China es un agente indispensable en la lucha contra el cambio climático. En tanto que mayor emisor mundial, es responsable de más de un 30% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, el doble que el segundo mayor emisor, y seguirá ocupando esta posición durante algún tiempo, aunque sus emisiones se estabilicen y comiencen a descender. China cuenta con el mayor parque de centrales térmicas de carbón del mundo y representa un 80% de todas las centrales en construcción a nivel mundial.
Sin embargo, al mismo tiempo, está desplegando energías limpias, como las energías renovables y los vehículos eléctricos, a un ritmo más rápido que el resto del mundo en su conjunto. Más allá de su demanda interna, también es el proveedor dominante de casi todas las soluciones de energía limpia maduras (y de gran parte de los minerales que las alimentan), lo que asegura que los países deban competir (y colaborar) con China si quieren lograr una rápida transición energética.

Ahora bien, los obstáculos para trabajar con China son inmensos. Desde el punto de vista geopolítico, su creciente asertividad en los foros internacionales, las disputas territoriales con sus vecinos y las cada vez mayores tensiones en materia de seguridad con Estados Unidos y otras economías desarrolladas generan un enorme lastre para los posibles países socios. El peso global de las empresas chinas, que pueden hacerse fácilmente con el control de los mercados locales, es susceptible de provocar reacciones severas en la política comercial y por parte de importantes sectores nacionales. Además, el enfoque desigual del Gobierno estadounidense hacia China representa una incógnita en las capitales mundiales, que sopesan las posibles repercusiones de colaborar con ese país.
A pesar de las enormes complejidades, a los países preocupados por el clima les conviene buscar una colaboración sólida para encontrar soluciones climáticas beneficiosas. Existe una larga historia de iniciativas de cooperación con las principales economías en materia de investigación científica y tecnológica, intercambio de lecciones sobre políticas y ambición conjunta para el establecimiento de objetivos. Algunos elementos tradicionales de la cooperación seguirán siendo posibles (sobre todo, en áreas tecnológicas no sensibles), aunque la brecha más importante que deben colmar los gobiernos será el establecimiento de normas conjuntas y la mitigación de los impactos de la creciente competencia entre sus sectores privados de tecnología limpia.
Cooperación sobre el cambio climático
El ritmo de los debates internacionales sobre el cambio climático lo marca la Conferencia de las Partes (COP), la reunión anual de las Naciones Unidas, que sigue siendo la visión pública más visible del alcance de la cooperación multilateral. Ahora que se ha establecido la mayor parte de la arquitectura del Acuerdo de París, las COP sirven para aplicar el proceso de compromiso y revisión, al tiempo que proporcionan puntos de presión política clave para aumentar la ambición y abordar las deficiencias de financiación. La participación de China en ese proceso sigue siendo importante. Por ejemplo, en la COP30 recientemente concluida en Brasil, la ausencia de Estados Unidos dejó un vacío que permitió a China establecer de modo unilateral muchos términos del debate. No obstante, en un mundo multipolar con intensas disputas geopolíticas, deben moderarse las expectativas de que las COP, basadas en el consenso, aborden cuestiones fundamentales en las soluciones climáticas.
Fuera de las restricciones en el seno de las Naciones Unidas, otros foros multilaterales pueden proporcionar espacios clave para la cooperación. Los clubs climáticos que incluyen las principales economías y los principales emisores pueden ser más ágiles y fáciles de alinear en torno a objetivos específicos y abordar temas más delicados. Por ejemplo, China es uno de los aproximadamente 30 países miembros de la Ministerial de Energía Limpia, que se reúnen para compartir información y comprometerse colectivamente en la mejora de la investigación, el desarrollo y la demostración (I+D+D) en energía limpia. El G-20 ha organizado importantes debates de trabajo sobre finanzas verdes, codirigidos por China, y sobre la resiliencia de la cadena de suministro. Otros grupos de países pueden estar más especializados, como la APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico), que ha tratado de compartir esfuerzos en torno a la seguridad energética en la región de Asia-Pacífico.
