Villarejo sin filtros: Rajoy quería “trincar”, el “coronas” y jefes incapaces

El excomisario de Policía José Manuel Villarejo se sentó este lunes ante el tribunal de la Audiencia Nacional que le juzga por la denominada operación Kitchen, junto al ministro del Interior Jorge Fernández Díaz y su ex número dos Francisco Martínez, además de otros mandos policiales. Villarejo, que se ha ausentado durante el juicio por una operación de espalda, llegó hoy con ganas de no morderse la lengua.

En resumidas cuentas y por lo que está acusado, negó que desde la Policía se orquestara una operación parapolicial para robar datos al extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas, quien amenazó con entregar al juez la contabilidad b del partido, como finalmente hizo. Lo que admitió fue una operación de inteligencia “oficial y correcta” en busca del dinero de Bárcenas en el extranjero de la que, segun su testimonio, el entonces presidente del gobierno Mariano Rajoy se “aprovechó”  para “trincar” la información que le pudiera afectar. A partir de ahi su historia poco coincide con la del resto de acusados ni con las pruebas presentadas por el fiscal del caso.

La tesis del excomisario es que fueron todos “engañados” por el “genio” de Rajoy. Les hicieron creer que estaban buscando su fortuna en el extranjero y en verdad “el presidente se aprovechó”  para “trincar” la información.

Villarejo -que ya tiene sobre sus hombros varias condenas por utilizar información reservada policial para negocios privados- sigue manteniendo que lo de trabajar en la Policía, concretamente adscrito a la Dirección Adjunta Operativa, era una coartada a efectos fiscales porque en realidad él era agente del CNI, algo negado por el centro en reiteradas ocasiones. 

Y fue el servicio de inteligencia, dijo, quien le pidió ayuda para obtener información de Bárcenas poque creían que tenía información que podía afectar a “altas instituciones del Estado”. Así que una de las cosas que hizo, -reconoció- fue captar al chófer del extesorero, Sergio Ríos, también acusado, y encargarse de pagarle y de recibir la información que tuviera. Según explicó, le habían dicho que Bárcenas tenía un bolígrafo espía con el que grababa a todo el mundo y por eso se dio por hecho que debía tener grabado a Rajoy.

Villarejo rezumó cierto resquemor hacia quien fue el jefe del Ejecutivo, cuando el fiscal le preguntó si llegó a conseguir el pendrive en el que supuestamente Bárcenas tenía una grabación de Rajoy reconociendo la caja b del partido: “Ojalá hubiera encontrado algo relacionado con Rajoy, me hubiera hecho mucha ilusión”.

Respecto a Sergio Ríos, que siguió siendo conductor de Bárcenas y “guardaespaldas” de su mujer Rosalía Iglesias cuando el extesorero fue enviado a prisión incondicional en Soto del Real en el 2013, Villarejo señaló que se convirtió en el confidente de Iglesias, quien le “lloraba” por la situación que estaba viviendo, y sobre todo cuando tenía que ir a la cárcel a visitar a su esposo. La relación entre ambos era tan estrecha, a juicio de  Villarejó, que este bromeó recordando que le dijo a Ríos -quien después aprobó las oposiciones para policía nacional-: “A ver si vas a tener algún rollete con esta señora y nos vas a arruinar la vida”.

Villarejo fue arrestado en noviembre del 2017, cuando todavía gobernaba el PP y José Manuel Maza era fiscal general del Estado -poco días después, falleció-. El excomisario estuvo más de tres años en prisión preventiva y tiene una treintena de procesos judiciales abiertos.  Después de nueve años, dice estar cansado de todo esto y se queja de todo lo que le han hecho. Por eso, sostiene “estoy hasta las narices de ser políticamente correcto”.

“A Pino le vino grande el puesto” de dao

Antes de irse “al otro mundo”, espetó a la presidenta, “quiero dejar las cosas claras porque  todo esto que me estan haciendo me rebasa todo”.  De ahí que no se cortó ni un pelo al decir que Francisco Martínez debió ser secretario de Estado de Cultura y no de Seguridad porque “no sabía nada de Interior”. Tampoco tuvo que ser Eugenio Pino director adjunto operativo de la Policía porque “le vino grande”.

Él, según ha dejado caer, estaba por encima de todo aquello. Tenía sus oficinas en Torre Picasso y hacía labores de inteligencia además de tener sus propios negocios, según su versión de los hechos. Es más, sostuvo que Rajoy le llamaba directamente a él, saltándose al dao, al secretario de Estado y al ministro del Interior, en ese momento Jorge Fernández Díaz. “Me pidió Rajoy que le informara directamente porque no se fiaba del ministro, que estaba todo el día rezando a las vírgenes”, añadió sarcásticamente.

Ante su no parar de calificativos hacia los otros acusados u otras personas, Teresa Palacios le pidió conternción. “Le dolerá mucho la espalda pero…”, le adviritó. Daba igual, Villarejo le dejó claro que todo le importaba ya una “hidra”, eso sí “con el máximo respeto al tribunal y a las instituciones”, incluso al “coronas”, como llamó en una ocasión durante el interrogatorio  al rey emérito.

Villarejo no tiene prisa por acabar con su interrogatorio. A diferencia del resto de acusados, sí quiso contestar al interrogatorio del fiscal -que seguirá mañana- y se salió de la tesis de los otros acusados de que aquella fue una operación de inteligencia dirigida por el responsable de la unidad de vigilancias, Enrique García Castaño, quien ha quedado eximido de responsabilidad penal por su delicado estado de salud. 

Antes de Villarejo declaró Eugenio Pino, quien exoneró al resto de los acusados de cualquier relación con el operativo, al que calificó de legal. Negó que diera información al respecto ni al ministro ni al secretario de Estado y señaló a una jugarreta de su primer abogado, Baltasar Garzón, para inculparle a favor de otro cliente suyo, García Castaño.

Carlota Guindal

Testigo de juicios históricos: procés, 11-M, 17-A, Gürtel, Nòos o de los más sanguinarios etarras. Voy tras los casos de corrupción, de la política a lo empresarial y lo policial, para destapar todo tipo de abusos

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