El impacto de la guerra en Oriente Medio en los bolsillos de los europeos se agudiza. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha advertido este lunes que la restauración de la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz es de importancia capital para los intereses de la Unión Europea. Según los cálculos del Ejecutivo comunitario, el conflicto en Irán iniciado por Donald Trump y Beniamin Netanyahu ha costado más de 22.000 millones de euros de más en importaciones de combustibles fósiles para los europeos. El impacto es directo e inmediato en los precios de las gasolineras, los supermercados y las facturas de los hogares.
“El cierre actual del Estrecho de Ormuz es enormemente perjudicial, y la restauración de la libertad de navegación es de suma importancia para nosotros”, ha avisado la conservadora alemana, compareciendo ante la prensa tras una reunión extraordinaria del Colegio de Comisarios centrada en las consecuencias de las acciones militares en Europa. El encuentro estaba previsto inicialmente para abordar las relaciones con China, pero la urgencia en Oriente Medio era mayor.
“El cierre actual del Estrecho de Ormuz es enormemente perjudicial”, lamenta la alemana
Las palabras de Von der Leyen son otro llamamiento europeo después de las últimas amenazas de Trump, que ha dicho que EE.UU. comenzaría un bloqueo del tráfico marítimo que entra y sale de los puertos iraníes, y también considera reanudar los bombardeos en Irán para desbloquear la negociación. Sin embargo, la preisdenta también ha subrayado que cualquier acuerdo futuro en la región debe abordar las preocupaciones planteadas por las acciones de Irán que obstruyen la navegación en dicho estrecho, así como su programa nuclear y de misiles.
Desde el inicio de la crisis, Bruselas había avanzado que presentarían una serie de medidas temporales y específicas para responder a los efectos económicos de la guerra en los ciudadanos. Von der Leyen ha puesto finalmente una fecha, el 22 de abril, en vísperas de la cumbre informal de líderes de Estado y de Gobierno que se celebrará a finales de la semana que viene en Chipre, país que ostenta este semestre la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, precisamente a las puertas de la región convulsa.
La conservadora alemana ha avanzado algunas de estas medidas para hacer frente al impacto económico de la guerra. En primer lugar, propone una coordinación robusta entre los Estados miembros para la compra agregada de energía y para llenar los depósitos de gas. El objetivo es evitar que los países compitan entre sí en el mercado, una receta inspirada en los momentos más críticos de la pandemia, cuando Europa favoreció las compras conjuntas de vacunas. También habrá coordinación para liberar las reservas de petróleo, para maximizar sus efectos.
Von der Leyen ha abierto asimismo la puerta a consultar a los Estados miembros para flexibilizar las normas de ayudas estatales. Se busca adoptar un marco temporal de ayudas este mismo mes para los sectores más afectados. Las recetas no pueden ser a brocha gorda, sino “específicas, oportunas y temporales” y estar enfocadas a los hogares y sectores más expuestos.
Bruselas descarta dar manga ancha fiscal a los Estados miembros
El objetivo es adoptar este nuevo marco temporal de ayudas este mismo mes, pero en ningún caso, ha puntualizado, significa esto que Bruselas vaya a dar manga ancha fiscal a los Estados miembros. El Ejecutivo comunitario considera que, por el momento, no se cumplen las condiciones para activar las cláusulas de salvaguardia que permitirían relajar las ortodoxas reglas fiscales. Las intervenciones económicas deben ser mínimas para no deteriorar los déficits públicos, sea cual sea el margen del que dispongan los países. Por eso insiste en fomentar la reducción de la demanda y también en fomentar la eficiencia energética, renovando, por ejemplo, los edificios o los equipos industriales. “La energía menos costosa es la energía que no se utiliza”, ha reiterado Von der Leyen.
Bruselas insiste en señalar la situación en el Estrecho de Ormuz para ilustrar el alto precio que paga Europa por su sobredependencia de los combustibles fósiles. Es la segunda crisis de este tipo en pocos años, después de la provocada por la invasión de Ucrania. “La cruda realidad para nuestro continente es que la energía de combustibles fósiles seguirá siendo la opción más cara en los próximos años”, ha reconocido la líder comunitaria, adelantando que antes de verano la Comisión presentará una estrategia de electrificación europea con objetivos “ambiciosos”.
