
Hernán González es columnista de CriptoNoticias, puedes ver todas sus publicaciones aquí.
“Parece que tienen un imán con las cripto”, me dijo un amigo el otro día.
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Los políticos, como ya es costumbre, nos toman por ingenuos (para evitar términos más acordes a la indignación general). Mi amigo se refería, puntualmente, a los movimientos del gobierno nacional de Argentina en los últimos 18 meses.
Ayer fue el caso Libra. Hoy el foco está sobre Manuel Adorni —exvocero presidencial y actual jefe de Gabinete de Ministros en Argentina—, quien en tiempo récord pasó de quedar bajo la lupa por incluir a su mujer en un viaje diplomático, a ser sospechado de enriquecimiento ilícito.
Pero este es el detalle que nos convoca: en su defensa, el funcionario aseguró ser un early adopter que compra bitcoin (BTC) desde 2014.
Mi objetivo con este artículo no es tirar más leña al fuego, sino aprovechar este caso controversial para que entiendas mejor cómo funciona Bitcoin y por qué esa declaración le hace ruido a cualquiera.
Un poco de contexto
Para que entiendas mejor la situación de Adorni, esto es lo que obtuvimos en los últimos meses sobre su persona y que representa información de conocimiento público:
- Compras de inmuebles y reformas por montos elevados durante su gestión pública.
- Presentación de su declaración jurada un día antes del Mundial de Fútbol (evento masivo de distracción), luego de una demora de 35 días sin fundamentación clara.
- Inconsistencias en discursos, falta de declaraciones y reconocimiento personal de evasión fiscal en entrevista pública.
- Solicitud de adhesión al régimen de inocencia fiscal antes de la presentación de la declaración jurada. Es importante aclarar que este régimen no es el problema, pero aquí pareciera utilizarse con la finalidad de no ingresar en fiscalización por evasión agravada en períodos previos.
- Afirmó haber comprado bitcoin desde el año 2014 en montos elevados en dólares.
De nuevo aparece la Oficina Anticorrupción, cuyo titular es elegido y removido por el Presidente y a quien se le debe rendir cuentas de la gestión y, por ende, de estas situaciones. No existe neutralidad ni imparcialidad alguna si la persona a cargo de investigarme a mí o a mis funcionarios la he designado yo mismo.
Esto sobre la Oficina lo dije en mi artículo sobre el caso Libra en 2025 y seguiré sosteniendo esta idea en la medida en que este mecanismo de rendición de cuentas no muestre un cambio rotundo.
Lo que corresponde es que el veredicto lo ofrezca la Justicia, porque para eso vivimos en una República con división de Poderes. Pero requerimos una Justicia imparcial e independiente con peritos especialistas en la materia, porque si pongo a un juez o a un fiscal de la causa amigo del poder de turno, seguiremos en la misma vorágine de complicidades.
Como es habitual, aparece un problema de confianza respecto a la honestidad de las instituciones humanas.
Trazabilidad en la red: ¿siempre es simple?
Partamos de una base que a muchos les cuesta procesar: la red de Bitcoin registra la información de forma seudónima. De hecho, el mismísimo nombre de su creador, «Satoshi Nakamoto», es un seudónimo.
A la red no le interesa la identidad de los usuarios. Para interactuar, basta con generar una wallet (incluso sin saldo) y ya estás listo para recibir fondos. Para auditarla, en cambio, solo necesitás una conexión a Internet.
Dicho esto, podemos distinguir dos tipos de trazabilidad:
- De origen y permanencia seudónima: cuando un usuario adquiere bitcoin por un medio que no permite asociar los fondos con una identidad real. El caso típico es la minería, donde el protocolo recompensa con bitcoins recién emitidos a una dirección que pudo haber sido creada hace cinco minutos y nadie sabe de quién es.
Acá está el truco: podés tener una wallet vacía asociada a tu identidad y, al mismo tiempo, otra con una fortuna de la cual nadie podría sospechar.
Sin embargo, si nos paramos en 2013 o 2014, el contexto era radicalmente distinto. Ethereum no existía, las stablecoins apenas asomaban y Bitcoin no contaba con soluciones off-chain como Lightning Network, ni sistemas de ofuscación modernos como Silent Payments. Solo existían los CoinJoins, pero su accesibilidad era baja.
Conclusión: en aquella época, tenías que ser un usuario muy avanzado para evitar que tus movimientos no quedaran expuestos de por vida en la blockchain, hubiera o no un KYC de por medio.
