Xavier Lluch i Llopart, empresario vitícola, alcalde de Font-rubí desde 2007 (Impulsem el Penedès) y presidente del Consell Comarcal del Alt Penedès des de 2017, anunció ayer que ha decidido presentar candidatura para convertirse en el nuevo presidente del Consejo Regulador de la DO Cava. Lluch, nacido en Font-rubí en 1971, es ya el cuarto candidato que se postula para presidir el sector tras haberlo hecho la semana pasada la CEO de las cavas Vallformosa, Marta Vidal Ollé (Puidàlber, 1984); Pere Ventura (Sant Sadurní d’Anoia, 1961), el propietario de las cavas que llevan su nombre, y Marc Pagès de Cava Pagès Entrena, de Sant Jaume Sesoliveres. La primera votación para relevar en el cargo a Javier Pagés será el jueves 11 de junio. Hasta el día antes pueden presentarse candidaturas.
Xavier Lluch, que cuenta con 50 hectáreas de viñedos ecológicos, de las que 40 son en propiedad, y que vende sus uvas a destacadas bodegas del Alt Penedès, asegura en declaraciones a La Vanguardia que cree “profundamente” que “ahora toca acercar el Consejo Regulador de la DO Cava a los viticultores y levantar su autoestima”. Dice que “hay quien ve bien que alguien como yo levante el dedo tras decidir trabajar por el sector”. En este sentido asegura que si es elegido será un presidente “militante”, y que trabajará por el cava “lo que no está escrito”. Recuerda que hace años que se interesa por el sector.

Xavier Lluch, que fue uno de los fundadores del Viver de Cellers del Penedès, considera que “es mejor que las administraciones colaboren en ayudarnos a vender más botellas de cava antes que tener que darnos subvenciones”. Se pone a disposición del sector por considerarse una persona que puede ser “útil”. Lamenta que muchos ciudadanos del Penedès no sepan ni dónde está la sede la de la DO Cava “mientras que cuando vas a Requena todo el mundo te habla de los milagros del cava”. También le aflige ver como no se brinda con cava en los pódiums de los campeonatos mundiales de Moto GP o Fórmula 1.
Paridad entre viticultores y elaboradores
¿Quiénes son los 12 vocales del nuevo pleno del Consejo Regulador?
Los doce vocales del nuevo pleno del Consell Regulador de la DO Cava, donde hay paridad entre viticultores y elaboradores, quedaron decididos el pasado 7 de mayo. Los representantes de los viticultores de cooperativas son Enric Ferré Ginovart y Miguel Lleixa Masana, los dos miembros de la Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya.
Los representants de los viticultores no adscritos a cooperativas son David Sendra Anglès y Dominio de la Vega SL, ambos representantes de la candidatura conjunta de Unió de Pagesos y Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya, y J. Fortuny Fàbregas SL en representación de la también organización sindical l’Associació de Viticultors del Penedès. El vocal de las bodegas elaboradoras de vino base es CEVIPE Grup Cooperatiu SCCL, en representación de la Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya.
Y los vocales que representan a las bodegas elaboradoras, a propuesta de la patronal Associació Elaboradors de Cava, son Freixenet, SA, García Carrión 1890, SL, Codorníu, SA, Pere Ventura i Família, SL, Bodegues Sumarroca, SL y Viña Torreblanca, SL.
Ayer, en la sede de la patronal Associació d’Elaboradors de Cava (Aecava) en Sant Sadurní d’Anoia, presentaron sus programas Marta Vidal, Pere Ventura y Marc Pagès. Xavier Lluch espera hacerlo el próximo viernes tras haber hablado con diversos actores del sector. Marta Vidal ha manifestado que quiere convertirse en la primera presidenta de la DO Cava por creer que “necesita exactamente lo que necesitó en 1872 cuando nació: visión y valentía. Tengo la firme convicción de que el cava vive un momento crítico pero, a la vez, tiene una oportunidad histórica para poder redefinirse y proyectarse en el mundo”.

La primera ejecutiva de Vallformosa dice que sueña con que el cava “se consolide como la denominación de espumosos de mayor prestigio del sur de Europa, siendo líder en sostenibilidad y valor en el mercado global, referente mundial en calidad e innovación vinícola, motor económico y territorial de Catalunya y ejemplo de cohesión, innovación y orgullo sectorial”. Anhela que el cava se explique como “la viña de Barcelona”, y que se fomente el enoturismo como puntal de futuro.
Entiende que es necesario un nuevo modelo de gobernanza más participativo, transparente y orientado a resultados que permita “crear una visión colectiva de futuro”. Así mismo, no tiene dudas de que “la DO Cava necesita un relato más claro, coherente y comprensible para el consumidor, reforzando la presencia en la restauración y poniendo en valor sus categorías”. Este relato. añade, debe transmitir unidad en la diversidad, integrando territorios, bodegas y modelos empresariales “para que todo el sector se sienta representado e implicado en la construcción de la marca cava”.
A la vez, Marta Vidal, que quiere que se reconozca al Penedès como “corazón histórico y emocional del cava”, remarca que “el sector no puede seguir oscilando entre la sobreproducción que hunde los precios y la escasez provocada por la sequía”. Considera, pues, que “necesita un modelo con menor incertidumbre, donde el viticultor tenga información y contratos claros y donde el relevo generacional sea posible. En definitiva, apuesta por un modelo “donde todo el mundo pueda ganarse la vida”.

