosa de Anatolia que sufrió el genocidio armenio, y a Ece Temelkuran se le humedecen los ojos. “Ver el amanecer desde allí es entender muy bien lo hermosa que puede ser la vida”, dice.

Por eso llama a “crear belleza contra la inmoralidad en la que estamos obligados a vivir. Ha llegado la hora de la belleza. Ella nos ayudará a superar la soledad y la impotencia”.

Hace diez años que Ece Temelkuran no pisa Turquía y esta ausencia tan dolorosa le lleva a buscar un hogar en compañía de extraños, de personas por las que poder sentir compasión. “Los creyentes perdonan a Dios todos los días y yo perdono a las personas. Me hace sentir bien”.

Está convencida de que la amistad es una fuerza política capaz de superar “la moralidad neoliberal”, aquella que incide en el individualismo, en la idea de que nadie nunca hará nada por nosotros. “El sistema nos dice que debemos ser egoístas y autosuficientes. Por eso estamos en modo supervivencia, apostando por la fuerza y la seguridad, pasando un duelo anticipado por lo que tememos perder.”

Para cambiar lo que parece imposible de cambiar, Temelkuran cree que “primero debemos aceptar que nada volverá a ser como antes y, después, utilizar la belleza de cada uno de nosotros como motor de cambio”.

Idealismo frente a realismo

Ece Temelkuran ya no quiere explicar cómo funciona el mundo. Lleva toda su vida intentándolo y no cree que este esfuerzo intelectual valga la pena. Mucho más útil es hacerlo habitable. Los pensadores que la acompañaron en la última edición de los Diálogos de Georgetown en el CCCB, personas como Pankaj Mishra, Maria Stepánova o Juan Grabriel Vásquez, de alguna manera le dieron la razón. Si pasamos de lo global a lo particular, de la historia y la geopolítica, es decir del realismo al idealismo, y nos colocamos en el centro de este nuevo paradigma para preguntarnos qué hacemos aquí, entonces todo cambia. Desde la reflexión y la experiencia personal, como demuestra Temelkuran, es posible crear un mundo diferente, y pone un ejemplo concreto y estimulante: una Constitución para una nueva Europa escrita, no por los viejos europeos, sino por los nuevos, los recién llegados, los que “son testigos desnudos” de nuestra sociedad

Xavier Mas de Xaxàs Faus

Corresponsal diplomático de La Vanguardia. Ha cubierto los principales acontecimientos internacionales desde la caída del muro de Berlín y numerosos conflictos en especial en Oriente Próximo. Como corresponsal en EE.UU. fue testigo del 11-S

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