Gracias al respaldo estatal sostenido durante las últimas dos décadas, las empresas chinas producen más de un 80% de las baterías y los módulos solares del mundo y un 70% de los vehículos eléctricos
Los esfuerzos de cooperación bilateral cuentan con más de tres décadas de experiencia; sobre todo, en Europa, Estados Unidos y Japón. El Acuerdo de Cooperación Científica y Tecnológica entre Estados Unidos y China, firmado por primera vez en 1979, proporcionó un marco para el compromiso en materia de energía y clima y fue reforzado durante el primer mandato del presidente Obama con una serie de acuerdos, diálogos y la creación de centros conjuntos de investigación sobre energía limpia. La Unión Europea estableció un compromiso similar de larga duración que incluía I+D+D conjunta. Los programas tradicionales solían tener como objetivo implementar tecnologías y mejores prácticas punteras en el plano internacional en China para apoyar la reducción de emisiones y aprender de las demostraciones y la escalabilidad posibles gracias a su enorme mercado. Dada la madurez tecnológica de China, algunos de esos programas han llegado a su fin. Sin embargo, siguen existiendo importantes oportunidades de cooperación bilateral, como el intercambio de buenas prácticas y normas que apoyen el despliegue a gran escala, áreas tecnológicas de menor sensibilidad, como la eficiencia energética y la reducción de metano, e intercambios emergentes mutuamente beneficiosos, como el reciclaje de baterías y la captura y secuestro de carbono.
Colaboración en normas de competencia ecológica
Gracias al respaldo estatal sostenido durante las últimas dos décadas, las empresas chinas (muchas de ellas privadas) se han convertido en proveedores mundiales punteros de tecnologías de energía limpia y producen más de un 80% de las baterías y los módulos solares del mundo y un 70% de los vehículos eléctricos. En el 2025, las exportaciones de vehículos enchufables de China (incluidos los híbridos enchufables y los exclusivamente eléctricos) se duplicaron con respecto al año anterior y representaron un tercio de la demanda mundial fuera de China. Los avances en el interior del país son el principal motor de la vertiginosa caída de los costes de las tecnologías limpias a nivel mundial, entre un 70% y un 90% desde el 2010.
Para aprovechar las economías de escala, esas empresas han construido enormes cadenas de valor globales de las que dependen las empresas de energía limpia no chinas. Las compañías chinas también son una fuente atractiva en materia de tecnología e inversión extranjera directa (IED) en un momento en que los gobiernos debaten cómo mejorar la capacidad tecnológica y de fabricación nacional.

El sector chino de la energía limpia ha sido objeto de escrutinio por parte de sus socios comerciales durante más de una década por prácticas comerciales desleales, como las subvenciones estatales, el dumping (es decir, la venta por debajo de los costes de producción), las protecciones al contenido local y otras barreras. En la actualidad, las tensiones se deben en gran medida al mercado hipercompetitivo de China, donde los márgenes están disminuyendo y la exportación a mercados con precios más altos supone un salvavidas fundamental. Por ejemplo, el sector solar está sufriendo una gran perturbación, ya que las principales empresas reducen sus plantillas y más de 40 empresas pequeñas se han declarado en quiebra. Sin embargo, es poco probable que se produzca un dumping absoluto: los productos de BYD, el mayor fabricante mundial de vehículos eléctricos, pueden venderse en Europa por el doble de su precio en el mercado interno chino, lo que refleja los aranceles y los gastos de envío, pero también los márgenes de beneficio. Las respuestas comerciales son variadas: Estados Unidos ha mantenido barreras elevadas y crecientes, que se iniciaron con investigaciones sobre subvenciones en el sector solar y se ampliaron para incluir aranceles de salvaguardia, medidas comerciales correctivas para todo el sector y barreras relacionadas con la seguridad nacional. En cambio, la Unión Europea ha medido sus respuestas para evitar cerrar su mercado a los productos chinos y, al mismo tiempo, ha reconocido que algunos sectores tienen mayor prioridad. Por ejemplo, ha evitado los aranceles elevados sobre los productos solares importados, pero ha negociado agresivamente con la esperanza de mantener próspero un sector de fabricación de vehículos eléctricos.
A medida que aumentan las barreras comerciales, las empresas chinas están acercando las tecnologías y las inversiones a los mercados. Turquía es uno de los principales importadores de células solares ensamblables en módulos con destino a Europa, y las inversiones en plantas de baterías se están globalizando para mantener la proximidad a los principales fabricantes de automóviles.