Aboga también por simplificar la burocracia, incentivar el relevo generacional, impulsar una agenda de transformación digital para pequeñas bodegas y viticultores o dotar a la DO Cava de herramientas normativas “con la flexibilidad suficiente que permitan experimentar, innovar y adaptarse a nuevas oportunidades sin renunciar al rigor y a la calidad del producto”. Da relevancia a fomentar la sostenibilidad del sector y ha anunciado que pretende crear una hoja de ruta de reducción de la huella de carbono y un programa I+D+i centrado en cambio climático.
Marta Vidal propone puesta en marcha de un observatorio económico del cava a través de datos anonimizados de costes, precios, rentabilidades por variedad y zona, así como stocks, ventas y mix . También destaca su pretensión de impulsar un pacto de valor para la viña que “fomente la sostenibilidad económica de toda la cadena, refuerce la confianza entre viticultores y elaboradores y contribuya a construir un modelo de creación de valor compartido”. Ello incluiría modelos de contrato tipo recomendados con referencias de coste, cláusulas de revisión, plazos y mecanismos de mediación. Y defiende la vinculación entre prácticas agrarias de calidad (rendimientos, edad de vid, modelo productivo, zona, variedad) y remuneración diferencial que permita poner en valor la categoría Premium de la DO Cava.
Por su parte, Pere Ventura está convencido de que el cava no tiene futuro si no se adoptan “cambios de 180º”. De hecho, habla directamente de “refundar” la DO Cava para evitar que continué “el éxodo de bodegas, con un goteo constante”. Manifiesta que “la gente está marchando cansada de una DO que está encorsetada y que vive una gran tensión”. Si fuera elegido presidente aplicaría un programa de 14 puntos que supondría la “democratización” del Consejo Regulador.

Pretende abolir que dos de las doce sillas del pleno sean otorgadas directamente a los dos mayores elaboradores. Quiere cambiar los estatutos de la DO Cava para virar el rumbo de lo que se ha estado haciendo hasta ahora, poniendo en el centro a “la tierra y el hombre”. Está convencido de que “la singularidad la da la tierra”. Una vez “democratizada” la DO asegura que, en el plazo de seis meses, dimitiría para que se pudiera volver a votar, con sufragio universal, la nueva dirección del sector.
Pere Ventura defiende que los nombres de los cavas estén “territorializados” y se impongan en las etiquetas, o sea, que se vinculen al origen. No tiene dudas de que hay que trabajar para incrementar el prestigio y para dar “sentido” a la DO Cava. Para ello ve imprescindible que “cada viticultor sirva a los elaboradores de su territorio”, y declara que “no se puede comprar fuera”.
También considera que “es necesario garantizar un precio generoso, que no riqueza, para que las familias puedan salir adelante y las jóvenes generaciones puedan entrar en el mundo agrario”. Concreta que debería establecerse un precio mínimo de 0,60 – 0,70 euros por el kilo de uva en función de su tipo y de las prácticas vitícolas. En este sentido afirma que “generar un producto de valor debe empezar por tener unos guardianes del territorio, y éstos son los viticultores”.

Ventura también insiste en incrementar el control, determinar el nivel productivo de cada zona vitivinícola y propone suspensiones por incumplimientos del reglamento. A la vez, explica que “es incomprensible que los elaboradores que más producen sean los que menos contribuyen. No es ético ni justo”. Por ello, ve necesario equilibrar las aportaciones de cada elaborador en la DO Cava de modo equitativo.
El principal objetivo que persigue Marc Pagès es el de “prestigiar al cava y garantizar la sostenibilidad económica y social de toda la cadena de valor del sector”. Sus líneas de trabajo empiezan por la comunicación y la transparencia. Cree que el objetivo es “generar una cohesión entre todos los miembros de la cadena para poner en valor a todos los procesos y participantes, y dar una estabilidad al mercado con una visión compartida a largo plazo”.
Marc Pagès opina que “para aumentar el consenso se requiere de la participación de cuanta más gente mejor, por lo que una estrategia de trabajo sería hibridar las comisiones que ha generado Aecava con más miembros adscritos a la DO”. También remarca que “se deben mejorar las interrelaciones con todas las asociaciones vinculadas al sector agrario y enológico, tanto académico como gubernamental”. Y señala que “se debe devolver el prestigio que se merece el cava en casa”, puntualizando que “si el enoturista que ha vivido una experiencia enriquecedora no percibe una alegría social en el resto de su estancia difícilmente acabará con un recuerdo idílico del territorio”.
Ve imprescindible hacer pedagogía de la diversidad. En este sentido explica que “si la diversidad está bien estructurada y argumentada puede ser un componente de alto valor competitivo”. Y es del parecer que hay que hacer cambios en la representatividad de la DO. Reconoce que “el cómo y el cuándo es difícil de determinar”, pero lo que tiene claro es que “nadie debería tener la silla asegurada por muchas botellas que elabore”. Y sentencia que “si el objetivo es dar valor y voz a la diversidad, los pequeños elaboradores necesitamos más peso en el Consejo Regulador”.

