Victoria política incontestable de Péter Magyar en Bruselas. El nuevo primer ministro húngaro, en su estreno en la capital comunitaria como mandatario, regresa exultante a Budapest con el anuncio del desbloqueo de 16.400 millones de fondos europeos, congelados hasta ahora por las políticas autoritarias de Viktor Orbán, apenas tres semanas después de tomar posesión del cargo.
“Si cada vez que vengo me voy con esta cantidad de dinero, vendré más a menudo”, bromeó el popular europeo, muy sonriente, compareciendo junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, encantada con la situación. La alemana celebró los “avances” que ha llevado a cabo el Gobierno de Magyar en el poco tiempo que lleva al frente de Hungría y defendió que, pese a que “han pasado pocas semanas”, “ya podemos sentir un fuerte viento de cambio en la lucha contra la corrupción, al poner en marcha la recuperación económica y en la restauración del Estado de derecho”.
Bruselas le puso la alfombra roja al líder de Tisza, que representa un alivio para la capital comunitaria después de dieciséis años de choques constantes con Orbán. El anuncio, por lo tanto, supone poner el sello oficial al reinicio de las relaciones con Hungría, que oficialmente deja de ser el socio díscolo de la UE y es abrazado por los brazos abiertos por la Comisión de Von der Leyen, visiblemente contenta al lado del nuevo miembro del Consejo Europeo. No solo eso: Hungría está oficialmente de vuelta al programa Erasmus y se adherirá a la Fiscalía europea, que podrá volver a investigar al país.
El dinero desbloqueado forma parte de diferentes partidas. La mayor parte, de 10.000 millones de euros, se encuentra dentro de los fondos del plan de recuperación tras la pandemia, más otros 4.200 millones de fondos de cohesión y otros 2.200 millones en fondos vinculados a la libertad académica. Se trata de una cantidad algo menor de los 18.000 que pretendía descongelar Magyar, todas una serie de partidas por procedimientos iniciados contra algunas de las medidas más controvertidas de Orbán contra los derechos LGTBI+, el Estado de derecho, corrupción y algunos conflictos de interés. “Hemos peleado por cada céntimo”, indicó Magyar.

Hay algunos fondos que siguen paralizados. Por ejemplo, 500 millones relacionados con los derechos de las personas LGTBI+.Hungría deberá, por orden del Tribunal de Justicia de la UE, derogar las controvertidas leyes que vetaban en el espacio público mención a la diversidad sexual. La policía de Hungría ha dicho no tener “ningún motivo” para prohibir el desfile del Orgullo este año, una señal de que las cosas podrían cambiar también en este sentido.
Las últimas semanas han sido un continuo de negociaciones entre Bruselas y Budapest para desbloquear los fondos a cambio de poner fecha a reformas democráticas que exige el ejecutivo comunitario. Porque aunque los fondos ya no estén congelados, sigue siendo necesario que Bruselas compruebe cómo el Gobierno húngaro avanza en capítulos sensibles como la lucha contra la corrupción o cambios serios en el sistema educativo. Además, en algunas de estas partidas se requiere también la aprobación del resto de Estados miembros.
Es un voto de confianza de la Comisión pese a los desencuentros sobre Kyiv y el pacto migratorio
Es una situación parecida a la elección de Donald Tusk en Polonia en el 2024, cuando Bruselas se apresuró a desbloquear algunos de los fondos inmovilizados durante el anterior gobierno de Ley y Justicia. Ahora Budapest debe presentar una hoja de ruta en los próximos días de cómo adoptará toda esta serie de reformas antes del 31 de agosto, para que entonces los técnicos comunitarios lo aprueben y los fondos comiencen a llegar antes de finales de año.
Bruselas y Magyar todavía mantienen algunos desencuentros pendientes. El primero es en la actitud del político húngaro respecto a la migración, donde pretende seguir las políticas de puño de hierro de Orbán. Magyar se niega a acatar el pacto de migración y asilo europeo que le obligaría a aceptar cuotas de refugiados.
Otro punto de fricción es la cuestión de Ucrania, después de que Magyar se haya negado a enviar armas al país invadido. Uno de los vetos de Orbán fue a la apertura de los capítulos de negociación para su adhesión, aunque la UE le concedió el estatus de candidato ya en 2022. Magyar sigue teniendo reservas por la propia problemática de minorías con Kyiv y quiso remarcar que no hay “ninguna relación” entre la normalización de los fondos y la apertura de los capítulos. De momento ha trasladado a Ucrania sus peticiones relativas a los derechos lingüísticos de los húngaros en el país y ha asegurado que, cuando se resuelva esto, está dispuesto a reunirse con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. “Creo que es tiempo de abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre Ucrania y Hungría”, sostuvo.

