Japón, entre el pacifismo y el rearme

“Confía en la paz”. El mensaje estampado en la camiseta de Keiko Ogura, superviviente de la bomba atómica, resume la identidad que Japón construyó tras el ataque nuclear de Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki.

Ogura ha dedicado su vida a contar qué pasó un día como hoy, hace 81 años, para advertir sobre las consecuencias de “apretar el botón” de un arma que mató en Hiroshima y, tres días después, en Nagasaki, a más de medio millón de personas. Si bien esta mujer de 89 años forma parte de una generación contraria a la guerra, Japón se enfrenta hoy a una encrucijada: mantener su carácter pacifista sin dejar de ser consciente del creciente poder militar de sus vecinos más amenazantes, Rusia, China y Corea del Norte.

El bombardeo de Hiroshima y Nagasaki marcó un antes y un después en Japón. Cuando el 2 de septiembre de 1945 el país firmó la rendición oficial que puso fin a la Segunda Guerra Mundial, EE.UU se encargó de desmantelar la maquinaria bélica nipona. Para ello, ordenó la redacción de una nueva Constitución en la que Japón “renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano”, tal y como establece el artículo 9. A cambio, EE.UU. instalaría bases militares por todo el archipiélago para garantizar su defensa. Japón, sin embargo, no renunció por completo a su derecho a protegerse por sus propios medios. Así, en 1954, en una reinterpretación del artículo 9, creó las llamadas Fuerzas de Autodefensa.

El pacifismo como prioridad que ha definido al país en las últimas décadas recibe en japonés el nombre de heiwaboke . Esta expresión, que puede traducirse como “atontamiento por la paz”, se utiliza para describir a quienes viven en una especie de burbuja, supuestamente ajenos a lo que ocurre al exterior.

Para Ayato, estudiante en la Universidad de Hiroshima, la Constitución debería ser más flexible para que Japón pudiera prevenir mejor un posible ataque. Cree que, mientras las personas de la generación de Ogura mantienen una firme postura pacifista, las más jóvenes se muestran más abiertas a revisar la legislación.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, hoy en la ceremonia en homenaje a las víctimas de Hiroshima
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, hoy en la ceremonia en homenaje a las víctimas de HiroshimaJIJI PRESS / EFE

En los últimos años, el Partido Liberal Democrático (PLD), principal fuerza política del país, ha flirteado con una posible revisión de la Constitución. La actual primera ministra, la ultraconservadora Sanae Takaishi, advirtió el año pasado de que un posible ataque de China contra Taiwán abriría la puerta a una respuesta militar, ya que supondría una “amenaza” a la supervivencia de Japón. Como respuesta, Pekín decretó represalias económicas directas a Tokio, desaconsejó a sus ciudadanos viajar al país vecino y endureció el control sobre la exportación de productos susceptibles de tener uso militar.

La hostilidad con los vecinos con quien Japón comparte océano no se limita a China. Los programas balísticos y nucleares de Corea del Norte y el expansionismo ruso, evidenciado con la invasión de Ucrania, han transformado el valor que durante décadas tuvo el pacifismo nipón.

Nuevo rumbo

El presupuesto de defensa japonés ya contempla armas ofensivas, en un cambio de estrategia

En el 2022, el entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, anunció que el gasto en defensa se duplicaría hasta el 2027, pasando del 1 % al 2 % del PIB. De acuerdo con los datos del ejercicio fiscal del 2025, el presupuesto ya no solo contempla sistemas antimisiles defensivos, sino también misiles de crucero de largo alcance. Es decir, hay una estrategia ofensiva.

Aunque el PLD sigue teniendo el poder en la Dieta (el Parlamento), se entrevé un auge nacionalista radical en el país. Sofía, lingüista uruguaya residente en Japón desde hace cinco años, cuenta que le sorprende que siempre le pregunten: “¿Cuándo volverás a Uruguay?”, asumiendo que no se quedará de manera permanente. Ella cree que las políticas hacia los extranjeros son cada vez más duras y le parece que es una forma de “tirarse un tiro al pie”, ya que Japón, el país más envejecido del mundo y uno de los más endeudados, necesita mano de obra.

Aunque el trauma provocado por la guerra y por la bomba atómica sigue muy vivo en Japón, ese recuerdo parece alejarse poco a poco. La creciente tensión geopolítica y el proceso de rearme reflejan un cambio en la estrategia pacifista. Y aunque desde 1967 el país se rige por los tres principios no nucleares –no poseer, no producir y no permitir armas atómicas en su territorio–, expertos en seguridad internacional lo consideran una “potencia nuclear latente”: no dispone de armas nucleares, pero podría desarrollar esa capacidad en un plazo relativamente corto.

El testimonio de una superviviente

“Abrí los ojos y el cielo estaba negro”

Cuando estalló la bomba de Hiroshima, Keiko Ogura se encontraba a 2,4 kilómetros de la zona cero. “Acababa de cumplir ocho años ”, dice. “Mi hermano mayor estaba trabajando en un campo de boniatos cuando vio algo pequeño volando en el cielo. Era la bomba”, relata esta superviviente. “Quedé inconsciente tras un destello de luz cegador. Cuando abrí los ojos, el cielo estaba negro. De repente, empezó la lluvia negra. Los techos de paja estaban en llamas y la gente se lanzaba a los ríos para aliviar las quemaduras. Algunos se agarraron a mis piernas, desesperados, pidiéndome agua. Corrí al pozo de mi casa y les di de beber, pero dos de ellos murieron delante de mí. No sabía que a causa de las quemaduras no debían tomar agua y durante años pensé que les había matado”, recuerda Ogura, que pide “no olvidar nunca” lo que pasó. “La única manera de sobrevivir al trauma de la bomba es contar mi historia”, concluye.

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