Salvar un ‘castillo’ industrial soviético

Un portón con arco de punto, fachada de ladrillo rojo y cuatro torres almenadas hacen pensar que estamos delante de una fortaleza medieval y no ante una antigua planta eléctrica que en época soviética fabricaba las bombillas de las estrellas rojas de lo más alto del Kremlin. La fantástica fábrica Elektrozavod, en el este de Moscú, es uno de los últimos complejos industriales históricos que quedan en la capital rusa y ahora muchos temen que esté en peligro.

En junio la Comisión de Planificación Urbana de Moscú aprobó el desarrollo urbanístico de su territorio. Eso significaba permiso para derribarlo. El portal especializado Archi.ru publicó que se contemplaban varios proyectos: unos implicaban la preservación de los edificios existentes, y otros una demolición parcial.

Los propietarios de Elektrozavod dicen que conservarán las fachadas históricas del complejo

Eso provocó la protesta ciudadana a través de las redes. Dos peticiones para salvar la histórica fábrica han logrado recoger más de 20.000 firmas de apoyo, algo nada habitual en los tiempos que corren en Rusia, donde la oposición política está silenciada y las leyes de tiempo de guerra dificultan cualquier manifestación crítica organizada.

Los primeros temores aparecieron el año pasado, después de un incendio en el territorio de la planta. Unos meses después, el Ayuntamiento de Moscú eliminó este monumento arquitectónico de la lista de Patrimonio cultural de la ciudad. Los activistas que defienden la herencia cultural y arquitectónica de la capital rusa creían entonces que esa decisión aumentaba el riesgo de que en el futuro la obra original se perdiese.

Las peticiones apuestan por la preservación completa de la planta eléctrica o, en todo caso, de realizar una adaptación que preserve el entorno. Una de ellas asegura que Elektrozavod es “el Kremlin de Moscú de la era industrial”, pues se le considera uno de los monumentos más importantes de la arquitectura vanguardista industrial de principios del siglo XX.

Esta planta eléctrica se construyó a orillas del río Yauza en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, con el fin de reubicar a la empresa Provodnik, que había sido evacuada de Riga.

En la obra tomaron parte importantes arquitectos de la época. Sus principales edificios están asociados a Gueorgui Yevlánov, uno de los representantes del modernismo moscovita. Los autores crearon un castillo industrial neogótico, que recuerda a algunas estaciones ferroviarias de finales del siglo XIX.

La Revolución Rusa, dos años después, y la posterior guerra civil cambiaron su destino, pero no su tarea. En la época soviética se convirtió en una de las empresas eléctricas más grandes del país, parte del cinturón industrial del este de Moscú. En ella se fabricaban productos que formaron parte de los hogares soviéticos, como bombillas, generadores eléctricos, guirnaldas de luces o electrodomésticos.

Con este histórico castillo industrial llueve sobre mojado, se quejan quienes luchan por preservar el patrimonio de la ciudad. La historiadora de arquitectura Elizaveta Lijachova ha dicho al diario Védomosti que como en otras ocasiones los ciudadanos se encuentran con hechos consumados después de que las autoridades hayan tomado ya las decisiones. “La planta eléctrica es importante para la historia del distrito y para la memoria de la ciudad. Si en su lugar aparece una arquitectura sin rostro, tendremos otro ejemplo de cómo Moscú está perdiendo su identidad”, opinaba esta crítica de arte.

El propietario de la fábrica, el Grupo Etalón, dedicado al negocio inmobiliario y a la construcción, trata de disipar los temores y ha asegurado que no prevé su demolición completa. Según dijo el mes pasado en un comunicado, sus planes son preservar los edificios históricos, e “integrarlos” en el nuevo proyecto, “un entorno urbano moderno”. Este supone la revitalización del antiguo territorio industrial y crear un barrio multifuncional con espacios culturales, estudios creativos, cafés y tiendas, explicó.

El presidente de la promotora, Yuri Borodín, ha dicho que se prestará especial atención a la puerta principal del complejo, con sus torres que le dan apariencia de castillo, así como a otras fachadas. Son símbolos importantes de la arquitectura industrial de la planta eléctrica y se incorporarán cuidadosamente al nuevo espacio público, ha asegurado.

Al contrario que otros complejos industriales de la capital rusa, tras el fin de la URSS Elektrozavod ni se echó a perder ni acabó en ruinas. Su producción disminuyó, pero los edificios que quedaban vacantes se reinventaron al alquilar el espacio a estudios fotográficos, talleres, pequeñas empresas, oficinas o artistas. Un espíritu que ahora se quiere salvar.

Antes de la Revolución Rusa

La fábrica Elektrozavod se construyó a orillas del río Yauza en 1915, en plena Primera Guerra Mundial y con un estilo neogótico. Su fachada de ladrillo rojo, sus arcos y sus torres almenadas son un símbolo del modernismo industrial de esa época.

Gonzalo Aragonés

Corresponsal de La Vanguardia durante más de dos décadas en Moscú. Con anterioridad, escribió para este diario desde Hong Kong y cubrió acontecimientos como el referéndum de independencia de Timor Oriental (1999) o la guerra de Afganistán tras los atentados del 11-S (2001). En la «prehistoria» trabajó en Madrid para la revista Cambio16 y la siempre recordada Jaque, especializada en ajedrez, una de sus grandes pasiones.

También te puede interesar