Un mensaje para periodistas y economistas
Hay dos formas sanas de comunicar en los medios: hablar con propiedad y coherencia o, si no se domina la materia, invitar a un especialista y dejarlo exponer sin interrumpirlo cada dos segundos con repreguntas que solo buscan el sensacionalismo.
En Argentina no está pasando ninguna de las dos cosas, y ese vacío conceptual es el caldo de cultivo ideal para la impunidad. Si los medios demuestran ignorancia, cualquiera que esté «flojo de papeles» podrá seguir evadiendo tanto a los tributos como a las preguntas incómodas.
Esmérense un poco más incorporando estos conceptos básicos para evitar el ridículo:
- Una contraseña sirve para proteger la sesión de un dispositivo o aplicación. Para restaurar el acceso a tus criptomonedas, lo correcto es hablar de «frase de recuperación» y «llaves».
- Un pendrive es un almacenamiento genérico de archivos. Una hardware wallet es un dispositivo dedicado exclusivamente a gestionar llaves privadas en frío. Que puedan tener una estética similar no los convierte en lo mismo.
- El almacenamiento en frío implica que las llaves privadas se generaron nativamente offline y jamás tocan Internet. Si tuviesen contacto, tendríamos una hot wallet (billetera caliente).
- «Blockchange» no existe: alguien alguna vez cruzó los cables entre blockchain y exchange, y el error se viralizó.
“No encuentro las llaves”: la táctica infalible
En Bitcoin, puedo tener montos muy altos y alegar que perdí el acceso a una wallet. Podría usar recursos como: “el perro me comió el papel con las frases”, “tuve un accidente en un barco”, “alguien me las robó”, etc.
Incluso, si esa wallet de bitcoin inactiva empezara a mover fondos, no hay manera de contradecir al acusado si sostiene que otro usuario realmente logró acceder a ellos, salvo que un nuevo contacto con KYC me confirme identidades.
Teniendo en cuenta esto, “Satorni” (como le dicen ahora) apela a la gran dificultad de demostración de aquellas posibles compras y ventas. No importa que existan o no wallets con esos montos en esa época, porque lo que hay que demostrar es si pertenecían a él y eso no es simple si no coopera.
Hay 2 componentes que hacen más difícil la constatación de esto:
- En 2014 existían pocos exchanges argentinos. En esa época, cayó en bancarrota Mt. Gox, el exchange más grande del mundo que procesaba cerca de un 70% de las transacciones de bitcoin del planeta. La concentración era máxima justamente por la falta de opciones de plataformas.
- La liquidez del mercado era muy inferior a la actual y una operación de cientos de miles de dólares requería tratarse como una operación institucional u OTC (Over The Counter), siendo que no todas las plataformas contaban con ello formalmente.
No nos interesa si el funcionario tiene 100.000 o 200 millones de dólares, siempre y cuando el origen sea lícito. Podría argumentar, por ejemplo, que perdió las frases de recuperación antiguas y se quedó sin registros y eso no lo complicaría, porque es una práctica habitual y no constituye ningún delito.
Sin embargo, el vacío legal es enorme. Incluso si saliera a mostrar accesos y movimientos en vivo de esas wallets históricas, la pregunta del millón seguiría flotando en el aire: ¿de dónde salió el dinero de todas sus operaciones?
Ahí es donde el relato se cae, tapado por una decena de contradicciones entre sus propias palabras y sus declaraciones juradas.
El mensaje final
Los políticos tienen infinitas formas más que vos y yo de esquivar las balas. Si no terminan presos, les basta con una simple renuncia, desaparecer un tiempo de la escena pública o mudarse de barrio para que las cosas se «arreglen».
Como ciudadanos, estamos obligados a ser críticos. El sentido común es una muy buena herramienta para encontrar respuestas, aunque hoy sea un aspecto totalmente menospreciado.
Si te digo que no soy un ladrón y te lo repito mil veces, pero tenés decenas de pruebas en mi contra, lo más lógico es que cada día desconfíes más de mí. Con el relato político pasa lo mismo.
Apliquemos la premisa bitcoiner para nuestra vida y, más que nunca, a la política: no confíes, verificá.
Fin.
Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias. La opinión del autor es a título informativo y en ninguna circunstancia constituye una recomendación de inversión ni asesoría financiera.
