Ceuta, la meca electoral de Vox

Aquí gané las elecciones”. Llevaba poco más de tres minutos desde el inicio de su rueda de prensa en Ceuta el pasado domingo y el líder de la ultraderecha Santiago Abascal ya había reivindicado dos veces la fortaleza de Vox en esta ciudad autónoma, en la que consiguió ser la primera fuerza en las generales de noviembre del 2019, algo que solo ha logrado hasta ahora también en su otro gran feudo, Murcia. Ceuta fue, además, en las tres últimas convocatorias al Congreso, las de julio del 2023 y las de abril y noviembre del 2019, la circunscripción en la que Vox sacó su porcentaje de voto más alto de toda España.

Santiago Abascal, el pasado domingo en Ceuta 
Santiago Abascal, el pasado domingo en Ceuta Bernat Armangue / Ap-LaPresse

Es su meca, aunque le pese y moleste a muchos ceutíes que no se sienten nada cómodos con el discurso que simplifica hasta la caricatura el fenotipo español, todo lo contrario a lo que se aprecia en esta ciudad autónoma donde conviven todas las culturas y religiones. De hecho, el mismo domingo y a lo largo de estos días algunos actos organizados por grupos de la extrema derecha como Núcleo Nacional o Alvise Pérez han sido rechazados espontáneamente en la calle. Ceuta tiene problemas graves, pero las recetas de la ultraderecha convencen a una parte del electorado, pero no a la mayoría, por ahora.

Pese a la simpatía por el ultranacionalismo, los activistas de Núcleo Nacional no han sido bien recibidos estos días

Desde la transición, estos dos enclaves siguieron trayectorias electorales parejas, con alguna diferencia, como la de que el PSOE se impuso en Ceuta en toda la década de los ochenta para no volver a hacerlo después, mientras en Melilla venció en 1982 y 1993, además de estar cerca de lograrlo en el 2008. En el 2011, el PP tocó techo en ambos territorios, con dos tercios de los sufragios, para registrar una abrupta bajada en las generales del 2015 y recuperarse en el 2016.

En abril del 2019 surgió la gran divergencia, pero no tanto porque en Ceuta se impusiese el PSOE y en Melilla el PP, sino porque en la primera irrumpió Vox, detrás de los socialistas y por delante de los populares, mientras que en la segunda emergía, en tercera posición, pero no lejos de diputar la victoria, un partido musulmán progresista, nacido de una escisión del PSOE, Coalición por Melilla (CpM). Se trataba de las dos versiones habituales en Europa de la canalización del agravio territorial, bien a través de los partidos ultras, como sucede con AfD en la antigua Alemania del Este o con Chega, en Portugal, en el Alentejo y el Algarve, bien a través de una fuerza autóctona.

A CpM, que acabaría hundida en el 2023 por el escándalo del voto por correo, le faltaron solo 181 votos y seis décimas para entrar en el Congreso en noviembre del 2019, justo cuando Vox lograba en Ceuta esa victoria que tanto reivindica Abascal. Los ultras ganaron con un 35,2%, frente al 31,3% del PSOE y el 22,3% del PP.

En la geografía electoral de Vox en generales y europeas se observa la constante de que obtiene sus mejores resultados en la línea que va de Murcia a Ceuta por Almería, tres circunscripciones que tienen en común el elevado impacto de la inmigración y, también, un sustrato de tradición militar. Aunque, como había sucedido en el 2019, Vox volviese a sacar su mejor resultado en las europeas del 2024 en su feudo ceutí, se observaba un debilitamiento, el de tanto las generales como las autonómicas del 2023. Ahora busca revertir esa tendencia con la xenofobia como palanca en un contexto en apariencia propicio y quizá bajo la aspiración de reeditar el triunfo del 2019, aunque hace tres años quedó en tercer lugar y a 15 puntos del PP en Ceuta, la meca electoral de Vox, su particular tierra de promisión electoral.

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