Las tensiones en el sector chino de la energía limpia se deben a un mercado hipercompetitivo, donde los márgenes están disminuyendo y la exportación con precios más altos supone un salvabidas
Sin embargo, la salida al extranjero no está exenta de riesgos. La inversión extranjera directa y las tecnologías de energía limpia se enfrentan por parte de las autoridades de seguridad a un escrutinio adicional que va desde la preocupación por la dependencia tecnológica hasta el impacto en los datos y las infraestructuras. Estados Unidos ha prohibido en la práctica la importación de todos los vehículos eléctricos chinos debido a las preocupaciones sobre la privacidad de los datos. Si bien algunos riesgos son legítimos, hay pruebas suficientes de que existen otras opciones para gestionarlos, además de las prohibiciones. Por ejemplo, el Gobierno chino ha negociado con Tesla unas normas para que la empresa continúe operando en el país, lo cual incluye el almacenamiento de datos en servidores locales, el uso de proveedores de mapas aprobados por el Gobierno y otras medidas de protección. También hay empresas y políticos que han expresado su preocupación por la capacidad de proteger la propiedad intelectual local después de que las empresas chinas se integren en las cadenas de suministro locales.
Localización y descarbonización
En esencia, debe lograrse un equilibrio entre los objetivos de localización y descarbonización, y al mismo tiempo evitar cualquier impacto legítimo en la seguridad nacional. La desvinculación o reducción del riesgo de China en el ámbito de las tecnologías limpias mediante un énfasis excesivo en la localización ya ha provocado un aumento de los costes para los consumidores (que se suma a la inflación) y una disminución de la oferta de productos en sectores de rápido crecimiento como el de los vehículos eléctricos, y podría causar retrasos en los objetivos de energía limpia. Por ejemplo, hace unos años, la amenaza de un aumento de los aranceles solares de un 200% en Estados Unidos puso en peligro 100.000 puestos de trabajo, según la principal asociación del sector. Estados Unidos es ahora el único mercado importante en el que están disminuyendo las ventas de vehículos enchufables debido a la eliminación de las subvenciones, pero también a la ausencia de competencia de las ofertas chinas de bajo coste. En India, la falta de políticas comerciales bien ajustadas con China está aumentando el coste de los paneles solares, lo que se traduce en un desarrollo desigual de su cadena de valor nacional. No todos los países aspiran a tener sectores automovilísticos o de tecnología limpia líderes a nivel mundial; en esos lugares, los consumidores se beneficiarán de una transición a la energía limpia de bajo coste. Sin embargo, la integración de la cadena de suministro mundial sin tener en cuenta la localización puede ampliar la brecha entre las capacidades de las empresas nacionales y la vanguardia tecnológica mundial, y podría degradar el apoyo político a las políticas del sector de la energía limpia que sustentan cada vez más las coaliciones de políticas climáticas.
Nuevas vías para la transición hacia la energía limpia
La colaboración con China sobre las normas de la creciente competencia en materia de energía verde tiene que ser una prioridad urgente para las autoridades climáticas, que deben trabajar junto con los responsables de comercio, industria y seguridad para reestructurar el mosaico de soluciones y regulaciones que amenazan con retrasar la transición energética. Hay al menos tres elementos clave en ese debate: soluciones para las prácticas comerciales desleales, normas e incentivos para la propiedad y la inversión chinas en la fabricación de energía verde; y el dimensionamiento adecuado del reto de seguridad de las tecnologías limpias.

La resolución de los efectos anticompetitivos de las subvenciones gubernamentales y las prácticas comerciales desleales es el elemento más importante, pero también el más delicado desde el punto de vista político que hay que resolver con China. Aunque sigue en funcionamiento, la Organización Mundial del Comercio se ve neutralizada en la práctica en los debates sobre medidas comerciales muy controvertidas. Un régimen comercial internacional cada vez más bifurcado otorga más responsabilidad a las autoridades comerciales nacionales para negociar con China en función de sus circunstancias bilaterales, con mejores acuerdos para los bloques regionales. La investigación de la Unión Europa sobre las subvenciones a las exportaciones de vehículos eléctricos de China es un buen ejemplo de ello: concluyó en el 2024 con aranceles que oscilaban entre un 8% y un 35%, y se aprovechó para negociar ese año un marco de precios mínimos y otras condiciones de entrada. Las lecciones aprendidas de perturbaciones anteriores, como el auge de los fabricantes de automóviles japoneses en las décadas de 1970 y 1980, muestran que no es posible mantener aranceles elevados de modo indefinido; en especial, si el objetivo es crear productores competitivos a nivel mundial. Por otra parte, la crisis china tras la drástica reducción de los aranceles en toda la economía en el 2002 puso de manifiesto la falta de atención a la ayuda real para el ajuste comercial. Los gobiernos tendrán que redoblar sus esfuerzos para redistribuir los beneficios del comercio entre los afectados de forma negativa con el fin de que la transición energética se produzca sin contratiempos.
