La gran industria ya sufre sobrecostes de hasta el 25% por el conflicto

Las grandes industrias hacen balance estos días acerca del impacto de la guerra en Oriente Medio y se preparan para adoptar medidas en caso de que el conflicto se alargue más de lo previsto, en algunos casos con recortes de producción. Por lo pronto y pese a las ayudas del Gobierno, las más intensivas en consumo de energía ya detectan incrementos de costes de hasta el 25%, lo que incluye también el encarecimiento de los fletes y el transporte. Ya se están produciendo, dicen, cancelaciones de pedidos e incluso devoluciones ante la incertidumbre económica.

Las compañías siderúrgicas, agrupadas en la asociación Unesid, calculan que el impacto sobre los costes variables ya oscila entre el 20% y el 25%. No solo sube la energía, sino que hay riesgos de caída de demanda o retraso de pedidos, lo que también puede acabar afectando a las inversiones. Todo ello pese a las medidas del Gobierno, que incluyen un descuento del 80% en los peajes eléctricos, una ayuda al CO2de hasta 600 millones o la reducción de impuestos eléctricos.

Algunas plantas abordarán recortes de producción si la crisis se prolonga en el tiempo

Son medidas que las empresas siderúrgicas valoran “positivamente”, indica la directora general de la asociación, Carola Hermoso. Sin embargo, la petición va más allá. “Es imprescindible que este tipo de actuaciones se prolonguen en el tiempo y adquieran un carácter estructural”, afirma.

Desde la asociación de industrias electrointensivas AEGE, su director general, Pedro González, calcula que el efecto inicial sobre la factura eléctrica ha consistido en una subida del 24%, atemperadas al 16% por las medidas del Gobierno. El consuelo es que el real decreto-ley ha acercado el coste de la electricidad en España al de las industrias alemanas, que suelen recibir más apoyo. “Por primera vez en cuatro años nos hemos equiparado con ellos”, afirma.

Hay sin embargo tensiones en los precios futuros. “Este trimestre el precio medio esperado en el mercado eléctrico se ha duplicado, anticipándose también subidas para la segunda mitad del año”. La previsión es por ahora como poco de “ralentización en la producción industrial”, afirma González.

Las empresas químicas calculan que el impacto del primer mes de conflicto ha sido de 60 millones de euros. Teresa Rasero, presidenta de la asociación que las representa, Feique, indica que la mitad de los costes de estas empresas proceden de la energía y afirma que hay temor a “desinversiones”.

El director general de la asociación Acogen, Javier Rodríguez, asegura que el conflicto ha agravado la situación de las industrias con plantas de cogeneración de gas. Esta actividad sufre “una caída adicional del 38% en lo que va de año en un contexto de menor producción industrial”.

Las empresas cerámicas y azulejeras, que consumen mucho gas, hablan de “escenario de incertidumbre” en el que el coste de la energía se mezcla con las tensiones logísticas y la inestabilidad en los mercados a los que se exportan la producción, incluidos los de Oriente Medio y Estados Unidos. La asociación empresarial Ascer explica que algunas empresas ya se han visto obligadas a alargar paradas técnicas previstas para Semana Santa. “Si la situación persiste, el sector no descarta ajustes temporales de producción”, dice.

Manuel Domínguez, director general de Aspapel, la asociación que representa a los fabricantes de papel, indica que la crisis “está golpeando” en tres frentes: “coste de la energía, logística y demanda”. El temor es a que el coste energético acabe “desplazando inversiones hacia destinos más favorables”. A eso se suma un aumento de los fletes internacionales de entre el 25% y el 150%, además de dificultades en rutas y puertos clave, retrasos en el suministro de materias primas y el riesgo de que se frene la demanda. Todo ello “complica la planificación de la producción”, señala. Aspapel cifra por ahora el impacto de la guerra asociado a la subida del gas en entre 20 y 30 millones de euros al mes para el sector.

Iñaki De las Heras

Redactor de la sección de Economía y Empresas de La Vanguardia. Licenciado en Periodismo (UCM) y en Psicología (UNED). Ha trabajado en Europa Press y en Expansión

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