El miedo a una ‘silla vacía’ en la OTAN

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se enfrentó esta semana a su encomienda más complicada hasta la fecha: intentar convencer al presidente Donald Trump de que abandonar la coalición militar no es un buen negocio para EE.UU. Si bien es cierto que no es la primera vez que el magnate pronuncia estas amenazas, su hartazgo con la OTAN por la negativa de los aliados a seguirle en su guerra en Irán ha llevado a la Alianza a uno de los momentos más delicados de su historia. Por primera vez parece que la ruptura con EE.UU. puede ser una realidad.

En la OTAN el escenario genera una preocupación relativa por las múltiples salvaguardas que complican que Trump pueda retirar formalmente a EE.UU., comenzando por una mayoría en el Congreso que no le sería fácil de conseguir. “Es una prospectiva muy poco probable por muchas razones. Pese a que al presidente no le guste la Alianza y pese a sus críticas, hay muchos obstáculos reales legales y políticos”, remarca Ian Lesser, vicepresidente del German Marshall Fund de EE.UU. y director de su oficina en Bruselas.

Sin embargo, esto no significa que Trump tenga las manos atadas. Lesser puntualiza que, “si el presidente quiere, puede hacer que la Alianza sea bastante disfuncional, cambiando la naturaleza de la participación estadounidense”. Los analistas coinciden en que no es necesario que Trump perpetre la farragosa retirada formal si quiere hacer daño a la OTAN. Basta con que siga una política de silla vacía similar a la que realizó De Gaulle en Europa, en 1965, cuando anunció que Francia no asistiría a las sesiones del Consejo Europeo por un desacuerdo con las negociaciones de la política agrícola común.

En otras palabras, sabotear a la OTAN desde dentro. Puede tomar decisiones sobre bases, fuerzas, cooperación y maniobras que afectarían a la Alianza. “Incluso se podría llegar a abandonar el mando militar integrado, algo que, por cierto, Francia ya ha hecho en alguna ocasión en el pasado”, indica Lesser. “Si el presidente de EE.UU. manda una señal clara de que no apoya el artículo 5 –el compromiso de defensa mutua que dice que si un país miembro es atacado se considera un ataque contra la totalidad de la alianza–, al final es como sacar al país de la OTAN”, opina Luis Simón, investigador principal para seguridad y defensa y director de la Oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas.

En sus manos está despreciar el artículo 5, decisiones sobre bases y maniobras o retirarse del Consejo Atlántico

El experto señala otras muchas acciones que podría realizar Trump para socavar el poder de disuasión de la alianza militar. Por ejemplo, no mandar al embajador al Consejo Atlántico o retirar al comandante supremo de las fuerzas aliadas, que sigue siendo estadounidense. “Son acciones que, aunque no impliquen la salida formal de EE.UU. de la OTAN, pues básicamente tendrían el mismo valor”, insiste. Con una diferencia: si no se formaliza la retirada, es “mucho más fácil para algún futuro presidente americano volver a reengancharse” a la unión de aliados.

El Wall Street Journal apuntaba esta semana que Trump explora castigos particulares para los países que se han negado explícitamente a ayudarle en su guerra en Irán, una propuesta que podría incluir movimientos de tropas estadounidenses en Europa. Es algo coherente con la mentalidad de Trump, que, como recuerda Lesser, “no piensa en la Alianza como un colectivo, sino como un grupo de socios europeos que pueden ser útiles en ocasiones puntuales”. Pero tampoco sería esto una novedad, ya que la Casa Blanca ya ha estado aplicando durante estos últimos meses lo que altos mandos del Pentágono han definido como la “OTAN 3.0”. Es decir, una Alianza militar en la que no solamente a los socios europeos se les exige una mayor inversión en defensa, sino que también se les exigen mayores responsabilidades operativas.

En febrero, se confirmó que, tras desplazar parte de sus tropas desplegadas en Rumanía, Washington ha cedido también el mando de dos importantes centros de mando a los europeos. Y Simón recuerda que, antes de esta nueva ofensiva en Irán, ya estaban previstos “ajustes en el despliegue de fuerza en Europa”, que implican tanto una reducción de la presencia estadounidense como una redistribución dentro de UE hacia el flanco oriental. Ya había un plan de mover brigadas pesadas de Polonia a Alemania.

El Pentágono ya había desplazado tropas y se había retirado de dos importantes mandos en Europa

Estos planes tendrían un efecto limitado en España, pese a la ojeriza de Trump contra Pedro Sánchez. “Las bases españolas son estratégicas­ y dificilmente reemplazables, sobre todo Rota”, señala el investigador del Real Instituto Elcano.

Todo podría despejarse en la próxima cita delicada de la organización, la cumbre de líderes de Ankara, en julio, donde Trump podría llegar a escenificar el divorcio a las puertas de la región en guerra. Otra misión peliaguda para Rutte.

Anna Buj Cussó

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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