La jueza de Martorell Raquel Tierno Galván enumeró en el auto de prisión de Jonathan Andic un “cúmulo de indicios” que le hacían sospechoso de la muerte de su padre, Isak Andic, el 14 de diciembre del 2024. Entre esas pruebas indiciarias, la magistrada citaba la desaparición “en extrañas circunstancias” del iPhone 14 que el acusado llevaba el día que su padre cayó al vació en Montserrat. El cambio de teléfono se materializó el 26 de marzo, después de que Jonathan advirtiera por un watsap desde su ordenador a su secretaria en Mango que le habían robado el móvil. Solicitó uno nuevo, un iPhone 16 Pro, que activó nada más aterrizar.
Los movimientos del viejo y el nuevo terminal fueron meticulosamente analizados por los Mossos d’Esquadra. Y cuando supieron de ese viaje relámpago a Quito, por trabajo, y del presunto robo, trataron de confirmar los datos. En Ecuador no consta ninguna denuncia por robo ni por pérdida. Pero lo que sí sorprendió a los policías, que lo destacan en su atestado, es que ese terminal “nunca se activó en Ecuador”, según ha podido saber La Vanguardia de fuentes al corriente de la investigación. De hecho, las mismas fuentes no descartan que Jonathan Andic aprovechara ese viaje de trabajo para deshacerse del dispositivo.
Los mossos de la unidad de investigación de Martorell cursaron, mediante autorización judicial, peticiones a todas las compañías de telefonía que operan en Quito. El martes, cuando Jonathan Andic fue detenido y el atestado ya había sido entregado a la magistrada con copia a la fiscal Teresa Yoldi, aún esperaban la respuesta de una compañía. El resto confirmó por escrito a la policía que no había constancia de la activación de esa línea en el país.
Para los investigadores, el “sospechoso” silencio de ese terminal durante el viaje a Ecuador es un “indicio más”. Ese terminal desapareció y no en un sitio cualquiera, sino en Ecuador. Los Mossos sostienen que ese teléfono nunca llegó a viajar fuera de España y que se destruyó de manera premeditada con anterioridad para evitar que cayera en manos de los investigadores.
La jueza de Martorell destaca en su auto las circunstancias “extrañas” en las que desapareció el teléfono
El teléfono nuevo que estrenó tras el viaje fue el que el 9 de septiembre entregó en mano a los Mossos cuando se lo solicitaron tras mostrar una orden judicial. Como en todas las ocasiones anteriores, Jonathan Andic se mostró colaborador y facilitó a los policías todas las claves de acceso a su terminal.
Consciente de la importancia de los teléfonos, el martes pasado, después de que le comunicaran en la puerta de su casa que estaba detenido por el homicidio de su padre, el policía le preguntó si le podía entregar el teléfono. Jonathan Andic llamó a uno de sus abogados y este le dijo que para nada, que, salvo que le mostraran una orden judicial de entrada en la vivienda, dejara el terminal en el piso.
De estos movimientos de teléfonos habló Jonathan Andic en la breve declaración que el martes hizo en el juzgado de Martorell tras su detención. Solo respondió a las preguntas de su abogado, Cristóbal Martell, que le interpeló por los cambios de terminales. El acusado aseguró que era una práctica “habitual” entre los altos mandos de la compañía Mango sustituir periódicamente el teléfono por una cuestión de “seguridad”. Negó cualquier vinculación de esos trueques con la muerte de su padre.
No le preguntó Martell otro elemento que no pasó desapercibido a los investigadores y que la magistrada también cita en su auto. Cuando el acusado volcó al móvil nuevo los datos guardados en la nube, no descargó los mensajes de WhatsApp, eliminando cualquier conversación anterior y posterior a la muerte de Isak Andic.
En su declaración judicial, el hijo dijo que las relaciones con su padre habían mejorado muchísimo
Los Mossos trataron, echando mano de técnicos externos a la policía, recuperar esos mensajes de WhatsApp. Ya tenían los que padre e hijo intercambiaron antes de la muerte del patriarca. Unas conversaciones a las que también hace referencia la jueza en su auto y que, para ella, evidencian no solo una mala relación, sino las “presiones” y “chantajes emocionales” que presuntamente Jonathan ejerció sobre Isak con el tema del dinero de fondo. La defensa del investigado niega tales presiones y asegura que esas conversaciones entre padre e hijo han sido “sacadas de contexto” por los Mossos, “mal interpretadas” y que, además, son antiguas. Martell preguntó a Jonathan en el juzgado por esa relación con su padre, y el acusado aseguró que en los últimos tiempos había “mejorado muchísimo”, mencionando las visitas a una terapeuta alemana, que la jueza también cita en el auto, que les había ayudado.
Entre las pruebas con las que la defensa espera rebatir los indicios referidos a la mala relación de padre e hijo está la referencia a un viaje familiar a Roma de todos los integrantes de la saga Andic, poco antes de la tragedia.
