El alcalde de Manchester gana las elecciones de Makerfield y pide las llaves de Downing Street

El alcalde de Manchester, Andy Burnham, ha cumplido el requisito previo de conquistar el escaño vacante por Makerfield y demostrar que es capaz de derrotar a la ultraderecha en su terreno de la Inglaterra desindustrializada, triste y deprimida que considera que el país está roto sin remedio. Con ese mandato, se dispone a presentarse ahora ante el 10 de Downing Street y decir abra cadabra para que se le abran las puertas y convertirse en el séptimo primer ministro del Reino Unido desde el referéndum del Brexit hace una década.

Burnham ha ganado con claridad, y sus 24.937 votos superan ampliamente la suma de los acumulados por las dos formaciones de extrema derecha (15.696 de Reforma, y 3.111 de Restore UK). En su discurso de aceptación, no habló de un desafío a Starmer pero habló como primer ministro electo: “Está claro que la política no funciona y el país no está donde debería estar. Mi propósito es devolver a la gente la esperanza, acabar con la división y llevar a cabo el cambio que los ciudadanos piden a gritos. Para el Labour está claro que se trata de una última oportunidad”.

En su discurso de aceptación, Burnham habló como un primer ministro electo

El laborismo desplegó toda su maquinaria electoral en esta comunidad de 105.000 electores entre Manchester y Liverpool, cuyo declive inmortalizó George Orwell en 1937 en su libro El camino a Wigan Pier, una descripción de las horribles condiciones en las que vivían los mineros y trabajadores de las fábricas manufactureras de la región, una denuncia del sistema de clases y un alegato para que los profesionales liberales socialistas se solidarizaran con los obreros. Ministros del Gobierno, diputados, sindicalistas y militantes llamaron siete u ocho veces a cada puerta pidiendo el voto para Burnham, y no lo hicieron más veces para no hacerse pesados y provocar una reacción contraria. “Vote Andy for us” (vota a Andy para nosotros), decían miles de panfletos y de cartelones en las ventanas y a las puertas de casas y comercios.

El laborismo desplegó todo su arsenal, excepto el arma más pesada, el primer ministro Keir Starmer, que no se presentó en Makerfield a sabiendas de que una victoria de Burnham sería probablemente su epitafio, y de que su impopularidad es tan grande que habría restado votos al partido en vez de proporcionárselos. El alcalde de Manchester ganó, gracias en parte a que la ultraderecha –en una rencilla que suele ser más propia de la izquierda- apareció fragmentada en dos partidos que compiten por su radicalidad anti inmigración, Reforma de Nigel Farage y Restore UK de Rupert Lowe, apoyado por Elon Musk.

Burnham tratará de persuadir a Starmer para pactar el calendario de una salida digna

Ministros próximos a Burnham han indicado que su líder va a intentar persuadir a Starmer para que fije un calendario para una salida digna, cumplidos los compromisos internacionales de las próximas semanas, que permita su coronación antes del congreso del Labour en septiembre. Por el momento, el aún primer ministro insiste en que no tirará la toalla y luchará contra cualquier desafío, aunque tenga las de perder. Otra posibilidad es que un tercer candidato lance su sombrero al ruedo para forzar un debate ideológico entre las diversas tendencias dentro del Partido.

Así como los conservadores son aficionados al magnicidio de sus líderes y cambian de ellos como de camisa, el Labour raramente se ha deshecho de un primer ministro reinante. Keir Starmer se siente víctima de una traición, pero lo cierto es que la falta de visión, sus carencias como comunicador, los errores y las innumerables marchas atrás han hecho perder la paciencia tanto de los votantes como del grupo parlamentario, que no ha visto otra salida que darle la patada.

Andy Burnham, si le funciona el abra cadabra y se le abren las puertas de Downing Street, no lo va a tener tampoco fácil, atado por el compromiso del manifiesto laborista de no subir el impuesto sobre la renta ni el IVA, el estancamiento económico, la falta de inversión, el distanciamiento de la Unión Europea y la necesidad de restar dinero de partidas como el Estado de bienestar si se quieren incrementar otras como la de Defensa. Su reputación es la de alguien que quiere agradar a todo el mundo y procura evitar las decisiones difíciles. Su agenda no está clara, más allá de fomentar el localismo y nacionalizar parcialmente empresas de servicios esenciales como el agua y la electricidad para reducir el coste de la energía. En inmigración ha asumido la agenda dura de la actual ministra de Interior Shabana Mahmood.

La nueva estrella del laborismo podría convocar unas elecciones anticipadas

Los aficionados al juego piensan que cuando uno está en racha ganadora es el momento de seguir tirando los dados. Burnham ha ganado en Makerfield, seguramente conquistará Downing Street, y podría a convocar por sorpresa unas elecciones generales anticipadas para disfrutar de su propio mandato, no heredar el de Starmer y pillar desprevenidos a todos sus rivales. Eso si que sería valiente, pero la mayoría de observadores no creen que se atreva a tanto.

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

También te puede interesar