Las prácticas laborales injustas y las normas medioambientales también pueden abordarse mediante mecanismos específicos que exijan transparencia y establezcan normas claras para los proveedores, como las regulaciones sobre trabajo forzoso impulsadas por Estados Unidos y los requisitos de huella medioambiental, como el pasaporte de baterías de la Unión Europea y el mecanismo de ajuste en frontera por emisiones de carbono (CBAM). Aunque el Gobierno chino se opone abiertamente a las normas de ajuste por emisiones de carbono, por todo el país surgen parques industriales ecológicos, ya que las empresas buscan formas creativas de garantizar el suministro de energía limpia para los productos exportados.
La digitalización y los sensores conectados de muchos productos ecológicos presentan nuevos vectores para los ataques a la ciberseguridad y para las preocupaciones sobre la privacidad de los datos
Gestionar y atraer, donde sea apropiado, la afluencia de inversiones chinas que buscan acceder a mercados con precios más altos abre la posibilidad de una serie de demandas creativas. Para los mercados de tamaño suficiente, exigir inversiones locales a cambio de un trato favorable puede ser mutuamente beneficioso, siempre que se combine con una evaluación clara de los sectores y las etapas de la cadena de valor a los que dar prioridad. Se puede negociar la obligación de compartir tecnología (lo que a veces se denomina transferencia inversa de tecnología) y la implantación de una mayor localización de la propiedad intelectual. También se puede estructurar el intercambio de tecnología sin inversión extranjera directa china si se considera que la participación en el capital social es demasiado arriesgada, como en el acuerdo entre Ford y el principal proveedor de baterías, la empresa china CATL. La mayoría de las asociaciones chinas en Estados Unidos también han incluido acuerdos de beneficios para la comunidad, como requisitos de salario mínimo, en tanto que condición para obtener el apoyo del gobierno local. Para la fabricación nacional, los incentivos a la inversión suelen ser más eficaces que las medidas comerciales correctivas; por ejemplo, el sector solar estadounidense fue un agente secundario durante una década tras la imposición de aranceles, hasta que la aprobación de la ley de Reducción de la Inflación en el 2022 supuso un fuerte impulso positivo para las inversiones. Cuando se aplican aranceles, su uso más eficaz puede ser, más bien, como herramienta de negociación para aumentar la localización.
Las consideraciones de seguridad nacional suelen eclipsar las negociaciones económicas, aunque existen muchas opciones para salvaguardar los intereses fundamentales de seguridad. La digitalización y los sensores conectados de muchos productos ecológicos presentan nuevos vectores para los ataques a la ciberseguridad y para las preocupaciones sobre la privacidad de los datos. Si bien puede ser apropiado prohibir ciertos usos, como en la cercanía de instalaciones gubernamentales sensibles, existen normas para operar dentro del país que el gobierno chino ha considerado aceptables, a pesar de su alta sensibilidad a los flujos transfronterizos de datos. La concentración sustancial de las importaciones puede presentar riesgos que merecen una diversificación. Los esfuerzos de China durante el último año por aumentar las licencias y restricciones a la exportación de minerales críticos demuestran que los suministros de origen son los más susceptibles a esas amenazas. Además, habrá aplicaciones residuales de seguridad nacional y algunos ámbitos sensibles, como las operaciones de la red eléctrica, que deberían permanecer al margen.
Conclusión
La transición mundial hacia la energía limpia se está acelerando rápidamente, ya que las alternativas a los combustibles fósiles se han vuelto rentables y se han generalizado. Los países preocupados por el clima están acogiendo con satisfacción esos avances, pero tendrán que calibrar sus respuestas al papel central que desempeña China en esta transformación. Existen oportunidades para satisfacer la demanda de los consumidores y mejorar la industria local mediante negociaciones y compromisos cuidadosos. Extenderse en la regulación o adoptar un enfoque demasiado laxo tiene sus inconvenientes, ya que retrasa la adopción y el desarrollo tecnológicos. Además, las disputas comerciales prolongadas que se extienden a las relaciones con terceros (en particular, en los países en desarrollo del sur) podrían obstaculizar los esfuerzos por satisfacer la creciente demanda de energía con alternativas asequibles y bajas en carbono. Se necesita un enfoque claro y pragmático para colaborar con China para garantizar una transición rápida y duradera hacia la energía limpia.
Michael R. Davidson, miembro de la Universidad de California, San Diego.
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