Mientras Estados Unidos anuncia con cuentagotas su retirada de la defensa del continente europeo en la OTAN, llegan pésimas noticias desde Berlín. La crónica de una muerte anunciada del proyecto FCAS para desarrollar un caza europeo de nueva generación entre Francia, Alemania y España –como socio minoritario– supone un jarro de agua fría para las aspiraciones de soberanía europea, cuando los dirigentes insisten desde hace más de un año, especialmente desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, en que el bloque debe ser menos dependiente de las armas y la tecnología estadounidense.
La Comisión Europea aprueba préstamos multimillonarios para defensa y genera marcos propicios para la colaboración entre diferentes países para crear proyectos europeos compartidos, pero uno de los emblemas de este plan se diluye por el desagüe. Pese a que la sentencia de muerte era de sobra conocida desde hace meses, la ruptura por discrepancias anunciada por el canciller Friedrich Merz ha sido un mazazo para Bruselas en un momento muy delicado, cuando las relaciones transatlánticas penden de un hilo y la autonomía geoestratégica de la UE es más importante que nunca.
España podría sumarse a una alternativa alemana sin la participación de los franceses
El proyecto nació en el 2017, mucho antes de que Rusia invadiera Ucrania a gran escala en el 2022, pero cuando ya Donald Trump se encontraba en la Casa Blanca e iba dando señales en su primer mandato de que la unidad de la OTAN no era su prioridad. Fueron Angela Merkel y Emmanuel Macron los padrinos del Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS, por sus siglas en inglés), un megaproyecto con una inversión prevista de 100.000 millones de euros compartido entre Airbus (Alemania, Francia y España), la francesa Dassault y, posteriormente, la española Indra. El objetivo era desarrollar un nuevo cazabombardero para sustituir en quince años a los actuales Eurofighter y Rafale. Hoy todavía los aviones F-16 estadounidenses son los más comunes en los ejércitos europeos, y la idea de un nuevo caza puramente europeo era un golpe político encima de la mesa.
Pero al final, el agua no ha fluido, ni entre Alemania y Francia ni entre Airbus y Dassault, que no se terminaban de poner de acuerdo sobre el modelo exacto de avión que requería Europa, pese a la mirada atónita de España, que ha tachado –en palabras de la ministra de Defensa, Margarita Robles– de “fracaso” el fin de la operación.
El más vehemente al definir lo sucedido ha sido el siempre expresivo primer ministro belga, Bart de Wever, que cree que lo que han hecho París y Berlín es “pura estupidez”. “Me ha decepcionado leer que Francia y Alemania no logran ponerse de acuerdo en el desarrollo de un avión europeo. ¡Qué pérdida de tiempo, qué arrogancia!”, lamentó tras recibir las noticias. El exprimer ministro italiano Enrico Letta, autor de un importante informe para dinamizar el mercado único, lo ha considerado “una locura”, porque hay que hacer “todo lo contrario”. Fuentes diplomáticas europeas interpretan este resultado como una mala señal de cara a Estados Unidos. “En este momento no podemos dar muestras de desunión”, indican.
“En este momento no podemos dar muestras de desunión”, lamentan fuentes diplomáticas
“Desde mi punto de vista es un fracaso enorme, porque justo en el momento en que Europa necesita más músculo militar y más unión militar, estamos viendo como el único y último proyecto potente europeo, sobre todo franco-germano, se ha abandonado”, explica el director de EsadeGeo (Centro de Economía Global y Geopolítica de Esade), Ángel Saz. “En el momento en que estamos necesitando más integración de defensa y más tecnología propia en defensa, lo que estamos viendo es una vuelta al pensamiento del Estado-nación individual, donde Alemania y Francia compiten y son incapaces de ponerse de acuerdo en una visión europea. Yo creo que los dos grandes motores de Europa están demostrando muy poca visión estratégica”, continúa el experto.
Oficialmente, para Bruselas nada ha cambiado. “Definitivamente seguimos nuestro trabajo porque necesitamos aumentar nuestras inversiones para nuestras compañías de defensa”, señaló Thomas Reigner, portavoz comunitario de Defensa, que reitera que es una de las “principales prioridades” de la Comisión. El portavoz citó dos de los nuevos instrumentos. El primero, el Fondo Europeo de Defensa (EDF), dotado con 8.000 millones de euros para el periodo 2021–2027, para investigación y desarrollo. Después, el SAFE, un instrumento de préstamos –que también ha solicitado España– de hasta 150.000 millones de euros para empujar a que diferentes países compren capacidades defensivas de forma conjunta por al menos dos países de la UE, pero se quiere incluir también a socios de valores compartidos como el Reino Unido o Noruega.
Bruselas insiste en que las inversiones en las empresas militares comunitarias siguen siendo una “prioridad”
Ahora hay que ver qué posibles proyectos pueden sustituir al FCAS. Los alemanes ya piensan en su alternativa con España vinculada al proyecto, sin los franceses, en este caso, que quieren ir por su lado. Ya hay tres o cuatro proyectos en marcha de estos cazas de nueva generación. Una de las opciones más sólidas es el modelo anglo-japonés-italiano, que prevé poner en servicio un nuevo avión en diez años, mucho antes de lo que se preveía con el megaproyecto congelado. “Yo creo que los franceses seguramente van a avanzar solos, en una muestra de miopía, y no sé cómo se van a reposicionar los alemanes. La solución fácil es el F-35 americano, pero volvemos a caer en una enorme dependencia tecnológica de un socio que es importante, pero que no es del todo fiable, como hemos estado viendo”, recuerda Sanz.
Desde el otro lado del Atlántico no esperan: en las próximas semanas, según The New York Times, el Pentágono comunicará a los aliados europeos que planea reducir significativamente los aviones y buques de guerra que pone a disposición para las operaciones de la OTAN en el continente, incluyendo retirar unos 50 cazas F-16 y F-15E. Europa debe ponerse las pilas.
