Bruselas dará un mayor peso a la innovación y a la sostenibilidad al valorar posibles fusiones

Tras anunciarse que Bruselas tiene entre manos una ambiciosa modernización de las normativas europeas para favorecer la creación de fusiones, llegan los detalles. La Comisión Europea ha publicado este jueves un borrador abierto a consulta pública de su propuesta de texto para actualizar las reglas que rigen las fusiones y adquisiciones del mercado único, en un momento en que cada vez son más las presiones para crear gigantes europeos capaces de competir de tú a tú con las grandes empresas estadounidenses y chinas.

La reforma tiene el objetivo de sustituir las directrices vigentes, que fueron ideadas hace unos veinte años, y adaptarse al nuevo contexto de constantes tensiones geopolíticas y una economía mundial cada vez más digital. Tiene una gran novedad: que el control no solamente tendrá en cuenta los criterios para evitar las subidas de precios para el consumidor, sino que tendrá un mayor peso para Bruselas el modo en que estas operaciones afectan la capacidad de innovación y de inversión de las empresas. Estos factores ya se tenían en cuenta pero pesaban menos que los del poder de fijación de precios. 

No solo eso. Otros criterios que se valorarán positivamente son cifras sólidas en conceptos como sostenibilidad o la aportación a las cadenas de suministro en Europa. Además, ahora el contacto con los técnicos comunitarios se hará desde las fases más iniciales para que el diálogo favorezca las operaciones.

El Ejecutivo comunitario quiere evitar las “adquisiciones asesinas” de startups

Según la vicepresidenta ejecutiva al frente de Competencia, Teresa Ribera, con estos criterios la Comisión deja más claro que “debe tener en cuenta los incentivos a la inversión, la capacidad de innovación, la resiliencia y la evolución del mercado a largo plazo a la hora de evaluar una operación, ya que todos estos factores afectan a los intereses de los clientes”. 

Pero, puntualiza en un editorial publicado en The Economist, “esto no significa aceptar promesas vagas por parte de las empresas que se fusionan”. “Al contrario, las empresas deberán aportar pruebas fehacientes de que una fusión que suscite inquietudes en algunos aspectos también puede generar beneficios que alcancen a los consumidores y a la economía en general”, remarca la española.

El borrador es muy claro en este aspecto. Habla de evitar las llamadas “adquisiciones asesinas”, es decir, aquellas operaciones donde grandes empresas dominantes compran startups pequeñas e innovadoras para eliminar potenciales rivales en el mercado. Quiere establecer el llamado “escudo de innovación”, una guía para determinar cuándo la adquisición de una empresa emergente no provoca problemas de competencia, algo que les dará “mayor claridad y confianza para invertir en Europa”. 

Un caso claro de mayores riesgos es, por ejemplo, que el comprador sea uno de los gatekeepers, los todopoderosos guardianes de acceso a la red. También habrá un umbral de no superar el 40% de cuota de mercado, una cifra elegida por la experiencia de casos anteriores. Además, deberán permanecer también por lo menos tres competidores con proyectos de I+D similares para aceptar la operación.

Bajo la actualización de las normas no solo se tendrán en cuenta nuevos parámetros como la innovación. El borrador habla también de los incentivos estratégicos y dependencias, es decir, que se valorarán positivamente las fusiones que vayan encaminadas a potenciar el acceso a materias esenciales o a que Europa esté más preparada de cara a la seguridad del suministro. O de contribuciones positivas para la sostenibilidad como criterio a tener en cuenta: se premiará a las operaciones que reduzcan la contaminación en los procesos de producción.

La Comisión evaluará además cómo una operación de este tipo afecta al poder de compra de mano de obra, es decir, si una fusión de dos grandes empresas abre la puerta a bajar salarios y empeorar las condiciones laborales. Es la primera vez que se incluye específicamente el impacto sobre los trabajadores.

“Cuando las empresas se unen para crear un nuevo actor que reduzca la dependencia de la UE respecto a otros actores globales, esto beneficia al mercado interior y a los consumidores europeos”, defiende Ribera. Que avisa: “Para ser clara, esto no es desregulación. Es modernización. Los mercados fuertes no son mercados sin reglas, están gobernados por reglas claras y predecibles que premian la eficiencia sin permitir los abusos de la acumulación de poder”.

Nuevos criterios

La Comisión evaluará además cómo una operación de este tipo afecta al poder de compra de mano de obra

Es también importante que el borrador publique por primera vez una guía sobre el Artículo 21 de la regulación de fusiones, con el objetivo de reducir la incertidumbre y la fragmentación dentro del mercado único europeo. Se trata del apartado, precisamente, que se encarga de dirimir cuándo los Estados miembros pueden intervenir para poner trabas a las fusiones a nivel europeo por sus propios intereses.

Bajo estos criterios, la Comisión Europea es quien tiene la competencia exclusiva de revisar fusiones a nivel comunitario, pero los Estados miembros pueden actuar en ciertas condiciones para proteger “intereses legítimos” que tienen que demostrar. El borrador identifica tres tipos de intereses. El primero, que sea una amenaza real y suficientemente grave para la sociedad. El segundo, que se garantice el derecho a la pluralidad de los medios, es decir, el acceso a contrastar en diferentes fuentes de información. Y el tercero, que garantice la estabilidad financiera de sectores como el bancario.

En el resto de argumentos, la Comisión debe ser consultada previamente y tendrá 25 días laborables para decidir sobre la compatibilidad de una medida estatal una vez recibida la notificación completa.

Ahora, el documento se lleva a consulta pública hasta junio, un momento en que las empresas pueden comenzar a discutir la letra pequeña de estos casos y evitar que haya más incidencias en el futuro. No se espera que la versión definitiva se apruebe antes de final de año. 

Anna Buj Cussó

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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