La mañana del 24 de junio de 1821, el ejército de Simón Bolívar selló en Carabobo el camino hacia la independencia de Venezuela. Doscientos cinco años después, Caracas despertó para conmemorar aquel mismo aniversario con un día festivo, el Día del Ejército. Todo parecía transcurrir con normalidad. Hasta las 18,04 horas. En ese instante, la tierra empezó a temblar. A través de cinco testimonios, La Vanguardia reconstruye las horas previas al doble seísmo, el instante en que todo cambió y las horas que siguieron a la tragedia.
07,00 horas. Inicio de festivo Día del Ejército
Alexis Aguirre se despertó más tarde de lo habitual en su barrio de El Paraíso. Había trasnochado celebrando la verbena San Juan con su familia hasta las 03,00 h. A sus 54 años, el abogado agradecía tener el día libre. A solo 10 kilómetros de la casa de Aguirre, en el municipio de Chacao, Alejandra Rojas (nombre ficticio para proteger su identidad), de 62 años, se levantó a las 07,00 h. para aprovechar la jornada festiva y preparar una clase de ilustración que impartiría al día siguiente. En el municipio de El Hatillo, en el sureste del área metropolitana de Caracas, Paola Briceño, estudiante de 20 años, apenas salió de su habitación. Pasó la mañana estudiando. “Prácticamente no me despegué de la computadora”.

A las 15,32 h., la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, encabezó el acto conmemorativo del Día del Ejército: “Carabobo nos enseñó muchas lecciones. La primera de ellas, la unión nacional. Cuando queremos algo y somos constantes, somos invencibles, como fuimos invencibles en Carabobo”, dijo Rodríguez. Valeria Heigl, de 34 años, aprovechó la festividad para pasar la tarde con su marido y sus dos hijos, una niña de cinco años y un bebé de dos meses. En Chacao, Andrés Rebolledo, de 25 años, fue al centro comercial Sambil con su novia para comprar unos zapatos antes del partido de Brasil previsto para las 18,00 h.
18,04 horas. Empieza el doble seísmo
A las 18,04 h., Alejandra Rojas seguía sentada en su escritorio cuando su esposo le gritó desde la cocina que creía que la tierra temblaba. “No le quise creer al principio”. Al otro lado de la ciudad, Valeria Heigl notó que el suelo empezaba a moverse. “Le dije a mi hija: ‘Gorda, está temblando, vente para acá’”. Se iniciaba un terremoto de magnitud 7,2 con epicentro en San Felipe, capital del estado Yaracuy, en el centro-occidente del país. Apenas 39 segundos después, otro sismo de magnitud 7,5, uno de los más fuertes registrados en más de un siglo, golpeó Yumare, también en el estado Yaracuy.

A unos 200 kilómetros del epicentro, en Chacao, el suelo comenzó a temblar y el apartamento de Alejandra Rojas, situado en un sexto piso, parecía balancearse. En la casa de Heigl, el suelo se movía de forma tan violenta que apenas se podía caminar. La joven madre se refugió en el marco de la puerta, con el bebé abrazado contra el pecho y la niña protegida entre sus piernas. “Escuchaba vidrios rompiéndose por todos lados y pensé: ‘El edificio se está cayendo’”. Emprendió entonces el descenso de doce pisos cargando a sus dos hijos entre escombros y paredes agrietadas.
En El Hatillo, el apartamento de Paola Briceño temblaba. Salió de su habitación y bajó corriendo las escaleras, donde se cruzó con una vecina mayor que había quedado paralizada por el miedo. Sin pensarlo dos veces, Briceño la agarró de la mano y tiró de ella hasta llegar a la calle. En el municipio de Chacao, Andrés Rebolledo y su novia se pegaron, abrazados a una columna del centro comercial. “Era más peligroso correr con toda esa gente que quedarse allí”. La pareja permaneció inmóvil durante casi media hora, incapaces de saber si era seguro abandonar el centro comercial.

Hacia las 18,15 h., Valeria Heigl llamó a su marido para decirle que estaban vivos. “Mi preocupación era que el bebé no tenía pañales, no teníamos agua y los niños tenían frío”. A las 18,20 h., extensos cortes eléctricos afectaron a Caracas y a los estados vecinos, dejando fuera de servicio las redes de telefonía móvil. Cinco minutos después, en El Paraíso, Alexis Aguirre y varios vecinos volvieron a entrar en su edificio para inspeccionar los daños. Hacia las 18,40 h. el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) estimó que existía un 42% de probabilidad de que el número de fallecidos superara las 10.000 personas.
22,00 horas. Primera noche tras el terremoto
Poco antes de las 22,00 h., el gobierno se dirigió al pueblo venezolano y decretó el estado de emergencia. Aguirre solo escuchó parte del mensaje. La frustración empezaba a imponerse. A las 22,30 h. comenzaron a llegar ofertas de ayuda humanitaria desde Colombia, Estados Unidos y El Salvador. A las 00,25 h., activistas pidieron a las autoridades venezolanas desbloquear la red social X para facilitar el acceso a información sobre los terremotos. Rojas estuvo obsesivamente mirando las redes “porque las autoridades no decían nada”, y Andrés Rebolledo “pasó horas difundiendo mensajes de familiares que buscaban a sus seres queridos”.

Siete horas después de los terremotos, a la 01,02 h., la presidenta en funciones informó de que el balance provisional ascendía a 32 muertos y 700 heridos. El miedo mantuvo a toda la capital en vela. Aguirre insistió a su hija de 19 años para que descansara. “Voy a estar aquí protegiéndote, así que tú duérmete”. Sobre la 01,30 h., Rojas, su esposo y su perro improvisaron unas camas en el salón de la casa de su madre, ya mayor, para que no pasara la noche sola.
06,00 horas. La mañana siguiente
“La ciudad amaneció con esas calmas que son posteriores a la tragedia. Hubo mucho silencio y mucho luto”, cuenta Alexis Aguirre. A las 06,00 h. del 25 de junio, Andrés Rebolledo salió para retirar escombros en las zonas más afectadas. Hacia las 06,30h., el gobierno venezolano anunció que el número de fallecidos había ascendido a 164 y el de heridos, a 971 (se han confirmado más de 1.450 muertes). Aguirre convirtió el Club Canario Venezolano en un centro de acopio de ayuda, y Paola Briceño se unió a los voluntarios que preparaban comida para los afectados. “Ver al venezolano ayudando al de al lado, eso fue lo que me dio esperanza”, afirma la estudiante.
