La fiscalía de París ha abierto una investigación sobre las supuestas injerencias rusas, a través de fake news divulgadas en las redes sociales, para dañar a dos aspirantes al Elíseo, los exprimeros ministros Édouard Philippe y Gabriel Attal.
Philippe y Attal tienen como común denominador que fueron jefes de gobierno de Emmanuel Macron y que, si uno de ellos superara la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el próximo 18 de abril, se enfrentaría probablemente a la ultraderechista Marine Le Pen en el segundo turno, el 2 de mayo. Sembrando dudas sobre su estado de salud se pretende debilitar dos alternativas moderadas para dirigir el país.
La fiscalía de la capital francesa indicó que su sección AC2 sobre la protección de las libertades fundamentales había tomado la iniciativa de investigar los dos casos, así como el de Raphaël Glucksmann -próximo a los socialistas y eventual candidato, aunque confirmado-, antes incluso de que se presentaran las respectivas denuncias. Philippe es alcalde de la ciudad normanda de Le Havre, que alberga el segundo mayor puerto del país, y preside el partido de centroderecha Horizontes, que estos últimos años ha sido un aliado -aunque crítico y no total- de los macronistas en la Asamblea Nacional. Attal, por su parte, está al frente del partido Renacimiento, impulsado por Macron cuando se lanzó a la conquista del Elíseo hace diez años.
A través de redes como Storm1516, vinculadas a los servicios secretos rusos, se puso en duda la salud mental de Philippe. De Attal se dijo que presentaba signos de enfermedad de Parkinson y que tenía un problema de drogadicción. Sobre Glucksmann se difundió el bulo de que su mujer, la presentadora de televisión Léa Salamé, había intentado sobornar a periodistas para que hablaran bien de su marido.
Ante la proximidad de la campaña y la certeza de que Moscú buscará de nuevo interferir con malas artes, el Gobierno presentó recientemente un proyecto de ley en el Parlamento para endurecer las sanciones contra quienes, a través de falsas informaciones y otros procedimientos, traten de manipular el proceso democrático. La candidata ecologista, Marine Tondelier, llegó a proponer que se prohíba la red X, propiedad de Elon Musk -que ha mostrado públicamente su apoyo a Le Pen- durante el periodo electoral.
Las injerencias rusas en Francia, parte de la guerra híbrida contra Occidente y del esfuerzo desestabilizador, han tomado formas variadas y han incluido turbias campañas para simular antisemitismo e islamofobia, como las pintadas de estrellas de David en fachadas o la aparición de cabezas de cerdo frente a mezquitas.
Las maniobras rusas afectaron ya la primera campaña de Macron al Elíseo, cuando se esparcieron mentiras malintencionadas sobre su persona. El propio presidente francés no dudó en reprochárselo en público a Vladímir Putin cuando lo recibió, con gran pompa, en el palacio de Versalles, pocos días después acceder al cargo, un gesto de cortesía que todavía hoy se considera un grave error porque Rusia ya se había quedado con parte de Ucrania. Macron mencionó las injerencias sufridas en la rueda de prensa, con Putin esquivando la cuestión.
