El presidente de Irán admite que es “muy difícil” comunicarse con el líder supremo, Mojtaba Jamenei

El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, reconoció ayer que mantener comunicación con el líder supremo de la República Islámica, Mojtaba Jamenei, es “muy difícil en este momento”. A pesar de ello, Pezeshkian aseguró que  la “presencia” del clérigo “sigue siendo un gran activo” para el país.

Jamenei no ha aparecido en público desde el inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero, cuando resultó herido en la ofensiva lanzada por Israel y EE.UU. que acabó con la vida de su padre y anterior líder supremo, Ali Jamenei. 

En todo este tiempo, no se ha difundido ninguna imagen, vídeo o grabación de voz del ayatolá.  El clérigo –que ni siquiera acudió al funeral de su padre, celebrado en julio– solo se ha comunicado a través de mensajes por escrito que el régimen atribuye a él.

Esta discreción ha alimentado las especulaciones en torno a su estado de salud y su capacidad para tomar decisiones en un momento marcado por la tensión bélica con EE.UU.  El primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, llegó a sugerir en su momento que había “muchos indicios” de que el ayatolá “no está vivo”.

Sin embargo, Pezeshkian se apresuró ayer a despejar esas dudas y afirmó que ha mantenido varios encuentros con Jamenei en los que este ha demostrado una “lógica muy sólida”. “Lamentablemente, la situación actual permite que individuos malintencionados lo presenten de forma diferente y difundan una imagen distorsionada de él”, criticó el presidente.

Las palabras de Pezeshkian probablemente no acallarán los rumores en torno a Jamenei, quien heredó el poder justo cuando el régimen iraní se veía envuelto en la guerra con EE.UU. e Israel. El líder supremo es la máxima autoridad política y religiosa de Irán y tiene influencia directa sobre áreas estratégicas como el ejército y la política exterior. Por eso, no es extraño que la prolongada ausencia del ayatolá –quien se halla en paradero desconocido– haya suscitado tanta atención dentro y fuera del país.

Para algunos analistas, hoy es la Guardia Revolucionaria la que controla la política iraní, si bien por ahora ahora las distintas facciones del régimen han optado por cerrar filas en torno a la figura de Jamenei. 

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